Evangelio de la cuarta semana de Adviento

Lunes, 21 de diciembre

“¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?” (Lc 1, 43). 

En el encuentro de dos mujeres se manifiesta con fuerza la acción del Espíritu. La visita y el saludo de María comunican el Espíritu a Isabel y al niño que lleva en sus entrañas.  Ante la actuación sorprendente de Dios, cultiva hoy un triple gesto de cercanía al hermano, gratitud y alabanza.

Con las manos abiertas esperaré tu saludo, María. Con el corazón abierto esperaré que visites mi casa. Con María e Isabel te alabo y bendigo Dios del Amor.

Martes, 22 de diciembre

“Proclama mi alma la grandeza del Señor” (Lc 1, 46).

El canto gozoso y agradecido de María nos acompaña en este Adviento, cercano ya a la Navidad. La presencia de Dios provoca un gozo incontenible, algo sucede en los entresijos del ser humano. María proclama, comparte con nosotros, la maravillosa obra del Amor de Dios en ella. Que la experiencia de Dios alcance tus raíces.

Santa María, del Adviento, dame tu paz y tu fe  para para que broten en mi corazón músicas que alaben y bendigan al Señor. Virgen María, que mi Navidad no excluya a los necesitados porque sin ellos no hay Navidad.

Miércoles, 23 de diciembre

“Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban” (Lc 1, 58).

Los vecinos de Isabel comparten su alegría. ¡Qué hermoso cuadro para la comunidad cristiana: compartir unos con otros el gozo de haberte encontrado! Tu salvación nos alegra en lo más hondo. De nuestra tierra reseca brotan ahora las flores y los frutos. Hay motivos para la alegría. Hay motivos para la solidaridad. 

¡La alegría de tu venida me llena de vida, ¡Ven pronto, Señor! Abriremos nuevas sendas, porque el polvo ha borrado ya las viejas sendas. Detectaremos esos instantes en que el Espíritu y nuestro espíritu se encuentran para dar vida a algo nuevo, a una nueva presencia de Jesús entre nosotros.

Jueves, 24 de diciembre

“Nos visitará el sol que nace de lo alto” (Lc 1, 78).

La Luz rompe toda tiniebla. La liberación derriba los muros de la esclavitud. Se escuchan cantos nuevos en toda la tierra. Abre de par en par tu corazón y recibe al Niño Dios que viene. Con María y con José, los testigos del Adviento, esperamos una nueva venida de Jesús a nuestra vida, a la humanidad, a esta situación de pandemia.

Siempre que me visitas se me llena de alegría el corazón y se me reaviva la esperanza.

Documentación:  CUARTA SEMANA DE ADVIENTO

Escucha este Evangelio acompañado de una canción y palabra de los Místicos, descargando la Aplicación: Evangelio orado

 

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