Dichoso el hombre que piensa en la sabiduría
y pretende la prudencia,
el que presta atención a sus caminos
y se fija en sus sendas.

Ella lo alimentará con pan de sensatez
y le dará a beber agua de prudencia;
apoyado en ella no vacilará
y confiado en ella no fracasará;
lo ensalzará sobre sus compañeros,
y el Señor, nuestro Dios,
le dará un nombre perdurable.

(Cántico II Si 14,20-21; 15, 3-5ª.6b)