Hablan de Dios con novedad.

Contagian su apasionado amor a Jesús.

Son una canción del Espíritu para todos los buscadores.

Anuncian el Evangelio en cada página de sus escritos.

Reflejan un gran cariño a la Iglesia.

Cantan los caminos de la verdad, la libertad y la alegría.

Son una bocanada de aire misionero.

Narran de forma viva el amor cristiano.

Son las dos Teresas, la de Lisieux y la de Ávila.

Tienen palabra viva para nosotros.

No saben orar sin que la oración sea misionera.

Las dos nos animan a formar comunidades

donde oración misión se den la mano.

Las dos nos piden que abramos espacios eclesiales

para la misión y la oración.

Las dos nos lanzan un reto:

A ver si somos capaces de ser orantes y misioneros.