Domingo quinto de Pascua

Lectura orante del Evangelio: Juan 13,31-35

Mi alma se ha empleado, y todo mi caudal en su servicio; ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio, que ya solo en amar es mi ejercicio (San Juan de la Cruz).  

‘Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él’.

Seguimos celebrando la Pascua. La muerte, tan presente en nuestro mundo, no tiene la última palabra.En el Cenáculo, la noche se hace creativa, Jesús nos entrega el amor; esta será nuestra señal.
Con toda la Iglesia damos gloria a Jesús. Porque se hizo el último de todos por compasión hacia el ser humano desvalido. Porque se despojó de su gloria para vestirse y vivir como nosotros. Porque mostró con su vida, con sus gestos y parábolas, el rostro del Padre, siempre compasivo y misericordioso. Porque salió cada mañana a invitar, a los que estaban en las cunetas del mundo, al banquete de bodas. Porque se hizo nuestro amigo y nos comunicó la gozada de Padre que tenemos. Porque hizo suyos nuestros fallos, curó nuestras heridas con su amor crucificado. Porque se atrevió a soñar un mundo nuevo con mucha ternura y compasión en sus entrañas. Porque, con su Pascua liberadora, embelleció nuestras vidas cansadas. ¡Gloria a ti, Señor, Jesús!

Te glorificamos con la gloria que nos has dado. Danzamos para ti, Señor, Jesús. Vestimos con tu gloria y dignidad a los desnudos, compartimos el pan con los que pasan hambre, damos visibilidad a los que no cuentan. Gloria y honor a ti, Señor, Jesús.  

‘Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros’.

Jesús es amigo de dar, de darse por entero; es amor. Frente a todo vestigio de muerte, su amor se hace más intenso. A nosotros nos toca aprender a recibir. Jesús nos deja, para este momento, la alegría del amor, como don y tarea. Nos regala el don del Espíritu, que es la fantasía del amor, para que nos guíe a la verdad completa: al amor compasivo y misericordioso. ¿Nos atrevemos a vivir así? Dios es amor y se muestra como Dios amando con ternura. Nosotros, por puro don, somos amor; esta es nuestra identidad más profunda. Si nos amamos, Jesús está con nosotros. En un escenario de cansancio, el amor es riqueza de pensamiento, creación nueva, experiencia de Dios, compasión ante todo sufrimiento. Gracias, Jesús, por la música del amor.  

‘Como yo os he amado’.

Las palabras de Jesús no son huecas. Su corazón abierto nos descubre cómo nos ha amado. Allí, en su corazón, se nos da por entero, allí nos enseña la ciencia del amor, allí es donde le respondemos con nuestro amor sincero. El amor de Jesús no se queda quieto, sale a buscarnos, se alegra cuando nos encuentra, goza alentando en nosotros las semillas de bondad que le recuerdan al Padre. Solo su amor, hecho servicio y lucha contra todo lo que deshumaniza y hace sufrir al ser humano, es digno de fe. Su amor alegra el corazón del Padre y el nuestro. Este es el momento de celebrar la pascua del amor. Espíritu Santo, enciende en nuestros corazones el fuego del amor.    

‘La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros’.

Para vivir el presente no hay otra señal mejor que la del amor, que genera en los discípulos el encuentro con el Resucitado. El amor es el escudo que nos fortalece contra la adversidad y nos anima a seguir a Jesús. La glorificación del amor de Jesús tiene un efecto global, misionero, rompe la globalización de la indiferencia y llega a cielos y tierra. Si hoy decidimos amar como Jesús, brillará la luz en la oscuridad y habrá alegría, los que sufren ya no sentirán solos. No hay tiempo que perder: el amor nos espera. El amor es la lengua que todo el mundo entiende. El amor es la señal. Jesús, hemos conocido tu amor y hemos creído en él.

Libros recomendados:

Post recomendados:

Viva el evangelio como nunca antes:

Suscríbete gratis al CIPE:

Recibe nuestro e-mail semanal. Si estás leyendo este blog será de tu interés:

He leído y acepto la política de privacidad