Evangelio: 3ª Semana del Tiempo Ordinario

Lunes, 25 de enero 

LA CONVERSIÓN DEL APÓSTOL SAN PABLO 

“En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15-18).

Hay gentes que están esperando una visita que les traiga buenas noticias de parte de Dios. El Espíritu nos lanza este desafío: ¡A ver si sois capaces anunciar el Evangelio con vuestra vida, de generar esperanza donde hay lamentos! Es arriesgado, pero es mejor perderse que nunca embarcar.

Pide al Espíritu que te abra los ojos para conocer a Jesús, que ponga en tu corazón el deseo de encontrarte con él, que te dé fuerza para anunciar a Jesús a los que te rodean. 

Martes, 26 de enero

SAN TIMOTEO Y SAN TITO, obispos (Compañeros de San Pablo)

“El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre” (Mc 3, 35).

Lo que dice Jesús, lo que hace, las personas con las que se junta, su forma de hablar de Dios y de la familia, y tantas cosas le acarrean hostilidad. Como Jesús muchos hombres y mujeres son perseguidos por mil sinrazones. Independiente de la raza o del pueblo que sean, de la religión que practiquen, Jesús a todos se acerca para llamarlos hermano y hermana, madre.

La alegría de tu Espíritu pone música a mi caminar difícil.  

Miércoles, 27 de enero

“Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca… Los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno» (Mc 4, 1-20).

Jesús sale a los caminos con la esperanza y la alegría del sembrador. Si le abrimos el corazón, también hoy pondrá su semilla de amor en nuestras vidas. Las semillas del perdón, de la confianza, de la esperanza y de la posibilidad de empezar de nuevo un camino, de la comunidad que integra a todos los pueblos, de la dignidad de todo ser humano por encima de toda ley, van cayendo en toda clase de tierras.   

Con la ayuda de tu Espíritu, con la presencia llena de ternura de santa María y san José, dejaré que siembres tu Evangelio en mi corazón. Sé que ahí está el manantial de la acción evangelizadora.

Jueves, 28 de enero

“¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero?” (Mc 4, 21)

Jesús es la luz que ilumina en medio de la humanidad; se hace presente en los caminos; conecta con la esperanza escondida de todo ser humano. Tener luz es ser conscientes de ser amados por Dios, somos hijos suyos. Somos amor porque Dios es Amor. Esta certeza quiere Jesús que la comuniquemos en la tarea misionera de cada día.

Vive como hijo/a de la luz; escucha y acoger la luz de los otros

Viernes, 29 de enero

«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra» (Mc 4, 26-34). 

El reino de Dios tiene dentro una fuerza secreta, que le llevará hasta su total expansión. El reino tiene unos comienzos pequeños y de apariencia modesta. Pero en esa semilla hay futuro porque está animada por el Espíritu creador. El reino excluye ambición del triunfo personal y de esplendor social. La pequeñez del grano de mostaza nos enseña actitudes humildes para caminar hacia la comunión de todos los creyentes.

Acoge el rostro de tantos hombres y mujeres que buscan y ofrecen la verdad que han encontrado.

Sábado, 30 de enero  

“Al atardecer, dice Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla»…. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»

Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!»” (Mc 4, 35-41).

Todos vamos en la misma barca. Lo que le pasa a uno, importa a todos. Jesús despierta nuestra fe para que se ponga en marcha la solidaridad entre generaciones y pueblos. El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere. 

Creo en ti, Señor, Jesús. Me fío de ti. Hágase en mí tu palabra. Amén. 

Documentación:  TERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Escucha este Evangelio acompañado de una canción y palabra de los Místicos, descargando la Aplicación: Evangelio orado

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