PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Lunes, 10 de enero 

“Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron” (Mc 1,16-20).

Jesús proclama valientemente el Evangelio. Llama a algunos cuando estaban en su trabajo diario para que vayan con él, participen de su intimidad y colaboren con él en las tareas del reino. Hoy te invita a ti a escuchar su palabra a vivir con espíritu nuevo las realidades del momento presente. Ábrele el corazón; deja que habite tu vida, que pacifique tu casa, que dé sentido a tus días.

Quiero caminar contigo, Jesús, en la experiencia cotidiana de los días, en el ruido, el dolor y la alegría.

Martes, 11 de enero 

“Había en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar… Jesús lo increpó: «¡Cállate y sal de él!». Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen» (Mc 1,21-20).

La enseñanza de Jesús brota de su relación con Dios. Su actuar cuestiona el estilo autoritario de vivir que oprime y esclaviza. Discípulos misioneros, caminamos con Él. No nos desalentamos cuando el mal parece triunfar. Enfrentamos con valentía situaciones que deshumanizan a las personas.

Señor, solo el Amor sana las heridas. Bendícenos y fortalécenos. Que todas nuestras palabras y acciones expresen la fe en ti.

Miércoles, 12 de enero 

“Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios… Se levantó de madrugada, cuando todavía era muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar” (Mc 1, 29-39)

Jesús va al encuentro de todos los que viven en las periferias, estén donde Jesús nos sorprende siempre. Hoy le vemos salir de madrugada a lugares solitarios para orar, para estar a solas con el Padre y salir al encuentro de todos los enfermos que viven en las periferias, estén donde estén, para que puedan experimentar el amor misericordioso del Padre.

Quiero ir contigo, Jesús, en silencio escuchar tu voz. Quiero ir contigo, Jesús, a anunciar a los que encuentre en ele camino el Evangelio de la salvación.  

Jueves, 13 de enero  

“Se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio» (Mc 1,40-45).

Los gestos de cercanía y compasión de Jesús rompen las leyes de exclusión religiosa y social que tenían quienes sufrían enfermedades y dolencias. No hay distancias a las cuales Jesús no vaya para ayudar a las gentes marginadas. Preséntale al Señor tus heridas y dile confiadamente: «Si quieres, puedes limpiarme». Su mirada de amor cura toda dolencia humana.

 Acojo, Jesús, tu amor. Me abro a la vida que me comunicas en plenitud. Me sorprendo de tu inmensa gratuidad. Te alabo y te bendigo, Jesús de mi vida.

Viernes, 14 de enero

“Y vinieron trayéndole un paralítico llevado entre cuatro y, como no podían presentárselo por el gentío,… abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados»… “Levántate, coge la camilla y echa a andar… y vete a tu casa”» Mc 2,1-12).

Jesús cura nuestras heridas y da fuerzas a nuestras debilidades. Su corazón es casa abierta para todos los necesitados de cariño, de perdón, de paz. La fe en Jesús, vivificada en la oración, no es para guardarla, sino para celebrarla, y vivirla en la familia, en el grupo, en medio del mundo. 

Me pongo ante ti, Jesús, tal como soy y estoy. Dejo que tu vida me vivifique y tu gracia me inunde. Siempre respondes con la plenitud de tu perdón. 

Sábado, 15 enero  

“Mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que lo seguían… Los escribas de los fariseos decían: «¿Por qué come con publicanos y pecadores?» Jesús les dijo «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he ven do a llamar a justos, sino a pecadores”  (Mc 2,13-17).

Las gentes siguen a Jesús, fascinadas por sus palabras de vida, le escuchan con atención y cariño. Jesús camina mirando a la gente. Ve a Levi, un recolector de impuestos. Nos maravillamos ante el poder convincente de la llamada de Jesús, y la respuesta positiva instantánea de Levi que abandona todo para seguirlo.

Mírame y dejaré mi vida en tus manos. Llámame y celebraré tu don con mis hermanos. 

Escucha este Evangelio acompañado de una canción y palabra de los Místicos, descargando la Aplicación: Evangelio orado

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