13 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Lunes, 28 de junio

 “Se le acercó un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adonde vayas”
 (Mt 8,19).

Jesús no nos promete ninguna seguridad. Él asumió su vida terrenal en la pobreza y el desprendimiento, sin un lugar donde reclinar la cabeza y orientando todo hacia el Reino de Dios. Jesús no engaña. Quien quiera seguirlo tendrá que aprender a entregar la vida y a caminar sin casa ni techo fijo.

Señor Jesús, tú nos llamas a seguirte como discípulos, y nos deseas radical y totalmente tuyos. Juntos andemos, Señor. Por donde tú vayas, iré yo.

Martes, 29 de junio

S. PEDRO Y S. PABLO, apóstoles

“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: “¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mt 16, 16-17).

Jesús declara dichoso a Pedro porque el Padre le ha revelado el misterio de reconocerle como Mesías y como Hijo de Dios. Le confía la misión de ser la roca sobre la que se asentará su Iglesia. Ojalá podamos decir con el corazón, como dijo Pedro: Señor Jesús, tú eres mi Señor… Creo en ti, en tus Palabras de vida eterna.

Señor, creo, pero aumenta mi fe. Da la fuerza e inspiración del Espíritu Santo al papa Francisco para que siga guiando a la Iglesia en medio de las zozobras y oscuridades del momento presente.

Miércoles, 30 de junio

“Llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro” (Mt 8,28).

Jesús no es propiedad de unos pocos privilegiados; cruza toda orilla y va al encuentro de todos los que están muertos en vida. Nada le detiene. Ha venido para que todos tengan vida en abundancia. La Iglesia es misionera de todos los pueblos.

Yo te amo, Señor; Tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. Dios mío, peña mía, refugio mío, Dios mío. Mi fuerza salvadora(Salmo 17).

Jueves, 1 de julio

“¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados” (Mt 9,2)

Jesús siempre está a favor de la vida; cuando la encuentra encorvada, la levanta; cuando la encuentra pisoteada, la dignifica; cuando la encuentra muerta, la resucita. El encuentro con Jesús nos da vida en abundancia. El encuentro con Jesús nos invita a transmitir vida a los que nos rodean.

Me perdonas para que pueda perdonar. Me animas para que pueda animar. Me amas para que pueda amar.

Viernes, 2 de julio

“¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?” (Mt 9,11).

Es extraño que Jesús se acerque y se haga amigo de los pecadores. Extrañó entonces y extraña ahora. Jesús mira y se acerca a quien más lo necesita, desea regalarles la sanación. Todos necesitamos aprender su lenguaje de misericordia. Contempla a tu comunidad cristiana. Descubre en ella una comensalidad abierta, una casa de comunión para todos los excluidos.

Enséñame a ver en el otro su fragilidad, no para criticarla, sino para ofrecerle la mía y, juntos, buscarte, Señor.

Sábado, 3 de julio 

SANTO TOMÁS, apóstol

“Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto» (Jn 20,28).  

Para Dios ninguna situación es irrevocable. Si extrema fue la incredulidad de Tomás, mucho más lo es su respuesta creyente.

Ante Jesús, que se pone en medio y acerca las señales del amor, da tú también un paso creyente y dile: «Señor mío y Dios mío».

Estoy seguro/a: nada podrá separarme de tu amor. Que calle mi corazón y en ti descanse. Que hoy solo escuche tu voz y te goce en el silencio.

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