Evangelio: 4ª Semana del Tiempo Ordinario

Lunes, 1 de febrero  

“Jesús y sus discípulos llegaron a la región de los gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo” (Mc 5, 1-20).

Jesús no tiene miedo de los marginados. Se acerca a ellos y los mira a la cara. Descubre detrás de cada rostro a una persona que sufre y espera ser liberada. Comienza con cada uno una historia de liberación.   

Abro mi corazón a los pobres que conozco. Sé que en todos ellos estás tú, Señor.  

Martes, 2 de febrero   

LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

“Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel” (Lc 2, 22-40).

A los cuarenta días de su nacimiento Jesús fue presentado en el templo para cumplir la ley. Así se acerca a los pobres.

Impulsados y habitados por el Espíritu Santo, llegaron también al templo dos ancianos llenos de esperanza en el corazón: Simeón y Ana. Al conocer al Salvador cantaron llenos de alegría la llegada de la Luz a la humanidad.

Te doy gracias, Jesús. Tú despiertas en mí la gracia. De mi barro haces una vasija nueva. Con tus dones enriqueces mi pobreza. Te doy gracias, Jesús. ¡Cuánto me amas! 

Miércoles, 3 de febrero 

“Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: ¿De dónde saca todo eso?” (Mc 6, 1-6).

Jesús recorre los pueblos enseñando, curando. Confía en nosotros, cree en nosotros. Jesús espera que nos fiemos de él. Solo en ese clima de confianza brota la amistad más hermosa con él.

“Abrazad con vuestra sonrisa a los infelices, a los solos, a los preocupados, a los enfermos, a los tristes”. 

Jueves, 4 de febrero    

“Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más” (Mc 6, 7-13).

Los discípulos ‘salieron’ a los cruces de los caminos a prolongar la actividad de Jesús: anunciar el evangelio, curar y expulsar demonios. Hoy oímos hablar mucho de Iglesia en salida. Solo podemos salir de verdad con la fuerza del Espíritu Santo. 

Lo que escucho en la intimidad del corazón, en el trato contigo, Señor, quiero llevarlo a la vida de cada día. Ayúdame tú, María, estrella de la nueva evangelización.   

Viernes, 5 de febrero 

“Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista. El rey se puso muy triste; pero… no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan” (Mc 6, 25).

Juan es el profeta de la denuncia y del anuncio. Es un poco de luz en medio de la noche, una ráfaga de verdad en medio de la hipocresía. Gusta pero molesta. Intentan acallar su voz con la muerte violenta, pero su voz seguirá viva en el corazón del mundo. Reaviva la vocación profética que has recibido en el bautismo. Que los miedos no ahoguen tu voz ni escondan tu verdad.

Me duele la confrontación con mis hermanos. Me duele y la rehúyo, Señor. Pero cómo me ayuda encontrar una voz que me diga las verdades con amor.  

Sábado, 6 de febrero 

“Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer” (Mc 6, 30-34).

Jesús invita a sus discípulos a la soledad y al descanso para compartir experiencias y reavivar el amor. Las gentes los siguen y Jesús, buen pastor, se compadece de ellas, las atiende y las cuida.

El Espíritu nos ayuda a optar por el amor, por la comunión, por el abrazo entrañable a todos. Jesús da sentido a todo lo que vivimos.  

Escucho la invitación que me haces a estar contigo, a decirte mi amor, aunque sea con torpes palabras.  Tu, mi Dios trabajas el mundo en secreto a través de los orantes.

Documentación: CUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Escucha este Evangelio acompañado de una canción y palabra de los Místicos, descargando la Aplicación: Evangelio orado

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