Lunes, 21 de junio
“Seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros” (Mt 7,2).
Jesús se coloca en el terreno de la gracia. Mira a todos con cariño. Invita a cada uno a levantarse y a ponerse en camino. Cuando te brote el juicio no te detengas, vete más allá hasta que te nazca una mirada de amor hacia los que tienes cerca.
Ayúdame a mirar con amor, a ver a todos como tú los ves. Que pueda reconocerte a ti, Cristo Jesús, en cada rostro humano.
Martes, 23 de junio
“Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas” (Mt 7,12)
El proyecto de novedad que trae Jesús pasa por el trato a los demás. Cada persona es lugar de Dios. No se puede disociar el trato con Dios del trato a los demás. Mira con cariño a cuantos tienes cerca, intenta amar lo bueno que ves en cada persona y lo que te gusta menos. Tú también necesitas ser amado/a tal como eres.
Cuando me pongo en lugar de los otros, Tú liberas mi vida. Cuando te miro en los otros, me brotan gestos sencillos y palabras de verdad.
Miércoles, 23 de junio
“Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos?” (Mt 7,19-20)
Dar fruto es tener el corazón abierto para escuchar la Palabra de Dios y llevarla a la vida con la ayuda del Espíritu Santo. Dar fruto es comunicar a los demás una experiencia, una fe que hemos recibido como un don. Las obras hablan siempre más y mejor que las palabras.
El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio, el fruto del servicio es la paz (Teresa de Calcuta).
Jueves, 24 de junio
LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA
“Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la
montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: “Pues ¿qué será este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él” (Lc 1,65-66)
¡Qué hermoso gesto! Los vecinos de Isabel se enteran de lo bueno que ha sido el Señor con ella, difunden esta buena noticia por los alrededores y se acercan a compartir su alegría. Acércate a compartir la alegría de los que viven cerca de ti. Amar la alegría de los demás es una forma preciosa de dar gloria a Dios.
Con los gozos de mis hermanos, me gozo. Con los éxitos de mis hermanos, me alegro. Con todos te alabo y te bendigo, te doy gracias a Ti, que haces maravillas.
Viernes, 25 de junio
“Se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme” (Mt 8, 1-2)
La misericordia de Dios supera toda barrera y la mano de Jesús toca al leproso. Su humanidad cura y levanta. Nos impacta la fe del leproso que se acerca y confía; se encuentra con la mirada de Jesús que sana, que acoge y limpia. Deja que él te toque y sane tus enfermedades.
Señor Jesús, anímanos a que recurramos a ti en las necesidades para que nuestra fe se ejercite en la práctica. Llénanos de tu Espíritu Santo para que siempre y en toda ocasión podamos dar gloria al Padre y darte las gracias por todo a ti, nuestro Hermano Mayor.
Sábado, 26 de junio
“Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho”. Jesús le contestó: “Voy yo a curarlo” (Mt 8,6)
Jesús se admira al oír la fe de un hombre, que no era mirado con muy buenos ojos por sus vecinos. Un hombre, que nos sorprende por su humanidad y por su humildad. Un hombre que se pone en camino de salvación con una gran confianza en Jesús.
¡Ven a mi casa, Señor, ven y sáname con tu amor!. Dime una palabra a mi soledad, a mis miedos, a mi esperanza. Que calle mi corazón y en ti descanse.