Ora con calma el salmo 22, puesto en boca de Jesús. Entra en los símbolos, sacados de la vida pastoril. Recuerda tu encuentro sacramental con Cristo (fuentes tranquilas: bautismo, reparo tus fuerzas: confirmación, la mesa y la copa: la eucaristía…). Que el Espíritu abra tu corazón para acoger el regalo del amor de Jesús para ti.

«Yo soy tu pastor, nada te falta: en verdes praderas te hago recostar; te conduzco hacia fuentes tranquilas y reparo tus fuerzas. Te guío por el sendero justo, por el honor de mi nombre. Aunque camines por cañadas oscuras, nada temas porque yo voy contigo: mi vara y mi cayado te sosiegan. Preparo una mesa ante ti, enfrente de tus enemigos; te unjo la cabeza con perfume, y tu copa rebosa. Mi bondad y mi misericordia te acompañan todo los días de tu vida, y habitarás en mi casa por años sin término» (Sal 22).