“Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40). 

Abre tu corazón y tu vida al proyecto de Dios. Hazlo trazando la señal de los cristianos sobre tu cuerpo.

En el nombre del Padre, que no se guarda nada para sí.
En el nombre del Hijo, que entrega su pan para la vida de todos.
En el nombre del Espíritu, que mete la levadura de la alegría en el mundo.

Recuerda que Jesús es para todos. El reino es para todos. El pan, la alegría, la esperanza es para todos. Da la espalda a un mundo de incomunicación insolidaria, de silencios cómplices, de indiferencia. Las mejores páginas de la humanidad se escriben donde alguien atiende al pobre, al enfermo, al solo.

Me duele mirar de cerca el rostro de los más pobres.
Despídelos, te digo como los discípulos.
Porque ojos que no ven, corazón que no siente.
Señor Jesús, tú y yo somos para todos.

 No eches en saco roto la propuesta de Jesús: Dales de comer. La escucha de la palabra de Jesús culmina en el pan compartido. Entonces se logra la comunidad.

Desata mis manos, Señor, para actuar.
Hazme entender el milagro del pan compartido.
Haz nacer cada día mi amor de tu raíz.  

Jesús desea darte la vida a través de su palabra. Pone ante tus ojos la situación del mundo en el que vives. Hay muchos hombres y mujeres aislados en sus necesidades.  Ya basta de mirar hacia otra parte, de decir palabras aparentemente justificadas pero vacías.

Jesús te hace una propuesta radical: dales de comer, tiende puentes, toma partido. Jesús te invita a entregar la vida en vez de conservarla, para hacer posible el sueño de Dios sobre la tierra.

En este mundo hay sitio para la fraternidad, para la ternura, para la fidelidad, para la reconciliación, para la oración callada, para la alegría contagiosa. Es el milagro de la Fiesta del Corpus, cuando el pan se parte y se comparte.

Empieza. No hacen falta grandes cosas para comenzar el cambio. Otro mundo es posible, pero sin huir de este, basta meter en la masa la levadura de los pequeños gestos de entrega.

Que donde haya tristeza, ponga una sonrisa.
Que donde haya dureza, ponga yo ternura.
Que donde haya hambre, ponga yo mi pan.
¡Que la fiesta del Corpus, de tu Cuerpo, no se acabe!

CIPE