Lectura orante del Evangelio: Juan 20,1-9

«Vive Cristo, esperanza nuestra, y él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida… ¡Él vive y te quiere vivo!» (Papa Francisco, Vive Cristo 1)

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer

¡Una mujer: testigo de Jesús! No queremos olvidar esto. En la oscuridad, con la sola luz que lleva en el corazón enamorado, es testigo de Cristo «estrella radiante de la mañana». La fe en Jesús resucitado comienza con la búsqueda, propia del amor. En su gesto valiente de salir de sí misma, superando la resignación de quedarse en casa, ya se oye la canción de la resurrección. Sin Jesús se siente perdida. Aunque todo esté vacío, si amamos a Jesús, ya estamos viviendo la resurrección. ¿Cómo cerrar las puertas del alma a la alegría que Jesús nos regala en el camino? Gracias, Jesús, por esta mujer que nos anuncia el Evangelio de la vida. Aleluya.

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto»

En esta mañana de Pascua percibimos el perfume del encuentro de Jesús con esta mujer enamorada. El amor, que siempre tiene prisa para que se dé el encuentro, supera la desorientación. Jesús resucitado nos transforma; nos prepara para seguirle con frescura y docilidad y anunciar el Evangelio con la bondad y la ternura. Gracias, Jesús. Ser cristianos es ser tú, es vivir tu vida.Aleluya.

Los dos corrían juntos

Buscamos a Jesús en la Iglesia, junto con otros hermanos y hermanas. El que vive está donde hay vida, donde hay amor. Esta búsqueda común es una garantía para nuestra fe. Muchas personas nos han ayudado a encontrarnos con Jesús, ungiéndonos con el óleo de la alegría. Jesús está vivo y obra en nuestra historia. Ningún sepulcro puede retener su presencia. «Si te dejas amar y salvar por él; si entras en amistad con él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia, esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana» (Papa Francisco). Gracias, Jesús.Aleluya.

El que había llegado primero al sepulcro: vio y creyó

El discípulo amado llega, ve y cree. Ve y cree con el corazón de Jesús, en el que se recostó en la noche. Ha sido necesario un recorrido interior para percibir la gracia del Amigo. El Padre ha resucitado a Jesús para nosotros y nos lo hace ver en medio de las comunidades vivas, acogedoras, servidoras de los pobres. La presencia de Jesús es ahora de otra manera: más viva, más fraterna, más solidaria. Es el momento de vivir la novedad sorprendente sobre la que se levanta la vida cristiana. Jesús, estás vivo y operante en nosotros. En ti se apoya nuestra esperanza.Aleluya.

Hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos

Dios estaba de una forma única en la historia de Jesús; el Crucificado tenía razón. Todo lo suyo tiene sentido para nosotros. Su evangelio nos marca el camino. Jesús nos enamora y seduce, nos toca los corazones y nos contagia su libertad. Jesús vive y nos hace vivir. Es la hora de la alegría.No perdamos la esperanza. Creer en ti, Jesús: ¡qué alegría!Aleluya.

¡Feliz Pascua de Resurrección! CIPE – abril 2019