NUEVE DÍAS CON LA VIRGEN DEL CARMEN

  • No deja de ser curioso que el ser humano del siglo XXI, que se rodea de la más alta tecnología, que habla del mundo como aldea global, que ha alcanzado en la intercomunicación avances insospechados hace apenas dos días, siga necesitando de signos tan humildes como este del Escapulario.
  • El Escapulario es uno de esos signos que nos hace pisar tierra, nos habla de las cosas de cada día, apunta a la hondura del ser humano donde todos nos damos la mano compartiendo una recíproca pobreza, que, por gracia del Señor, es también preludio de gloria.
  • En los lugares de conflicto de la tierra, en medio de las dificultades para el diálogo de los grupos humanos, en la misma división interna que experimenta todo ser humano cuando las dificultades le rompen la armonía, el Escapulario es una parábola de comunión, porque es señal de una Mujer que besa cada día nuestra herida y nos acerca de forma entrañable, en su ser de mujer, la ternura de Dios Trinidad.

PISTAS DE LUZ

El Escapulario es signo de comunión, entre María y cada uno de nosotros. Recuerda las palabras clave de toda alianza: «Yo soy para ti y tú, María, eres para nosotros»

El Escapulario es una forma, no la única, de leer y expresar una escena evangélica impresionante: Jesús en la cruz y, a sus pies, María y Juan. Y en esa escena, casi sin palabras, una entrega, la que hace Jesús de su Madre a Juan, y en él a todos nosotros, y la que hace de Juan, y en él de todos nosotros, a la Madre.

El Escapulario es una señal de que nuestra casa, nuestra vida, nuestras comunidades cristianas, son para siempre el hogar de María, donde cada día se amasan el pan de la fraternidad y se preparan respuestas de misericordia para las heridas de los más pequeños de la tierra.

INVOCACIÓN

María, Madre espiritual, siempre en medio de la Iglesia, ven con nosotros al caminar.