‘Mi vida es un instante,
una efímera hora,
momento que se evade
y que huye veloz.
Para amarte, Dios mío,
en esta pobre tierra
no tengo más que un día:
¡sólo el día de hoy!
¡Oh, Jesús, yo te amo!
A ti tiende mi alma.
Sé por un solo día
mi dulce protección,
ven y reina en mi pecho,
ábreme tu sonrisa
¡nada más que por hoy!
¿Qué me importa que
en sombras esté envuelto el futuro?
Nada puedo pedirte, Señor, para mañana.
Conserva mi alma pura, cúbreme con tu sombra
¡nada más que por hoy!’
Santa Teresa del Niño Jesús, PoesíaNo. 4