Jueves santo.

Última cena, sin cena.
La mesa vacía. Ni siquiera
una corteza de pan seco
para distraer el hambre
que ya te acecha.
Una bolsa con algunas
Pertenencias, apoyada
en el portal de la entrada.
Esta noche la pasarás al raso.
Expulsada por no poder pagar
«la plaza» del piso.
Desorientada y atemorizada
por si alguna autoridad
te detiene indocumentada
en tiempo de confinamiento.

Jueves santo.
Última despedida de las compañeras
sin compañeras.
Te dieron la espalda.
La soledad más absoluta de la noche,
en una ciudad vacía
y enferma.
Te dormirás acurrucada en un portal
o, con un poco de suerte,
en un cajero.
Y soñarás que un cirineo
acaricia tu corazón adolorido
y te lava los pies llagados
por tantas horas de andadura
vagando, a escondidas, por la ciudad.

Jueves santo.
Pero no se detienen los días …
El domingo de Pascua te espera.
Te vendremos a encontrar.

Mar Galceran.