Contemplamos el Misterio del Dios Niño acercándonos al Belén.

José: “Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer” (Mt 1, 24).

María: “María dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento” (Lc 2, 7).

El niño: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 9-12).

El ángel: “No temáis, os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor.
“Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace” (Lc 2, 10-14).

El pesebre: “Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 12).

Los pastores: “Los pastores se decían unos a otros: Vayamos hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.
Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. (Lc 2, 15-16).

El cordero: “Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá” (Is 11, 6)

La estrella: “Vimos su estrella en el Oriente y hemos venido  a adorarle».

Los reyes: Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y  le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra” (Mt 2, 2.10.11).

 “En la noche del mundo, dejémonos sorprender e iluminar por Dios que se hace Niño.
Dejémonos sorprender, iluminar por la Estrella que ha inundado de alegría el universo.
Que el Niño Jesús, al llegar hasta nosotros, no nos encuentre desprevenidos,
empeñados sólo en embellecer la realidad exterior.
El belén es expresión de nuestra espera, que Dios se acerca a nosotros,
que Cristo se acerca a nosotros, pero también es expresión de la acción de gracias
a Aquel que ha decidido compartir nuestra condición humana,
en la pobreza y en la sencillez”
(Benedicto XVI).