• ¡Es toda una garantía! Muchos hombres y mujeres, dentro de la Familia del Carmelo, a lo largo de los siglos, se han hecho hombres y mujeres de verdad en la comunión con la Virgen del Carmen.
  • Cuando alguien, dejando los lugares fáciles de las orillas, rema mar adentro para buscar el rostro de Dios y el del ser humano en la noche, busca la compañía de los místicos del Carmelo, los que alimentaron su fe en la «fonte», su llama de amor en el hogar de María de Nazaret.
  • No hay miedo de que la relación con María nos infantilice, que el llevar el Escapulario nos haga retroceder a etapas de inmadurez. ¡Todo lo contrario! Hay muchos testigos que cuentan otra cosa.

«Un espléndido ejemplo de esta espiritualidad mariana, que modela interiormente a las personas y las configura a Cristo, primogénito entre muchos hermanos, son los testimonios de santidad y de sabiduría de tantos santos y santas del Carmelo, todos crecidos a la sombra y bajo la tutela de la Madre» (Carta de J. Pablo II sobre el Escapulario, 6).

PISTAS DE LUZ

  • El mejor comentario de esta palabra son los testimonios: la poesía, la mística, el arte, la música, dan fe de que con María en medio crece la vida, la vida de Jesús.
  • «¡Yo no quiero saber de qué está hecho este milagro que en mi vida brilla! ¡Yo no quiero saber cómo han venido estas cuatro palabras de María!… Yo no quiero saber: no sabe el prado tanta flor, tanta luz como lo habita… Pero sé que una estrella ha descendido y un abismo sin fondo se ha cubierto. El amor me buscaba con gemido y me encontró desnudo en el desierto» (Augusto Donázar)
  • «Que tú me salvarás, ¡oh marinera Virgen del Carmen!, cuando la escollera parta la frente en dos de mi navío. (Rafael Alberti).

INVOCACIÓN

Mujer de silencio y de oración, Madre de la misericordia. Madre de la esperanza y de la gracia.