LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO: Lucas 1,1-4; 4,14-21

“Quien mira a Jesús queda radiante” (Santa Isabel de la Trinidad).

Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu.

Después de unos años en el desierto, Jesús vuelve a su pueblo y se presenta como profeta. Lleva dentro la fuerza del Espíritu. Ese mismo Espíritu sigue vivo en medio del mundo; entrando en los corazones, hace amigos de Jesús, enviados a liberar y dar esperanza. El Espíritu es viento fuerte que empuja a vivir el proyecto dinámico y apasionante de Jesús. El Espíritu nos cita en el misterio, manteniendo el fuego para soñar un mundo nuevo para todos. Con el Espíritu ningún perdido está perdido.Ven, Espíritu. Guíanos a la verdad completa. Haz de nuestro corazón un espacio de comunión.

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido’.

Jesús lee la Palabra en la sinagoga y ve al Espíritu. Mira la miseria de las gentes y ve en ellos la nueva creación del Espíritu. Se mira a sí mismo y descubre la fuerza del Espíritu que lo habita y lo impulsa. No es momento de lamentos ni de condenas; así no cambian las cosas. No es hora de buscar culpables, sino de encontrar al Espíritu, que está sobre nosotros. Es hora de desempolvar la unción del Espíritu que todos llevamos dentro. Una fuerza liberadora nos habita. El Espíritu nos impulsa a curar los corazones heridos, a acompañar soledades. Nadie puede poner límites al amor de Dios que perdona.Ven Espíritu. Úngenos con tu fuerza, llévanos a Jesús, haznos caminar con él.

‘Me ha enviado a evangelizar a los pobres… a proclamar el año de gracia del Señor’.

El Espíritu envía a Jesús a anunciar la Buena Noticia, para alegría de los más pobres, para dar libertad a los oprimidos, para que vean y caminen los que antes no veían, para iniciar un tiempo de gracia y de gozo imparables en el que todo ser humano recupere la dignidad y la belleza. Hay vida para todos, pan y dignidad para todos, hay libertad para todos. Hay Espíritu para todos: es posible unir en la comunión las diferencias de los que seguimos a Jesús.Espíritu Santo, haznos vivir la vida con el vestido de la comunión siempre puesto.

La sinagoga tenía los ojos clavados en él.

Escena impresionante. Los nazarenos, y hoy miles de jóvenes reunidos con el papa Francisco en Panamá, ya no se fijan en el texto de la Escritura, se fijan en Jesús. A esto conduce la escucha de la Palabra: a mirar a Jesús. De él sale la verdad que necesitamos para dejar la corrupción y la mentira. De él nos viene la fuerza para comprometernos en el anuncio del Evangelio. Jesús es un fuego que enciende otros fuegos.Tomamos conciencia de nuestra realidad y te miramos a Jesús. Nuestros ojos están puestos en ti, Señor, Jesús.

‘Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír’.

Hoy, aquí y ahora, se cumple esta presencia de Jesús en medio de nosotros. El evangelio no es para comentarlo, es para vivirlo. Cuando alguien hace suyo el mensaje, este se convierte en revolución de la gracia salvadora.Gloria y a ti, Señor, Jesús, por siempre.

CIPE – enero 2019