Los iconos son una ventana abierta al infinito, a Dios.
Reflejan una luz que pacifica nuestros sentidos y abre nuestro corazón a la plegaria.
Son una excelente guía para la comprensión más profunda del misterio cristiano y para la oración.
Nos invitan a que nuestra contemplación de lo bello se convierta en oración, en comunión con Dios y con todos los hombres y mujeres.
Por la meditación y la oración podemos hacer que la luz se prolongue a los gozos, penas y esperanzas de cada día. «Hay heridas que solo la belleza puede curar«.
Tenemos que tener en cuenta tres coordenadas del icono sagrado: «la PALABRA que lo inspira y lo evangeliza, la IMAGEN que visibiliza la palabra bíblica y lleva a los ojos lo que la palabra transmite al oído, la ORACIÓN, plegaria litúrgica en la que resuena la voz de la Iglesia y se consuma la comunidad de los Santos en un mismo Espíritu Jesús Castellano Cervera, Carmelita