Domingo tercero del tiempo ordinario

Lectura orante del Evangelio: Lucas 1,1-4; 4,14-21

Recuerden que a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues ‘a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras’ (Dei Verbum 25).

Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu.

Después de unos años en el desierto, Jesús vuelve a su pueblo y se presenta como profeta. ¿Qué le ha pasado? Lleva dentro la fuerza del Espíritu. El viento fuerte del Espíritu lo empuja a vivir el proyecto dinámico y apasionante del Reino. Ese mismo Espíritu unge a los seguidores de Jesús y mantiene encendido el fuego para soñar un mundo nuevo para todos. Con el Espíritu ningún perdido lo está, otra mirada es posible.

Ven, Espíritu. Guíanos a la verdad completa. Haz de nuestro corazón un espacio de comunión.    

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

Jesús lee su identidad y su misión en la Palabra; en la Palabra ve al Padre y al Espíritu, que hacen opción por los pobres y estrenan una nueva creación. No es momento de lamentos ni de condenas; así no cambian las cosas. No es hora de buscar culpables, sino de encontrar al Espíritu en la Palabra, que está sobre nosotros. El Espíritu nos impulsa a curar los corazones heridos, a acompañar soledades. Nadie puede poner límites al amor de Dios que libera.

Ven, Espíritu. Úngenos y llévanos a Jesús para caminar con él.

Me ha enviado a evangelizar a los pobres… a proclamar el año de gracia del Señor.

El Espíritu envía a Jesús a anunciar la Buena Noticia, para alegría de los más pobres, para dar libertad a los oprimidos, para que vean y caminen los que antes no veían, para iniciar un tiempo de gracia y de gozo imparables en el que todo ser humano encuentre la dignidad y la belleza. Hay vida para todos, pan para todos; hay libertad para todos. Hay Espíritu para todos: es posible unir los dones en una aventura sinodal.

Espíritu Santo, haznos vivir la vida con el vestido de la comunión puesto.  

La sinagoga tenía los ojos clavados en él.

Escena impresionante. Los nazarenos, y hoy las comunidades de la Iglesia, ya no se fijan en el texto de la Escritura, se fijan en Jesús. A esto conduce la escucha de la Palabra: a mirar a Jesús. De él sale la verdad que necesitamos para dejar la corrupción y la mentira. De él nos viene la fuerza para comprometernos en el anuncio del Evangelio. Jesús es un fuego que enciende otros fuegos.

Nuestros ojos están puestos en ti, Señor, Jesús. Desconocer la Palabra es desconocerte a ti.

Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír.  

En esta homilía, brevísima, hay novedad. Jesús no dice sino que esa Palabra se cumple hoy. Lo revolucionario está en que Jesús hace suyo el mensaje, no lo comenta sino que lo actualiza, lo encarna. Hoy, aquí y ahora, se cumple esta presencia de Jesús en medio de nosotros. Cuando alguien hace suya la Palabra, esta se convierte en revolución de la gracia salvadora.

Gloria y a ti, Señor, Jesús, por siempre.

Domingo de la fiesta de la Palabra – CIPE – enero 2022

Libros recomendados:

Post recomendados:

Suscríbete gratis al CIPE:

Recibe nuestro e-mail semanal. Si estás leyendo este blog será de tu interés:

He leído y acepto la política de privacidad