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	<title>Amar no es acertar archivos - Cipecar</title>
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	<description>Centro de Iniciativas de Pastoral de Espiritualidad</description>
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	<title>Amar no es acertar archivos - Cipecar</title>
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		<title>El Evangelio, para quien quiera mirar y ver.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Nov 2015 18:14:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amar no es acertar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Vendo castañas Su lugar de trabajo no mide más que un par de metros cuadrados, apenas el tamaño de una cabina de teléfonos, la chimenea de su lugar laboral la tiene en la calle, en su lumbre se calienta, frotando las manos sucias. Guarda celoso con cuidado el fruto de su sustento bajo una manta&#8230; [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Vendo castañas</h2>
<p>Su lugar de trabajo no mide más que un par de metros cuadrados, apenas el tamaño de una cabina de teléfonos, la chimenea de su lugar laboral la tiene en la calle, en su lumbre se calienta, frotando las manos sucias. Guarda celoso con cuidado el fruto de su sustento bajo una manta&#8230; un verdadero tesoro.</p>
<p>Como salidos de los cuentos de Andersen, los vendedores de castañas, pintan en nuestras aceras y calles una estampa de otro tiempo, y nos permiten soñar&#8230; todavía.</p>
<p>A su lado, el otro mundo comercial entorno, altivo, (aderezado de mil luces y brillantes adornos), riéndose y mirando de reojo, como con sorpresa, el atrevimiento de estos infiltrados comercios sin rango de tales.</p>
<p>Y nosotros, ¿qué?</p>
<p>Vamos de camino aprisa, como por una pendiente hacia la Navidad, vamos por la acera, y se nos insinúan más claramente los escaparates que se iluminan y nos guiñan sus ofertas tan apetecibles como innecesarias. Pero estos otros comercios sin escaparate, sin trastienda, son lo que ves, no pueden competir, no reclaman, no guiñan, no interrumpen tu paso, solo esperan, y te recuerdan, te avisan&#8230; ¿De qué?</p>
<p>De que todavía hay lugares donde las manecillas del reloj no tienen poder, donde vivir al día, y encontrarse y jugar, es la esencia de lo cotidiano. Hay lugares donde el caballero don dinero no tiene tanto valor como la acogida, la hospitalidad, la libertad de darse&#8230; sin ponerle precio al aire.</p>
<p>Sacar solo un euro por cucurucho, poca ambición por estar a la intemperie. El pan nuestro de cada día, no el de mañana. Que la vida, la verdadera, no vive de rentas, ni de almacenar en graneros o bancos. Sólo al paso lento de un euro se alimenta y caldea la esperanza del vendedor de la calle.</p>
<p>No olvidéis nunca que unos hombres y mujeres con las manos sucias, junto a otros venidos de extraños y lejanos lugares, fueron los que merecieron ver al Niño Dios la primera vez. No olvidéis&#8230; nunca, que no estaban limpios y que eran extranjeros.</p>
<p>En este otoño gris de la caída de la hoja, no siempre fácil de sobrellevar, afortunadamente, todavía nos quedan las castañas, y sus lumbres en la calle, para que este mundo nuestro recuerde que hay fuego que arde en medio del frío glaciar de la incomunicación, hay lumbres que te devuelven la fe en lo humilde, en lo que no brilla. Otra vez el evangelio, para quien quiera mirar y ver.</p>
<p>Míralos al pasar, no dejes de comprar alguna vez un cucurucho de castañas y regalarlas si no te gustan, pero acepta la invitación a pararte, sólo una vez.</p>
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		<title>Cuidar la vida</title>
		<link>https://cipecar.org/blogs-firmas/miguel-marquez/amar-no-es-acertar/cuidar-la-vida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Sep 2014 14:42:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amar no es acertar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Me encuentro con él al bajar las escaleras y me dice con algo de melancolía: «hay que cuidar la vida», la vida que se va sin darnos cuenta. Viene del hospital&#8230; En un hospital de la ciudad se muere una joven&#8230; lentamente, en silencio. Su conciencia es suficiente como para llorar sus errores y lamentar [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2>Me encuentro con él al bajar las escaleras y me dice con algo de melancolía: <em>«hay que cuidar la vida»</em>, la vida que se va sin darnos cuenta. Viene del hospital&#8230;</h2>
<p>En un hospital de la ciudad se muere una joven&#8230; lentamente, en silencio. Su conciencia es suficiente como para llorar sus errores y lamentar la crueldad de la vida, y las encrucijadas en las que no eligió bien. Muere de sida, terrible desolación.</p>
<p>¿Dónde está Dios? ¿El Dios cercano y amigo que tantas veces nos han predicado? ¿Dónde está Él, que dice que los pobres son sus preferidos? ¿Dónde está?</p>
<p>Está a ambos lados de la cama, en dos enviados (si es adecuado hablar así), una joven y un joven que no paran de hacerle caricias y agarrarle la mano para que no se sienta sola, para que se abrigue por dentro con la cercanía de quienes no piden nada por estar ahí ayudándole a tragar, y a dejarse llevar a la otra orilla.</p>
<p><strong>Hay que cuidar la única vida que tenemos.</strong></p>
<p>En un piso de mi ciudad, algunas jóvenes se reinsertan, se adaptan a la vida normal con la cercanía de personas que emplean parte de su tiempo estando con ellas. Hay quien va una vez por semana y prepara con ellas la comida, y charlan amigablemente y ríen y discuten.</p>
<p><strong>Dios, otra vez, con cara de gente normal, acercando ternura a quienes más necesitan, cuidando la vida en los detalles, en el tiempo compartido.</strong></p>
<p>En una casa de un barrio de nuestra ciudad, una anciana malhumorada y atada a su cama, reclama el cariño y la atención de gente a la que luego paga con exigencias y reproches. Y ella, otra mujer, menor en años, pero ya de edad, sin paga, sin esperar nada, una y otra vez acercándose y cuidando la vida de quien no le dirá nunca gracias.</p>
<p>Me contaron que sucedió: Un grupo de violentos hizo explotar una bomba en un edificio comercial. A esa hora una familia dormía, y el padre se levantó sobresaltado mientras la madre descansaba plácidamente. Se asomó a la ventana, puso la radio. Imaginaba que habría sido algo gordo y estaba inquieto, pero allí seguía la mujer, dormida, feliz. En éstas, el niño más pequeño, por el alboroto, empezó a gemir levemente, ni siquiera a llorar aún, y la madre se despertó sobresaltada y se levantó para ver qué le pasaba. No la despertó la bomba, sin embargo el débil gemido del hijo hizo que el corazón se le sobresaltase. El padre se quedó pasmado. Y contaba esto a los alumnos días después.</p>
<p><strong>Hay gente que cuida la vida con un cariño que no es noticia</strong>, que pasa desapercibido. Hay gente ahí, muy cerca de nosotros que da sentido a este mundo hambriento de ternura. Por ellos, por esos que se dan sin esperar, <strong>pondré hoy mi vida también en juego, a caminar.</strong></p>
<p>Miguel Márquez Calle, ocd</p>
<h1 class="elementor-heading-title elementor-size-default"><a href="https://cipecar.org/blogs-firmas/miguel-marquez/amar-no-es-acertar/" target="_blank" rel="noopener"><strong>Amar no es acertar</strong></a></h1>
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		<title>¿Reír en la derrota?</title>
		<link>https://cipecar.org/blogs-firmas/miguel-marquez/amar-no-es-acertar/reir-en-la-derrota/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 13 Sep 2014 18:04:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amar no es acertar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>He estado a ver a Dori&#8230; está recibiendo los ciclos de quimioterapia, y hoy no estaba muy allá&#8230; Se encuentra débil y no le acompaña el ánimo. No es sólo que la enfermedad nos fatigue físicamente, es que muchas veces se le une un desmoronamiento del ánimo. En tantas ocasiones descubrimos que la estabilidad, la [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>He estado a ver a Dori&#8230; está recibiendo los ciclos de quimioterapia, y hoy no estaba muy allá&#8230; Se encuentra débil y no le acompaña el ánimo. No es sólo que la enfermedad nos fatigue físicamente, es que muchas veces se le une un desmoronamiento del ánimo.</p>
<p>En tantas ocasiones descubrimos que la estabilidad, la consistencia de nuestra vida se nos escurre como agua, y ya no nos sentimos nosotros mismos. Hay épocas en las que no nos reconocemos, y el dolor interno es mucho mayor que cualquier quebranto físico. <strong>¿Qué haces tú cuando no te reconoces a ti mismo?</strong></p>
<p>Hay una lectura bíblica que recuerda la derrota de Israel y la captura del Arca de la Alianza por parte de los filisteos. Se narra en el libro primero de Samuel, capítulo cuarto. Por dos veces es derrotado el pueblo elegido. A veces, la historia sagrada es como el relato triunfal e ingenuo de un pueblo que, protegido por Dios, vence a todos los enemigos que se le pongan por medio. Nada más lejos de la realidad. Y el texto del primer libro de Samuel es una ayuda para tiempos en los que el cuerno de la victoria no suena, (no tiene por qué sonar siempre), y porque con mucha frecuencia nunca crece tanto la vida como cuando aceptamos nuestra fugacidad.</p>
<p>Por cuántas derrotas han de pasar los que realmente vencen en este mundo, cuántas veces tenemos que bordear la sensación de soledad, de fracaso, de incapacidad&#8230; para darnos cuenta de que algo que no conocemos nos puede ser regalado más al fondo. Y que <strong>algunas de las cosas más importantes que nos han sucedido en la vida coinciden con momentos de estar muy perdidos.</strong></p>
<p>Me he dado cuenta de que nunca escucho tan bien a los otros como cuando me hago consciente de mi pequeñez. Nunca somos tan mágicos como cuando descubrimos hasta qué punto somos derribables y vulnerables. La capacidad de ponerse alguien en lugar de otro depende mucho del descenso que hagas a tus propias raíces.</p>
<p>¿Quién nos dijo que teníamos que ser fuertes y no llorar, y no reconocer la sombra?</p>
<p>Otro texto del Evangelio nos habla de un leproso&#8230; En nuestra sociedad podríamos poner otros casos&#8230; el leproso estaba apartado, excluido, maldito&#8230; no le cabía esperar un futuro digno.</p>
<p>En ese hombre derrotado va a suceder una historia preciosa de vida, en dos sentidos, en sentido físico, pero, sobre todo, en sentido profundo&#8230; Le descoloca a Jesús provocando en él la curación. Como el paralítico del evangelio&#8230;</p>
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		<title>Tic Tac. El ahora es nuestro tiempo</title>
		<link>https://cipecar.org/blogs-firmas/miguel-marquez/amar-no-es-acertar/tic-tac-el-ahora-es-nuestro-tiempo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Sep 2014 11:10:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amar no es acertar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Estoy en el grupo de oración, en silencio, con otras personas, intentando serenarme después de un día ajetreado, y solo después de un rato me doy cuenta del sonido inconfundible del reloj&#8230; que a veces casi molesta&#8230; Me recuerda el viejo reloj en la habitación de los abuelos, en la casa del pueblo, aquel reloj [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Estoy en el grupo de oración, en silencio, con otras personas, intentando serenarme después de un día ajetreado, y solo después de un rato me doy cuenta del sonido inconfundible del reloj&#8230; que a veces casi molesta&#8230;</p>
<p>Me recuerda el viejo reloj en la habitación de los abuelos, en la casa del pueblo, aquel reloj que hacía tanto ruido que nunca supe cómo podían ellos dormir, y no digamos cuando sonaba como despertador, aunque pocas veces tenían ellos necesidad de ponerlo.</p>
<p>De pronto, el tic tac del reloj en la pared ahora, en lugar de molestarme, me sorprende, me hace muy vivo cada sonido, y me recuerda que el tiempo pasa, que cada momento es como un grano diminuto en el reloj de arena, y que de muchos granos está hecha la vida, mirada desde la distancia de los que ya se fueron, de un puñado de granos, apenas un montoncillo.</p>
<p>El pensamiento se me va a quien ha encontrado su príncipe azul, y a quien tiene que pedir la mano de su prometida; ¿quién no estaba ayer algo o muy pendiente de este cuento real? Y mientras sigue sonando el tic tac, pienso en la mano que tengo que pedir yo, en el regalo que hacer sin protocolos para agradecer y corresponder a mi prometida&#8230; Que nadie se asuste, de momento.</p>
<p>Sigue sonando el tic tac del reloj de la vida, y me siento empujado a pensar que mi historia discurre en un tic tac lleno de posibilidades, y no puedo envidiar a nadie que consiga su princesa o su príncipe, porque a mí se me está ofreciendo en cada fracción de tiempo la ocasión de enamorarme de la vida, de volver a pedir la mano de este ahora irrepetible, con la ingenuidad y el encanto de la primera vez.</p>
<p>Lejos de agobiarme ese machacante paso del tiempo repetido en el tic tac, me hace muy presente la belleza de cada momento. Se me ha concedido el don de la vida, y una vida llena de posibles aventuras, riesgos y amor.</p>
<p>Ha pasado mucho tiempo desde que oía el viejo reloj de la abuela, desde mi habitación vecina junto a las cuadras, y mi hermano, al que tuve en brazos cuando nació y al que cuidaba, mañana se casa ya, ¡parece mentira!</p>
<p>El tiempo pasa, y es como lo describió tan bellamente Michael Ende, al hablar de las flores horarias&#8230;</p>
<p><em>«Era una flor de belleza tal, que Momo no la había visto nunca. Parecía componerse solamente de colores luminosos. Momo nunca había sospechado que esos colores siquiera existieran. El péndulo se detuvo un momento sobre la flor y Momo se ensimismó totalmente en su visión, olvidando todo lo demás. El aroma le parecía algo que siempre había deseado sin saber de qué se trataba.</em></p>
<p><em>Pero entonces, muy lentamente, el péndulo volvió a oscilar hacia el otro lado. Y mientras, muy poco a poco, se alejaba, Momo vio, consternada, que la maravillosa flor comenzaba a marchitarse. Una hoja tras otra caía y se hundía en la negra profundidad.</em></p>
<p><em>Cuando el péndulo hubo llegado al centro del estanque, la extraordinaria flor había desaparecido del todo. Pero al mismo tiempo comenzaba a salir, al otro lado del estanque, del agua negra, otro capullo. Y mientras el péndulo se acercaba lentamente a él, Momo vio que el capullo que comenzaba a abrirse era mucho más hermoso todavía. La niña dio la vuelta al estanque para verlo de cerca.</em></p>
<p><em>Era totalmente diferente a la flor anterior. Tampoco los colores de ésta los había visto jamás Momo, pero le pareció que era todavía más rica y preciosa que la anterior. Tenía un olor completamente diferente, más maravilloso, y cuanto más la miraba Momo, más detalles extraordinarios descubría» </em>(Michael Ende, <em>Momo)</em>.</p>
<p><strong>Esta flor de mi ahora esconde la más bella de las princesas, eso me dice mi fe, eso me dice mi Dios.</strong></p>
<p><strong>No vale la pena apresar el tiempo que se disfruta solo si se sabe perder, y vivir.</strong></p>
<p>Al final se nos regalará un reloj sin manecillas para jugar y reír con Dios y con todos vosotros, pero por ahora, <strong>el ahora es nuestro tiempo</strong>. ¡Qué bien!</p>
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			</item>
		<item>
		<title>¿Estatuas sin vida?</title>
		<link>https://cipecar.org/blogs-firmas/miguel-marquez/amar-no-es-acertar/estatuas-sin-vida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 May 2014 18:47:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amar no es acertar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Son las 12 de la noche… paseo con un compañero, conversando por las calles de Salamanca, llenas de misterio y encanto, llenas de historias de otros tiempos, historias que todavía es posible escuchar, si pegas el oído a sus piedras, si preguntas a sus estatuas, que te hablen de su aventura, de sus amores, de [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Son las 12 de la noche… paseo con un compañero, conversando por las calles de Salamanca, llenas de misterio y encanto, llenas de historias de otros tiempos, historias que todavía es posible escuchar, si pegas el oído a sus piedras, si preguntas a sus estatuas, que te hablen de su aventura, de sus amores, de sus decepciones, que te digan qué repetirían, por dónde no volverían a pasar, en qué gastarían sus días si estuvieran aquí… Nebrija, Unamuno, fray Luis,P. Cámara, P. Vitoria, Colón, Gabriel y Galán, Santa Teresa, San Juan de la Cruz…</p>
<p>Voy paseando con mi amigo, mientras disfrutamos de estos instantes, que a él pronto se le acabarán, porque termina sus estudios y regresa a Italia, su país. El paseo se hace aún más melancólico y sentido. Vamos de regreso… Atravesamos la plaza de San Marcos… Allí, a los pies de una estatua granítica, una pareja se besa, ajena a nuestra presencia y, mucho más ajena a la mirada de la estatua. ¡Claro, las estatuas no tienen ojos, ni corazón, diréis! Y razón tenéis… pero solo en parte.</p>
<p>La imagen se me antoja simpática: dos jóvenes entrelazados y una estatua de granito, que representa a un fraile mercedario, que vivió entre los siglos XVI y XVII, y pasó por Salamanca en los años 1607-1616. ¿Los enamorados y la estatua? ¿El calor y la frialdad? ¿La vida y el recuerdo? ¿El corazón que late y la historia que ha sido petrificada? ¿Qué tiene que ver un fraile del XVI con dos amantes del XXI? Tal vez más de lo que imaginas…</p>
<p>Si aquel fraile, aparentemente impasible y serio, no fuera Tirso de Molina, pensaría que la presencia de los cariñosos amantes sería un agravio para su memoria. Y, sin embargo, algo me dice que no le desagrada lo que a sus pies sucede. De hecho, al pasar cerca de la escena, la imagen del mercedario se me hace viva, simpática, incluso tierna, y mirándonos a los dos paseantes, con guiño y movimiento de cabeza pícaro, nos dice: mirad cómo se quieren.</p>
<p>En realidad, todas las estatuas encierran un corazón que aún late, que vibra dentro del granito o del bronce: Tirso de Molina, Unamuno, Teresa de Jesús, Nebrija, fray Luis… y muchos más, nos están viendo, nos miran, siguen latiendo. Cada uno de ellos en su estatua recuerda nuestra propia historia.</p>
<p>Cuando paséis cerca de alguna de ellas escuchad, escuchad con respeto: todas ellas hablan de una sola cosa, de amor, de vida intensamente vivida, en medio de dificultades,aprietos y afanes como los nuestros. Si te hablaran hoy, una cosa te dirían: no dejes apagar el amor. No malgastes esta preciosa historia que se te regala.</p>
<p>Nuestra vida corre peligro de convertirse en granítica, marmórea, desapasionada, y nuestra mirada suspicaz, recelosa, condenatoria… ¡No apaguéis el pábilo vacilante, la brasa que alienta! Dios es Amor, no otra cosa.</p>
<p>Mientras volvíamos a casa para descansar, a los pies de una estatua, dos jóvenes se besaban, y fray Tirso de Molina repetía como la primera vez:</p>
<blockquote>
<p>Hagan plaza, den entrada,</p>
<p>que viene triunfando Amor</p>
<p>de una batalla mortal</p>
<p>en que ha sido vencedor.</p>
</blockquote>
<p>¡Ojala en vuestra fugaz historia venza de todas las batallas el amor!</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Las huellas del demonio hoy</title>
		<link>https://cipecar.org/blogs-firmas/miguel-marquez/amar-no-es-acertar/las-huellas-del-demonio-hoy/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Oct 2013 10:32:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amar no es acertar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ha sido escuchando unas clases sobre Las Moradas de Santa Teresa que he vuelto a oír la palabra demonio, que tan presente está en el siglo XVI y en la experiencia teresiana como explicación del mal. Ha habido tiempos en que el demonio se identificaba claramente a través de visiones, revelaciones, y se le atribuían [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Ha sido escuchando unas clases sobre Las Moradas de Santa Teresa que he vuelto a oír la palabra demonio, que tan presente está en el siglo XVI y en la experiencia teresiana como explicación del mal.</p>
<p>Ha habido tiempos en que el demonio se identificaba claramente a través de visiones, revelaciones, y se le atribuían fácilmente todas las cosas negativas, y todas las tentaciones.</p>
<p>Dice el cardenal Joseph Ratzinger, nada sospechoso de herejía, que el demonio es la no-persona. La destrucción del ser. El demonio es lo que impide que habitemos nuestra casa, que encontremos nuestro lugar en el centro de nosotros mismos, que entremos en el castillo interior donde nos aguarda Dios, donde siempre está.</p>
<p>Esta explicación me gusta mucho: lo que destruye la persona, la divide, la aleja de su hogar, de su centro.</p>
<p>Tal vez, el problema hoy de muchos cristianos, creyentes o ciudadanos es que no tenemos suficientemente presente el Mal, un Mal con mayúsculas, que no se hace presente en visiones, pero cuyo olor se percibe a poco que alces la mirada.</p>
<p>Esta semana he visto al demonio, al menos su huella y el rastro de sus garras:</p>
<ul>
<li>
En el rostro de algunas mujeres maltratadas
</li>
<li>
En los cadáveres de náufragos marroquíes
</li>
<li>
En la injustificada guerra en tantos lugares y en los atentados de todos los países
</li>
<li>
En la destrucción imparable de palestinos y judíos
</li>
<li>
En la desunión y división de tantas personas, familias y pueblos
</li>
</ul>
<p>Pero esa huella del demonio, o como queráis llamarlo, que tan fácilmente nos resulta distinguir en esos rostros mencionados, también la percibo aquí muy cerca, en mi propio corazón que se endurece, que se repliega sobre sí, que se relaciona con los demás a base de violencia, de juicio, de olvido&#8230;</p>
<p>Jesús dijo: «Sed sencillos como palomas y astutos como serpientes». Yo me pregunto si no estamos desatendiendo exageradamente la segunda parte de la advertencia de Jesús («astutos como serpientes»), si somos conscientes del Mal sumergido en nuestro tiempo, tan justificado cuando va vestido de decisiones políticas, de partido, o refrendado por quienes tienen poder, del tipo que sea.</p>
<p>Teresa visita el infierno, y esta espantable visión la deja de tal forma impresionada, que el corazón se le enciende más aún de compasión, de solidaridad hacia los pecadores, hacia el mundo. Ella misma dice que la mejor medicina contra el Mal es no tenerle miedo, no apocarse.</p>
<p>Nos lo dice el evangelio de forma tan explícita y bella: «Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación». Es verdad que hay muchos demonios sueltos por ahí, entonces, ¿por qué no convertirnos en ángeles, ángeles de luz, de paz, de solidaridad compasiva?</p>
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		<title>Descubrir el tesoro y equivocarse</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Sep 2013 16:12:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amar no es acertar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Llego de vacaciones con la impresión viva de paisajes, personas, momentos, que guardaré como en un cofre para que pongan calor en los días nublados del invierno, para no ceder a la tentación de pensar que el gris es el tono predominante. Para aceptar, que si la primavera es hermosa lo es porque llueve. Y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Llego de vacaciones con la impresión viva de paisajes, personas, momentos, que guardaré como en un cofre para que pongan calor en los días nublados del invierno, para no ceder a la tentación de pensar que el gris es el tono predominante. Para aceptar, que si la primavera es hermosa lo es porque llueve. Y hay que vivir la lluvia, para entender la vida.</p>
<p>Siempre nos queda la memoria de lo vivido para que ponga luz a los momentos decaídos.</p>
<p>Os invito a todos a bucear en el cofre de los recuerdos cuando las cosas se tornen grises&#8230; rescatar tanto don inesperado. Ahora que comenzamos un curso, con sus agobios y tensiones, reuniones, programaciones, calendarios, etc. y nos ponemos en camino, el cuerpo va cogiendo ritmo, pasamos una cierta crisis otoñal.</p>
<p>Aparte de los recuerdos, me he traído de las vacaciones el deseo de no desperdiciar el año, de no quedarme en los lamentos, y poner en práctica algunas de las cosas que se me han regalado en la lectura: <em>«en cualquier ruina suele haber un tabernáculo, una cámara del tesoro o una tumba que han sido desvalijados. En la ruina de un hombre ese lugar secreto y vacío es el alma&#8230;»</em></p>
<p>Un curso para descubrir el tabernáculo, la cámara del tesoro&#8230; que está dentro de mí, sin esperar a final de curso, y pensarme rico de tanto como se me ha regalado ya, no mañana.</p>
<p>Un curso para arriesgar. Acepto la invitación de un hombre sabio y solitario, un monje:</p>
<blockquote><p>Diré sólo una cosa: abran el corazón al Espíritu.</p>
<p>Se dirá que entonces se corre un gran riesgo: Arriesguen.</p>
<p>Habrá quien advierta: «se van a equivocar»: Equivóquense.</p>
<p>No hay lección mejor aprendida que la que ha costado algún error.</p>
<p>Equivóquense, eso les permitirá aprender mejor la lección.</p>
<p>Y yo espero, cuando tenga algunos años más, poder constatar que mi total confianza en los jóvenes de hoy no se ha visto defraudada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Dom. Bernardo Olivera, Abad General OCSO)</p></blockquote>
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		<title>Se reían de él&#8230; la autoridad en la iglesia…</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Sep 2013 12:09:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amar no es acertar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ayer una joven me disparó esta pregunta: ¿dónde podría encontrar un maestro con experiencia para que oriente mi camino? No supe darle respuesta. No sé si a vosotros os preocupa una cosa que a mí me tiene cogido este tiempo: cuando hablamos de política, de religión, de ética, de sociedad&#8230; quién es creíble, quién convence. [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer una joven me disparó esta pregunta: ¿dónde podría encontrar un maestro con experiencia para que oriente mi camino? No supe darle respuesta.</p>
<p>No sé si a vosotros os preocupa una cosa que a mí me tiene cogido este tiempo: cuando hablamos de política, de religión, de ética, de sociedad&#8230; quién es creíble, quién convence. Tengo la impresión de que no abundan los maestros, y lo que es peor, de que no hay fe en la palabra, ni en las palabras de casi nadie. Por supuesto, tampoco en las palabras de la Iglesia.</p>
<p>Al salir de una película hace unos días, en la que la Iglesia no queda muy bien parada, una chica decía a sus amigos: «<em>Mira que la Iglesia me caía mal, pero ahora, mucho más&#8230; ¡manda huevos!» </em>A la chica no le preocupaba si la película narraba cosas reales o si era tendenciosa, se tragó la película y asumió la visión negativa de la jerarquía con toda ingenuidad y, podríamos decir, con toda estupidez.</p>
<p>Estos días me pregunto dónde debería estar yo situado para tener una palabra válida, para no ser de aquellos de los que Jesús decía: haced lo que dicen pero no hagáis lo que hacen&#8230; Dónde está la Iglesia que cuestiona, que cuando habla del hambre lo dice porque a ella le duele el estómago, la Iglesia que cuando habla de liberar sabe de cárcel y amenaza, que es capaz de encararse con los poderes de este mundo porque no tiene nada que perder y mucho que ganar, dónde está la Iglesia que crea opinión y remueve porque no tiene miedo de equivocarse tomando partido, que no espera a tener la respuesta más perfecta, porque entonces siempre es demasiado tarde, dónde está la Iglesia que antes de hablar ha escuchado, que antes de juzgar quiere y respeta a la persona sea de la condición y de la creencia o increencia que sea&#8230; Dónde está la Iglesia que sabe olvidarse de su propia supervivencia a favor de los otros.</p>
<p>Tal vez nuestros discursos llevan mucho tiempo defendiendo lo que es accesorio en nuestra vida, demasiado tiempo argumentando para justificarnos a nosotros, en lugar de emplear toda nuestra agudeza en que brille Cristo y un Dios que es vida. «Un bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto» (Mc 6).</p>
<p>Me pregunto qué es lo que más me preocupa cuando salgo a predicar al oír estas palabras del evangelio: «Se reían de él»&#8230;</p>
<p>Fijaos en lo que dice aquel sabio de la antigüedad acerca de la autoridad:</p>
<blockquote>
<p>¿Qué han hecho el río y el mar</p>
<p>para ser reyes de los cien valles?</p>
<p>Se han puesto debajo de ellos</p>
<p>y por eso reinan en los cien valles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el santo quiere estar encima del pueblo,</p>
<p>que sepa primero hablar con humildad.</p>
<p>Si quiere encabezar el pueblo,</p>
<p>que se ponga en el último lugar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así está el santo encima del pueblo</p>
<p>y no le parece pesado,</p>
<p>dirige al pueblo y no hace sufrir al pueblo.</p>
<p>Con gusto le ponen a la cabeza</p>
<p>y no se cansan de él.</p>
<p>Como no rivaliza con nadie,</p>
<p>nadie rivaliza con él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lao Tse</p>
</blockquote>
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		<title>Cuando Dios lo quiere</title>
		<link>https://cipecar.org/blogs-firmas/miguel-marquez/amar-no-es-acertar/cuando-dios-lo-quiere/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Jul 2013 11:22:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amar no es acertar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hace unos días me ha enviado una amiga un poema de Walt Whitman, que se me ha colado dentro y quiero compartir con vosotros: Permanezco curioso en el tiempo, observando los esfuerzos de los héroes, ¿es larga la demora? ¿amarga la calumnia, la pobreza, la muerte? ¿resiste la semilla sin cuidados durante siglos en el [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días me ha enviado una amiga un poema de Walt Whitman, que se me ha colado dentro y quiero compartir con vosotros:</p>
<blockquote>
<p>Permanezco curioso en el tiempo,</p>
<p>observando los esfuerzos de los héroes,</p>
<p>¿es larga la demora? ¿amarga la calumnia, la pobreza, la muerte?</p>
<p>¿resiste la semilla sin cuidados durante siglos en el suelo?</p>
<p>Mira que cuando Dios así lo quiere,</p>
<p>se levanta en la noche, brota, florece,</p>
<p>y llena la tierra de utilidad y belleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Walt Whitman </p>
</blockquote>
<p>Comienza invitando a esa actitud tan importante que es la curiosidad y la observación. Estar atento, con los ojos abiertos. Observo a los héroes, los que han encendido mi vida. Me enardecen los que llegan a arriesgar la vida, aunque nadie los vea. Los héroes silenciosos, anónimos, los que viven detalles quenunca serán agradecidos, ni pagados. Y ¡cuántos de ellos hay entre nosotros!</p>
<p>Pero, al volver la vista a nosotros, no nos sentimos héroes, precisamente. Muchas veces se nos hace difícil esperar, la demora es larga. Y la calumnia, la pobreza y la muerte amenazan de mil formas con ahogar nuestro sueño, nuestro deseo de nacer de nuevo cada mañana.</p>
<p>Sin embargo, el poema habla de una semilla, que es como el tesoro, el don de cada uno&#8230; una semilla que no está destinada a malograrse, no.</p>
<p>Los tres últimos versos del poema dan la clave:</p>
<p>Cuando Dios lo quiere&#8230; en la noche, se levanta, brota, florece y llena la tierra de utilidad y belleza: tu semilla no está destinada a perderse.</p>
<p>Hoy no tengo ganas de mucha reflexión, tan sólo la alegría que tengo por dentro al sentir que esto es verdad, una de las verdades difíciles de explicar y más hermosas:</p>
<p>Él hace brotar, florecer la vida. Y, si estás atento y sabes esperar un poco, en desnudez y pobreza, descubrirás belleza y utilidad donde solo encontrabas fealdad y fracaso.</p>
<p>Estoy estos días en Segovia, en un lugar especialmente bello. Aquí vivió un hombre enamorado, Juan de la Cruz. Desde la huerta, en el hueco de la roca que mira a la alameda, pasaba horas, como dice el poema, atento, observando en paz la belleza del río, el alcázar, los árboles&#8230; Y, al mirar y contemplar, dejaba su vida en Aquel a quien llamaba su Amado.</p>
<p>Había descubierto que lo más hermoso de esta vida surge y nace en la espera de nuestra pobreza, pero nace&#8230; claro que sí.</p>
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		<title>Ayudar a dar a luz</title>
		<link>https://cipecar.org/blogs-firmas/miguel-marquez/amar-no-es-acertar/ayudar-a-dar-a-luz/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Jul 2013 19:26:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amar no es acertar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nunca fui buen estudiante, he olvidado casi todo, pero hubo un personaje de la filosofía de COU que me encandiló: Sócrates. Y especialmente su propuesta para ayudar a hacer brotar la verdad que hay en cada uno, lo que él llamaba la mayéutica. Al modo como su madre, que era partera, ayudaba a que nacieran [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Nunca fui buen estudiante, he olvidado casi todo, pero hubo un personaje de la filosofía de COU que me encandiló: Sócrates. Y especialmente su propuesta para ayudar a hacer brotar la verdad que hay en cada uno, lo que él llamaba la mayéutica. Al modo como su madre, que era partera, ayudaba a que nacieran los niños.</p>
<p>Para mí ésta es una de las tareas más hermosas de un cristiano, de un seguidor de aquel inigualable alumbrador y provocador de VIDA: Jesús.</p>
<p>Ayer me conmovió la conversación con una matrona aún maravillada con su profesión. Le pregunté por qué le gustaba tanto lo que hacía y me dijo que por el privilegio de dar la bienvenida a la vida, y por el regalo de la mirada del niño al nacer, alerta y sorprendida mirada, como si fuera de un anciano experimentado y a la vez también del niño con admiración virginal.</p>
<p>El niño es escurridizo, no te puedes descuidar, es algo tan diminuto y valioso&#8230;</p>
<p>Al parto le acompaña mucha angustia y dolor y se revelan algunas raíces de la persona. Impresiona mucho la contradicción y la rebeldía cuando el niño es no deseado.</p>
<p>Mientras me va contando cosas, me revela su mejor consejo: colaborar con la naturaleza. Ayudar con tu dolor a que el niño pase lo antes posible por ese túnel de angustia&#8230; tu dolor asumido, respirado, integrado empuja al niño.</p>
<p>Me cuenta de un padre un poco bruto que se negaba a acompañar a su mujer, hasta que ella le convenció y le invitó incluso a cortar el cordón umbilical de su hijo, como un gesto. Cómo lloraba luego con el niño en brazos&#8230; El ramo de flores más grande que le han regalado fue de aquellos padres.</p>
<p>Me conmuevo ante lo que escucho y me digo y os digo: ¿Y si nosotros así ayudáramos a hacer brotar la vida de las entrañas de cada uno? ¿No una vida impuesta desde fuera, sino la vida que alienta dentro? ¿Y si evangelizar fuera rescatar esa primera mirada del niño al nacer y que fuera verdad, virginalmente verdadera todos los días de la vida? ¿Y si dejáramos de pretender imponer, convencer, enseñar, dogmatizar&#8230; criticar, y lo nuestro fuera como fue lo de Jesús: señalar la vida que se esconde en la entraña dolida y angustiada de nuestro mundo?</p>
<p>Yo creo, que ésta es una de las tareas más hermosas de nuestra vida, y que nadie está excluido de participar:</p>
<p>Dar a luz y ayudar a que brote la vida&#8230; porque, por encima de todo, creemos en la vida, en un Dios de vida, cuya mirada es como la del niño al nacer; así me imagino yo la mirada de Dios.</p>
<p>Un abrazo a todos, desde lejos, pero cerca.</p>
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