Lunes, 31 de mayo

LA VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA  

“¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? (Lc 1, 43) 

María, colmada de dones divinos, no se detiene a contemplar solamente su caso personal, sino que comprende que esos dones son una manifestación de la misericordia de Dios hacia todo su pueblo. Con alegría y prontitud se pone en camino de servicio para visitar a su prima Isabel. El encuentro entre las dos mujeres es un acontecimiento gozoso del que brotan expresiones de bendición, de alabanza, de dicha.

Y tú María, sin decir nada, me visitas y me llenas de gozo. Juntos proclamamos la grandeza del Señor y llevamos su amor y la luz del Evangelio al mundo.

Martes, 1 de junio

“Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios” (Mc 12, 17).

Lo que renueva a la persona es el amor, porque vivir sin amor no es vida. Para quien quiere mejorar su calidad de vida, no hay mejor receta que mejorar la calidad de su amor. Por eso, la obra del Espíritu consiste en encender en el corazón de los orantes el fuego del amor.

Lo tuyo, Señor, es de todos. ¿Será mi vida también un regalo para todos?

Miércoles, 2 de junio

“Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos. No es Dios de muertos, sino de vivos” (Mc 12, 27).  

La respuesta de Jesús clarifica el sentido de la vida. Nos dice que nos preocupemos por este mundo, por la relación con Dios ahora, y la vida eterna llegará cómo y cuándo tenga que llegar. Dios ha resucitado a su hijo, Dios es un Dios de vivos, es en la vida donde quiere que seamos felices. Él es para nosotros fuente de vida y quiere que vivamos en Él.

Dame tu vida. Dame la vida. Mi Dios, pon mi corazón junto a tu fuente.

Jueves, 3 de junio

“El Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios” (Mc 12, 32-33).   

Si amamos a Dios, necesariamente debemos amar a nuestro prójimo que lleva la imagen de Dios. La fuente del amor verdadero no se encuentra en nosotros mismos, sino que proviene de Dios y fluye a través de nosotros. Sólo cuando amamos a Dios estamos preparados para atender las dificultades que nos puedan surgir en nuestras relaciones personales.

Abro mi vida a los próximos. Mi corazón se llena de nombres, de rostros. Con todos los que me habitan te alabo y te bendigo, Señor.

Viernes, 4 de junio

“La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo” (Mc 12, 37).

La enseñanza de Jesús toca la raíz de las necesidades más hondas del ser humano; quienes se abren y acogen la palabra se les llena el corazón de vida y de esperanza. Disfruta acercándote a la Palabra de Jesús. Abre tu corazón a las señales sencillas de cada día porque en ellas Dios te habla.

Acojo en mi corazón tu palabra, Señor. Te ofrezco, Señor, lo que soy y lo que tengo, y cuanto puedo querer y tener. Quiero abrir caminos al amor, con la humildad de mi vida.

Sábado, 5 de junio

“Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir” (Mc 12, 43-44). 

Jesús, que penetra el corazón humano, se ha dado cuenta de la profundidad de la ofrenda de la viuda. Da todo lo que tiene para vivir poniendo su confianza totalmente en Dios. Está libre de toda ansia de posesión. Jesús se siente alentado, en la entrega de su vida, por este gesto de amor tan gratuito y escondido de esta mujer pobre.

Enséñame, Señor, a mirar los pequeños gestos de tantas personas que entregan vida y a descubrir la belleza de las cosas sencillas.

Documentación: 9ª SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Escucha este Evangelio acompañado de una canción y palabra de los Místicos, descargando la Aplicación: Evangelio orado