DOMINGO DE RAMOS

Lectura orante del Evangelio: Lucas 22,14-23,56

Vive Cristo, esperanza nuestra, y él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida… ¡Él vive y te quiere vivo! (Papa Francisco, Vive Cristo 1).

El Domingo de Ramos es la puerta de entrada a la gran Semana Santa de los cristianos, es una oportunidad para que Cristo toque nuestra vida y la vida del mundo. Nos acompaña el evangelio de Lucas, en el que Jesús da sentido a su muerte. Lo mejor es leer y contemplar el relato de la Pasión. Ofrecemos cinco pistas para orar.

Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.

Estas son las señales del amor (4Moradas 1,7). ¡Qué palabras, dichas en medio de un silencio sobrecogedor! Así es Jesús. Convierte su cruz en entrega. Así de transparente suena el Evangelio en su cuerpo entregado por el pueblo. Así revela el rostro del Padre. Su entrega es continuación de su estilo de vivir amando y dando la vida. Todo en Jesús tiene sabor a entrega y amor. Así denuncia toda manera de vivir egoísta y ajena a los pobres. Como Jesús, son felices los que saben entregar la vida. La entrega es el fundamento de nuestro ser de cristianos. Lo que somos de Jesús no muere jamás. Jesús, tu entrega sostiene nuestra fe. Queremos vivir como tú.   

El primero entre vosotros pórtese como el menor.

Así es Jesús; convierte su cruz en servicio. ¡Qué bien lo reflejan estas palabras! Así de loco y sorprendente suena el Evangelio, demasiado peligroso para los que ostentan el poder y tienen en sus manos el dinero; por eso lo matan. El servicio en los finales es consecuencia de su estilo de vivir siempre con el delantal puesto para servir: Estoy entre vosotros como el que sirve. Como Jesús, son felices los que saben servir. Lo nuevo es servir, lo viejo vivir para uno mismo. El fundamento de nuestro ser de cristianos es el servicio.
Jesús, tu minoridad abaja nuestros aires de grandeza.

Orad para no caer en la tentación.

Así es Jesús; convierte su cruz en oración, como hizo en cada momento de su vida. Le importa más ser fiel al Padre que salvar la vida. En medio de la prueba ora e invita a un diálogo amoroso con el Padre. Como Jesús, son felices los que oran en las horas de luz y en las horas de noche. La oración confiada es el fundamento de nuestro ser, el lugar donde descubrimos las señales del amor y la tarea de poner amor donde no hay amor para sacar amor.
No nos dejes caer en la tentación.   

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Así es Jesús; perdona desde la cruz. Así de hermosa aparece su solidaridad universal. La misericordia, que predicó por los caminos, la vive hasta el final. Así nos revela al Dios de la ternura. Así denuncia todos los odios que secan la vida, todas las guerras. Como Jesús, son felices los que saben perdonar, los que llevan en el corazón la bondad de Dios. Todo perdón es signo de vida, aire fresco que renueva. El perdón es la alegría de los amigos de Jesús. Las heridas de la humanidad, como mejor se curan es con el perdón.
Creemos en ti, Jesús crucificado, con el perdón en los labios.

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

Así es Jesús; en la cruz le brota una fuente de confianza en el Padre. Se atreve a creer. Sus palabras son un susurro de abandono confiado. Así grita el Evangelio cuando ya no le queda aire para respirar. En el final, Jesús revela al Dios amigo, que solo sabe amar. Como Jesús, son felices los que saben confiar a pesar de todo. Cuando confiamos en Dios una aurora de alegría acecha en medio de la noche.
Nuestra señal es tu cruz; ella nos orienta hacia los levantes de la aurora, hacia la resurrección.   

¡Feliz Semana Santa, camino de la Pascua! – CIPE – Abril 2022

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