“La palabra de Dios hace crecer, da vida” (Papa Francisco).

El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra.

¡Qué bien dicen estas parábolas lo que es la esencia del Evangelio! Semilla y tierra, abrazándose en la hondura; propio conocimiento y grandeza de Dios, mirándose de cerca; Dios y hombre, caminando juntos; y el Reino, abriéndose paso en la historia. Un misterio de amor lo penetra todo. Si queremos ser útiles en el reino de Dios, es su Palabra la que ha de ser sembrada y esperar pacientemente su crecimiento, desarrollo y fruto. Espíritu Santo, tú nos regalas lo esencial; ahí está nuestra esperanza.

La semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.

Si la tierra es buena porque ha sido creada a imagen y semejanza de Dios, la semilla, que es el Evangelio de Jesús, es mejor. Está en marcha un proyecto de vida en plenitud. El Espíritu Santo es el protagonista silencioso de este crecimiento en la interioridad. Hasta que nace hay que saber cuidar los tiempos de espera. ¡Jesús, sembrando en nosotros la semilla del amor!: eso es orar. ¡Nosotros, sembrando el proyecto de Dios en el ser humano!: esa es nuestra tarea misionera. Sembrar es la mejor manera de mostrar que somos amigos de la vida. Ven, Espíritu Santo. Siembra en nosotros el amor a Jesús.

La tierra va produciendo la cosecha ella sola.

No sospechábamos que nuestra tierra tuviera dentro tanta belleza. Somos amor sembrado en nuestros corazones, a la espera. El silencio, habitado por una sementera fecunda, rompe a cantar. La tierra reseca se llena de flores; la esperanza, reprimida por la angustia, se levanta y camina. Surgen la alegría y el servicio a los que necesitan ayuda. Todo lleva el sello de Dios, que está muy dentro de lo que vivimos, de lo que pensamos, de lo que hacemos. Jesús, todo lo tuyo es pura gratuidad. Gracias.   

¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? Con un grano de mostaza.

Dios, haciéndose a nuestra medida, nos regala infinidad de guiños amorosos en el día a día. El reino de Dios habla nuestro lenguaje, encarnado en nuestra pequeñez. ¡Qué fuerza tiene Dios en lo pequeño! El arte de vivir está en abrirse a Dios, dejar que él sea y haga su obra en nosotros. El reino es sembrar algo muy pequeño en el corazón y  buscar caminos nuevos con la humildad y confianza puestas en Jesús. Hágase en mí, tu palabra, Señor. Hágase.

Es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas.

Cuando la casa está sosegada, en el más profundo centro, Dios es amigo de dar. Su presencia en los adentros hace que estalle la vida en nosotros. Y sobreabunda su amor cuando menos lo merecemos, porque es cuando más lo necesitamos. Todo es gracia. El fruto desborda las expectativas de lo sembrado. Podemos contar y cantar la historia de otra manera, con la música de las bienaventuranzas. Jesús, tú entras y llenas nuestra casa de alegría. Gracias.

¡Feliz domingo! – CIPE – junio 2021

DOC. PDF. Domingo XI del T.O. Lectura orante del Evangelio: Marcos 4,26-34