MIÉRCOLES DE LA SEGUNDA SEMANA DE PASCUA
MOTIVACIÓN
Señor Jesús, en la luz de la Pascua contemplamos el misterio más grande: el amor del Padre que te ha entregado por nosotros. Abre nuestro corazón para acoger esta verdad que salva y transforma.
Que no vivamos en la sombra del miedo ni del mal, sino en la claridad de tu gracia. Haznos hijos de la luz, capaces de caminar en la verdad. Tu amor nos renueva y nos conduce a la vida plena.
DEL EVANGELIO DE SAN JUAN 3, 16-21
«Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».
COMENTARIO ORANTE
El corazón del Evangelio es el amor gratuito y universal del Padre. «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo»; no para condenar, sino para salvar. La cruz y la Pascua son la prueba de ese amor que se adelanta a nuestra fragilidad y nos ofrece vida eterna.
Creer en Jesús es acoger la luz. La fe no es solo una idea, sino una decisión: venir a la luz, dejar que la verdad ilumine nuestras obras y transforme nuestra vida.
Nos invita a vivir en la claridad del amor de Dios, que nos ha dado todo en el Hijo y con él la totalidad de lo existente.
PALABRA DE LOS MÍSTICOS
Nos dice san Juan de la Cruz:
«Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías; y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Pues ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en meajas que se caen de la mesa de tu Padre.
Sal fuera y gloríate en tu gloria, escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón»
(Dichos de luz y amor 27).
CANTO. ALELUYA, EL SEÑOR RESUCITÓ, Brotes de Olivo. Álbum: Evangelio según san Juan, nº 15.
ORACIÓN
Padre de amor,
gracias por darnos a tu Hijo
para nuestra salvación;
no dejes que elijamos la oscuridad.
Jesús,
luz verdadera,
ilumina nuestro camino
y transforma nuestro corazón.
Espíritu Santo,
fuego de vida,
disipa nuestras sombras
y fortalece nuestro deseo
de vivir en la verdad.
María,
Madre fiel,
acompáñanos para caminar
en la luz pascual
y ser signo de esperanza.
Amén.
CIPE
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