Lunes, 5 de mayo
«La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6,29)
Dios abre el misterio de su vida y lo comparte con nosotros; nos invita a apoyarnos únicamente en su visible testimonio. La fe es el medio que Dios nos ha dado para unirnos a él, y para atravesar toda crisis. En la mirada de Cristo se percibe la profundidad del amor. El pan partido y repartido es la expresión del amor gratuito. Vive hoy con gozo tu pertenencia a Dios. Descúbrete habitado/a, amado/a.
Una vez más, Señor, me haré capacidad para que tú seas torrente.
Martes, 6 de mayo
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre” (Jn 6,35)
¡Comer el pan de vida! ¡Sentir cómo nos envuelve la inagotable ternura de Cristo! Para experimentar la capacidad de amar de Cristo, para que el pan sea pan de todos, para pensar el mundo como una familia de hermanos, para cuidar de las criaturas más pequeñas. Esto no es un sueño, es posible no con nuestras fuerzas, sino con la fuerza del amor desmedido de Dios. Todo ser humano quiere y desea ser amado. La vida compartida elimina las fronteras.
Todos somos familia humana, interconectados, interdependientes, con necesidad de cuidar la vida que Dios nos regala en cada instante.
Miércoles, 7 de mayo
«Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él, tenga vida eterna» (Jn 6,40)
La hierba verde en el valle indica dónde se esconde el agua. La vida, desplegándose como un bello arco iris después de la tormenta, desvela la presencia de Jesús. Piensa que tu vida es como una fuente. Si te guardas el agua, ésta se corrompe. Si la das, tu pozo se convierte en un surtidor inagotable.
Padre, canto tu proyecto de dar vida. Jesús, te miro y creo en Ti. Espíritu creador, recrea en el mundo la vida.
Jueves, 8 de mayo
«Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí» (Jn 6,45)
El Padre empuja hacia Jesús porque éste es su don, la expresión de su amor a la humanidad. Lo mismo hace el Espíritu. Quieren compartir con nosotros su alegría; nos dicen que sólo una persona puede dar sentido a nuestras vidas: Jesús. Quien oye estas llamadas empieza a caminar hacia algo nuevo. Pasa hoy por la vida haciendo el bien, es la mejor manera de decir a todos que vas con Jesús.
Quiero pasar mi vida escuchándote, mi Dios.
Viernes, 9 de mayo
«El que come este pan vivirá para siempre» (Jn 6, 58)
Dios siempre ha soñado con prepararnos un banquete. Y los hombres y mujeres que más se han parecido a Dios han soñado también con un banquete con plato y mantel para todos. Jesús también preparó un banquete para todos los pueblos. Pero la comida la puso él. Era su vida entregada, su cuerpo y su sangre, lo que estaba sobre la mesa. En la eucaristía de Jesús había mucho amor por medio. Participa hoy en la eucaristía. Contempla la entrega apasionada de Dios.
Comeré tu pan, Señor, para vivir, viviré para repartir mi pan.
Sábado, 10 de mayo
«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6, 68)
¿Cómo dar la vida en medio de tanta desprotección? ¿Cómo invertir tiempo y energías en aquellos hombres y mujeres que no cuentan para las grandes estructuras de poder y de decisión? Ante la perspectiva de la cruz muchos abandonan a Jesús. Jesús está animado por el Espíritu y tiene capacidad para entregar la vida, para amar. Los que están animados por el Espíritu son capaces de entregar la vida. De su entrega surge un mundo nuevo y más feliz. Repite con tus labios estas palabras de fe.
¿A quién iré, Señor? Tus palabras no engañan. Siempre son de vida.
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