¡Que no se me cierren los ojos!

¡Que tenga valor y no desfallezca!

¡Que no me canse de amar!

en los embates que aminoran mis fuerzas,

ni en el ser de aquellos que más difícil me lo ponen.

 

¡Que no deje de servir!

a los que salen a mi encuentro,

a pesar del vacío y la tristeza

que queda cuando se aprovechan de todo lo regalado.

 

¡Que no huya del dolor!

que en la vida esconde un sentido incomprendido,

ni me arrastre la indiferencia ante el mal

y la iniquidad de nuestro mundo.

 

¡Que no se me cierren los ojos!

ante la inocencia y la bondad

que se oculta en la debilidad de la vida,

ni se me pase por alto el misterio de Luz

que mora en el corazón de toda persona.

 

Sumergirme intensamente en todo

y abrazarlo en plenitud sin retener nada,

ni el beso que me endulza la noche,

ni las sonrisas que me alegran las horas amargas.

Y si en este vivir me siento morir,

que esta muerte sea, entonces,

el paso a un nuevo nacimiento.

 

Mar Galceran


Me duele tu Luz

cuando desvela mis sombras

y me afronta a una verdad

demasiado amarga de aceptar.

 

Me duele y a menudo siento temor,

y vergüenza, no de ti sino de mí,

de no ser capaz de abandonarme

a la debilidad que me configura

y de permanecer en la oscuridad

que la cubre y la engalana.

 

Me duele tu Luz,

cuando deslumbra mis

comodidades y seguridades,

y me lanza a amar lo indeseable

y a abrazar la humillación y el desamor.

 

Y a pesar de todo, amo este dolor

y lo deseo con toda el alma,

porque lo se transformador

como el fuego del fundidor

o el jabón de hacer colada.

 

Sí. Deslúmbrame y hiéreme, Amor.

Y no permitas que el miedo

me aleje nunca de tu estancia.

 

Mar Galceran.