31 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Lunes, 1 de noviembre

TODOS LOS SANTOS

“Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo” (Mt 5,1-12a).

«Bienaventurados», «dichosos», «felices»; el camino que Tú nos señalas, Jesús, tiene garantía de
felicidad, sólo Tú puedes prometerlo y hacerlo realidad. En medio del esfuerzo y la lucha que conlleva la fidelidad a Ti y a tu mensaje de vida, recibo el consuelo, la fortaleza y el ánimo de aquellos que no fueron defraudados, porque esperaron en Ti.

Yo también quiero ser feliz, Señor. Quiero ser ese hombre nuevo, esa mujer nueva, y tener como recompensa el reino. Quiero ser santo. 

 Martes, 2 de noviembre

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

“Cuando vaya y os prepare 049506sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros” (Jn 14, 3). 

«Que no tiemble vuestro corazón», qué bien me conoces, Jesús. En los momentos de ausencia, en los que los lazos afectivos parecen desvanecerse, mi corazón tiembla presa de la duda, se ahoga en lágrimas de dolor. Tus palabras son ese abrazo de serenidad que necesito, el recuerdo de tu promesa enciende una antorcha de esperanza. Gracias por adelantarte, por conducirme al corazón del Padre, por asegurarme un descanso junto a Él.

Señor, gracias por inaugurar el camino de la Vida. Gracias por tu palabra que recuerda, guía y conforta. Ayúdame a descansar en la palma de tu mano, con la serena certeza de ser conducido a la gloria del Padre. Amén.

Miércoles, 3 de noviembre

“Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío… Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío” (Lc 14, 27. 33).

Jesús camina hacia Jerusalén, lugar de la entrega en la Cruz. Y mientras camina hace un alto para hablar a todos, dejando claro lo necesario para ser discípulo suyo. Llevar la cruz con él será acompañarlo a Jerusalén y desde ahí ser testigos del poder salvador del Padre. Seguirle es estar dispuesto a dar incluso la propia vida, con tal de que su evangelio llegue a todos, sin excepción.

“Es una “oliva preciosa, la santa cruz, que con su aceite nos unta y nos da luz. Alma mía, toma la cruz con gran consuelo, que ella sola es el camino para el cielo”  (Sta. Teresa de Jesús).

Jueves, 4 de noviembre

 “Cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: «¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido»(Lc 15, 5).

Jesús viene a colmar y calmar a quienes con sencillo corazón manifiestan su pobreza; les enseña el rostro auténtico de Dios y el gozo de estar nuevamente en el corazón del Padre. A él no le bastan los justos, los buenos, se lanza a los más alejados y sin reprochar nada, con ellos celebra la fiesta de la reconciliación.

Señor, dame el deseo profundo de escuchar tu mensaje. Que pueda abrir los brazos a los que lleguen, que la mirada puesta en ellos sea canal de bondad, comprensión y misericordia. Amén.

Viernes, 5 de noviembre

“Los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz” (Lc 16, 8).

El regalo del Reino es la gran riqueza que Dios otorga a quienes lo buscan con sincero corazón, una riqueza que no se puede encerrar o corremos el peligro de perderlo todo. El modo de administrar esa riqueza es lo que finalmente determina nuestra relación con Dios. Por tanto, los bienes de este mundo tendrán valor siempre que nos permitan crecer en el ejercicio del amor y la justicia.

Trinidad santa, único Dios, dame permanecer siempre en ti, recibir las riquezas del Reino; y abrir las manos y el corazón para ser presencia transformada en amor.

Sábado, 6 de noviembre

 Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres, Dios la detesta” (16,15).

Jesús nos describe al hombre religioso como el que es de fiar en lo poco, desprendido de lo material y humilde. Porque no se puede servir a Dios y al dinero. Opta por Dios, por la libertad. No le entregues al Señor un corazón compartido.

Yo sé, Señor que tú me conoces por dentro. Ayúdame a ser coherente. Quiero elegirte a Ti.

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