Salmo 85: «Enséñame, Señor, tu camino»

¿Cómo acercarnos?

  • Hay muchas situaciones, tanto personales como comunitarias, que consideramos difíciles, porque nos parece que no tienen salida.
  • Nos golpea, sobre todo, la enfermedad, la violencia, la injusticia, la corrupción. Parecen tener la última y más poderosa palabra.
  • Nos hacen perder el rumbo. Más que oración, lo que nos sale de dentro es la rabia y la impotencia. ¿Quién nos enseñará el camino de la verdad?

Leerlo

Enséñame, Señor, tu camino,

para que siga tu verdad.

Inclina tu oído, Señor, escúchame,

que soy un pobre desamparado;

protege mi vida, que soy un fiel tuyo;

salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mi, Señor,

que a ti te estoy llamando todo el día;

alegra el alma de tu siervo,

pues levanto mi alma hacia ti.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,

rico en misericordia con los que te invocan.

Señor, escucha mi oración,

atiende a la voz de mi súplica.

¿Cómo orarlo?

  • Preséntale al Señor una situación de dolor tuya o de los que te rodean.
  • Repítele, que él es bueno y clemente, rico en misericordia, y que se estremece ante todos nuestros desamparos.
  • Termina suplicando al Espíritu que te enseñe a vivir esta situación en la verdad, en el amor.

¿Cómo vivirlo?

  • Lleva a la vida la oración del salmo. Acércate a alguna persona a la que veas triste, sola, enferma, escúchala y acompáñala en esos momentos.
  • Que tu compañía le haga sentirse un poco más animada y recuperada.
  • Que tu cercanía afable y discreta le abra a la esperanza. «Enciende, Señor, tu fuego de amor y de entrega en el corazón de todos los que salen al encuentro del hermano, en la mirada atenta hacia los necesitados, en las manos solícitas para la herida ajena».

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