SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO

Lunes, 6 de diciembre

“A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”.
Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios” (Lc 5, 17-26).

Jesús comunicando vida abre futuro. En el amor que perdona y que invita a caminar, anticipa los cielos nuevos y la tierra nueva. Dios es poderoso para cambiar nuestra suerte. No excluye a nadie su abrazo. Todos somos hermanos.

Señor Jesús, que el ánimo del espíritu nos toque y nos haga cada día artesanos en el cuidado de nosotros, en las relaciones, en la forma de estar, en el amor.

Martes, 7 de diciembre

“Un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, … se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado” (Mt 18, 12-14).

Dios está siempre saliendo hacia los alejados, los que no cuentan, los pequeños. Los alcanza a base de gracia. Donde hay hombres y mujeres atrapados por mil redes, allí se abre camino su palabra de amor.

Me buscas, Padre. ¿Qué haré yo para acoger tu abrazo? Te alabo y te bendigo, mi Dios, que haces maravillas. Tu gloria es que todos los hombres y mujeres vivan en plenitud.

Miércoles, 8 de diciembre

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

 «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». No temas … Concebirás… y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús… El Espíritu Santo vendrá sobre ti… para Dios nada hay imposible. María contestó: «Hágase en mí según tu palabra». (Lc 1 26-38).

Para Dios nada hay imposible. Esa voz de Dios fecunda nuestra angustia, nuestros miedos, nuestros anhelos y nuestras oscuridades. Frente a la angustia, la Voz del Señor dice: Alégrate. Frente a los miedos de la vida: Estoy contigo, no temas. Frente a los anhelos y sueños: Para Dios nada hay imposible. María responde, en medio del no saber: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”

Eres toda belleza, María. En ti se hizo carne la Palabra de Dios. Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor

Jueves, 9 de diciembre

«En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él” (Mt 11, 11-15).

Dios nos regala testigos para el camino, personas que comparten con nosotros comportamientos, sentimientos, búsquedas y anhelos profundos. Uno de ellos es Juan el Bautista. En largas horas de intimidad con Dios ha encontrado el manantial donde recrea una esperanza que vence a la muerte y donde brota la justicia.

Nos regalas, Señor, tu mirada. Y contigo miramos la vida. Miramos los milagros pequeños de cada día. Te miramos a Ti, que vienes al encuentro.

Viernes, 10 de diciembre

«¿A quién compararé esta generación? Se asemeja a unos niños sentados en la plaza, que gritan diciendo: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado” (Mt 11, 16-19).

Dios es amigo de dar. No pongas tasa al actuar de Dios. Puede hacer en ti mucho más de lo que imaginas. Si no lo crees, estás cerrando tus puertas a sus dones. Mientras avanzas por el camino deja a Dios que sea Dios en ti, que actúe como Dios.

Señor y Dios mío, Tú acompañas mis pasos y guías el camino de mis búsquedas. Limpia la oscuridad de mis ojos para que vea lo nuevo que el Espíritu Santo está realizando en mi vida.

Sábado, 11 de diciembre

«Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos» (Mt 17, 10-13).

Es necesaria la esperanza para conectarse a Dios desde la sinceridad de uno mismo. Aquellos judíos no reconocieron a Juan, y no reconocerán a Jesucristo. La esperanza nace para los cristianos desde abajo, como un germen muy pequeño, que cabe en el corazón de cualquiera, nadie está excluido.

Voy a ti, Señor Jesús, con mis hermanos/as,  que sufren el cansancio, la desesperación el sin sentido de la vida. Descansa nuestro afligido corazón.

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