Domingo trigésimo primero del tiempo ordinario. Lectura orante del Evangelio: Marcos 12,28-34

Queremos cultivar una contemplación que no nos aleje de la vida real, sino que nos sumerja más en ella y nos haga más cercanos a las heridas del hombre de hoy, para sanarlas con la ternura aprendida en la amistad con Jesús, que es la oración (Miguel Márquez).

Un letrado se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Qué mandamiento es el primero de todos?

Eso es la oración: acercarse a Jesús, que está cerca de nosotros, poner el oído en su corazón para oír el murmullo de su fuente, tratar con él de lo que es más importante en la vida, de la búsqueda de lo esencial. Y esto, hacerlo una y otra vez. Jesús, en quien no hay más que amor y bondad, nos abre los ojos y el corazón al amor. Gracias, Jesús, por decirnos que solo el amor da valor y sentido a la vida.  

Respondió Jesús: El primero es: Escucha… Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.

Para elegir amar, hay que oírle a Jesús el sonido del amor. Escuchar es amar. Jesús no responde como en las escuelas de los rabinos, nos habla del Padre que solo sabe amar, que nos amó primero y que espera nuestro amor porque el amor quiere ser amado. La oración es tratar de amor con quien sabemos nos ama. Lo importante es amar y ser amados hasta el extremo, hasta decir: “Mi Amado es para mí y soy para mi Amado”. Espíritu Santo, enciende en nosotros la llama del amor.

El segundo es este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

En Jesús, el amor se hizo humanidad, por eso en cada ser humano, también en nosotros, espera ser amado. De ahí que diga san Pablo: A nadie le debáis nada, más que amor (Rm 13,8). El amor a Dios se visualiza en el amor al prójimo, no solo de boca sino con obras, porque el amor de Dios es lo que él hace con y por nosotros. La forma de tratar a los demás manifiesta hasta qué punto ha entrado en nosotros el fuego del amor de Dios. Orar no es pensar mucho sino amar mucho, despertarnos en el amor, vivir en el amor, dormirnos en el amor. Eso es lo que da gloria a Dios y la gloria de Dios es que el pobre viva (San Óscar Romero). Solo donde hay amor,  el mundo podrá creer en Dios, porque solo el amor es digno de fe. Jesús, quítanos el miedo a amar y a ser amados. Enséñanos que para conocer a Dios hay que amar.   

El letrado replicó: Muy bien, Maestro, tienes razón… Amar vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

Amar vale más que todo, es más, es lo único que vale. Una oración sin amor, ¿qué es? Jesús es el amor del Padre encarnado, que desvela el verdadero rostro del ser humano. Solo el amor mueve el mundo hacia la vida. Espíritu Santo, haznos entender que si nos falta el amor nada sirve. .    

Jesús le dijo: No estás lejos del Reino de Dios.

No estamos lejos del Reino cuando creemos que Jesús nos ama; este convencimiento íntimo es el centro de la fe. No estamos lejos cuando nos atrevemos a vivir amando; esta experiencia llena el mundo de alegría. No estamos lejos cuando oramos cantando canciones de amor al Amado. Jesús, tú eres una pasión de amor. Y no queremos llamarte otra cosa que amor. 

CIPE, octubre 2021

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