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	<title>Fichas: Libro de la Vida archivos - Cipecar</title>
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	<title>Fichas: Libro de la Vida archivos - Cipecar</title>
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		<title>Tercer grado de oración</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Apr 2010 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fichas: Libro de la Vida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>TERCERA MANERA DE REGAR EL HUERTO, O TERCER GRADO DE ORACIÓN (Lo describe Santa Teresa en los capítulos 16 y 17 del libro de la Vida). 1.- Aspectos a tener en cuenta: Teresa relata su experiencia mística de unión del alma con Dios. Tiene 45 cuando experimenta estas gracias. La experiencia que tiene Teresa es [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>TERCERA MANERA DE REGAR EL HUERTO, O TERCER GRADO DE ORACIÓN</h2>
<p><em>(Lo describe Santa Teresa en los capítulos 16 y 17 del libro de la Vida).</em></p>
<h3>1.- Aspectos a tener en cuenta:</h3>
<ul>
<li>Teresa relata su experiencia mística de unión del alma con Dios. Tiene 45 cuando experimenta estas gracias.</li>
<li>La experiencia que tiene Teresa es pascual. Cristo se le aparece y le cambia la vida. Cristo se convierte en centro que la recoge y unifica desde dentro.</li>
<li>Narra un proceso. Lejos de la repetición y de la monotonía orante, Teresa es testigo de un avance, de un crecimiento en la experiencia del amor. Una vez más se cumple, que el amor o nos encuentra iguales o nos hace iguales.</li>
<li>Todo el relato es un diálogo de Teresa: con el P. García de Toledo, a quien se lo escribe, con el Señor, con la Escritura, con lo que pasa a su alrededor, con la historia de su vida&#8230;</li>
<li>Todo, pero de una manera especial el c. 16 es un texto escrito en la inmediatez de la gracia mística que ha recibido al comulgar por la mañana. Uno tiene la sensación de estar pisando tierra santa.</li>
<li>¿Qué sentido tienen estas experiencias para nosotros, a menudo tan lejos de ellas? <em>(Escuchamos el himno a la Alegría de Bethoven). </em>
<ul>
<li>Pueden servirnos para gozarnos en su belleza,</li>
<li>para alabar a Dios que hace tales maravillas,</li>
<li>para disponernos a recibirlas. «Pues dice vuestra merced que me quiere, en disponerse para que Dios le haga esta merced quiero que me lo muestre» (V 16,6).</li>
</ul>
</li>
</ul>
<h3>2.- La unión con Dios</h3>
<p>El hecho que le ha acaecido: «Muchas veces estaba así como desatinada y embriagada en este amor. «Bien entendía que era Dios, mas no podía entender entendía cómo obraba aquí» (V 16,2). «Porque en hecho de verdad están casi del todo unidas las potencias, mas no tan engolfadas que no obren» (V 16,2). «Solo tienen habilidad las potencias para ocuparse todas en Dios» (V 16,3). «Porque una merced es dar el Señor la merced, y otra es entender qué merced es y qué gracia, otra es saber decirla y dar a entender cómo es» (V 17,5).</p>
<p>Al tener que narrar este tercer grado de oración, no tiene, por tanto, intención de decir nada, pero&#8230;»me dio el Señor hoy, acabando de comulgar, esta oración&#8230; y me puso estas comparaciones y enseñó la manera de decirlo y lo que ha de hacer aquí el alma; que cierto, yo me espanté y entendí en un punto» (V 16,2). Tal es el influjo de esta gracia, que dirá un poco más adelante: «ni creo soy yo la que hablo desde esta mañana que comulgué. Parece que sueño lo que veo» (V 16,6). «No estoy fuera de esta santa locura celestial por vuestra bondad y misericordia» (V 16,4).</p>
<p>El protagonista. Lo tiene muy claro: «Casi Él es el hortelano y el que lo hace todo» (V 16,1). «Da el agua a la garganta, a esta alma, de la gracia» (V 16,1). La persona apenas tiene trabajo, «aunque alguno da el encaminar el agua» (V 16,1).</p>
<p>Las potencias están como dormidas. «Es un sueño de las potencias, que ni del todo se pierden ni entienden cómo obran» (V 16,2). «El gusto y suavidad y deleite es más sin comparación que lo pasado» (V 16,1).</p>
<blockquote><p>«No me parece que es otra cosa sino un morir casi del todo a todas las cosas del mundo y estar gozando de Dios» (V 16,1). «Es un glorioso desatino, una celestial locura, adonde se desprende la verdadera sabiduría y es deleitosísima manera de gozar el alma» (V 16,1).</p></blockquote>
<p>Es una experiencia de Transfiguración, como una continuación del Magnificat de María. «Háblanse aquí muchas palabras en alabanzas de Dios sin concierto, si el mismo Señor no las concierta» (V 16,3). «Querría dar voces en alabanzas el alma; y está que no cabe en sí; un desasosiego sabroso» (V 16,3). «Aquí querría el alma que todos la viesen y entendiesen su gloria para alabanzas de Dios, y que la ayudasen a ella, y darles parte de su gozo, porque no puede tanto gozar» (V 16,3).</p>
<p>Recuerda el texto bíblico cuando la mujer llama a las vecinas para compartir con ellas su alegría (LC 15,9). También se acuerda de David, cuando tañía y cantaba con el arpa. Se sabe muy devota de este santo (cf V 16,3). «Toda ella querría fuese lenguas para alabar al Señor. Dice mil desatinos santos, atinando siempre a contentar a quien la tiene así» (V 16,4).</p>
<p>«Yo sé persona que, con no ser poeta, que le acaecía hacer de presto coplas muy sentidas» (V 16,4). (PowerPoint: OH hermosura que excedéis a todas las hermosuras&#8230;).</p>
<p>«¿Qué se le pondrá entonces delante de tormentos que no le fuese sabroso pasarlos por su Señor? Ve claro que no hacían nada los mártires de su parte en pasar tormentos, porque conoce bien el alma viene de otra parte la fortaleza» (V 16,4). (El P. Báñez corrige y dice «casi nada», pero Fray Luis de León, al preparar su edición, no sigue al censor sino a la autora).</p>
<blockquote><p>«¿Qué sentirá de tornar a tener seso para vivir en el mundo, y de haber de tornar a los cuidados y cumplimientos de él?» (V 16,4).</p></blockquote>
<p>Después de todo esto, dice Teresa: «no me parece he encarecido cosa que no quede baja en este modo de gozo que el Señor quiere en este destierro que goce un alma. ¡Bendito seáis por siempre, Señor! ¡Alaben os todas las cosas por siempre!» (V 16,4).</p>
<p>«Que o estén todos los que yo tratare locos de vuestro amor, o permitáis que no trate yo con nadie, u ordenad, Señor, cómo no tenga ya cuenta en cosa del mundo o me sacad de él. ¡No puede ya, Dios mío, esta vuestra sierva sufrir tantos trabajos como de verse sin Vos le vienen» (V 16,5). «Querría ya esta alma verse libre» (V 16,5) yvolar como un águila. «El comer la mata; el dormir la congoja&#8230; ya no querría vivir en sí sino en Vos» (V 16,5).</p>
<p>«Cuando se acuerda que no os ha servido en nada, y que viviendo os puede servir, querría cargarse muy más pesada y nunca hasta el fin del mundo morirse. No tiene en nada su descanso, a trueco de haceros un pequeño servicio. No sabe qué desee, mas bien entiende que no desea otra cosa sino a Vos» (V 16,5).</p>
<blockquote><p>«No querría ver sino enfermos de este mal que estoy yo ahora&#8230; Seamos todos locos por amor de quien por nosotros se lo llamaron» (V 16,6).</p></blockquote>
<p>«Este concierto querría hiciésemos los cinco que al presente nos amamos en Cristo, que como otros en estos tiempos se juntaban en secreto para contra Su Majestad y ordenar maldades y herejías, procurásemos juntarnos alguna vez para desengañar unos a otros, y decir en lo que podríamos enmendarnos y contentar más a Dios; que no hay quien tan bien se conozca a sí como conocen los que nos miran, si es con amor y cuidado de aprovecharnos» (V 16,7).</p>
<p>Pero, «no se usa ya este lenguaje. Hasta los predicadores van ordenando sus sermones para no descontentar. Buena intención tendrán y la obra lo será; mas ¡así se enmiendan pocos! Mas ¿cómo no son muchos los que por los sermones dejan los vicios públicos? ¿Sabe qué me parece? Porque tienen mucho seso los que los predican. No están sin él, con el gran fuego de amor de Dios, como lo estaban los Apóstoles, y así calienta poco esta llama. No digo yo que sea tanta como ellos tenían, mas querría que fuese más de lo que veo» (V 16,7).</p>
<p>Y como un hondo suspiro termina: «¡Oh gran libertad» (V 16,8). «Rompa vuestra merced esto que he dicho, si le pareciere, y tómelo por carta para sí, y perdóneme, que he estado muy atrevida» (V 16,8).</p>
<p>Queda Santa Teresa contenta de lo que ha dicho. «Razonablemente está dicho de este modo de oración y lo que ha de hacer el alma o, por mejor decir, hace Dios en ella, que es el que toma ya el oficio de hortelano y quiere que ella huelgue. Solo consiente la voluntad en aquellas mercedes que goza. Y se ha de ofrecer a todos lo que en ella quisiere hacer la verdadera sabiduría» (V 17,1).</p>
<p>«Las virtudes quedan ahora más fuertes&#8230; que el alma no las puede ignorar, porque se ve otra y no sabe cómo. Comienza a obrar grandes cosas con el olor que dan de sí las flores, que quiere el Señor se abran para ella vea que tiene virtudes&#8230;que el celestial hortelano se las dio» (V 17,3).</p>
<p>«Aquí es muy mayor la humildad&#8230; porque ve más claro que poco ni mucho hizo, sino consentir que la hiciese el Señor mercedes y abrazarlas la voluntad» (V 17,3).</p>
<blockquote><p>«¡Sea alabado por todos los siglos de los siglos por todo, amén» (V 17,8).</p></blockquote>
<h3>3.- Habla de otras dos maneras de unión con Dios, menos perfectas que la anterior. Destacamos algunos aspectos que nos pueden ayudar</h3>
<p>¿Qué pasa cuando el entendimiento y la voluntad están unidos al Señor, pero no la memoria y la imaginación? «¿Cuándo, mi Dios, ha de estar toda junta mi alma en vuestra alabanza y no hecha pedazos, sin poder valerse a sí?» (V 17,5). ¿Cómo afrontar este desasosiego? El desasosiego lo compara «a las maripositas de las noches&#8230; porque aunque no tiene fuerza para hacer ningún mal, importuna a los que la ven» (V 17,6). Al cabo de los años ha encontrado una solución: «Que no se haga caso de ella más que de un loco, sino dejarla con su tema, que solo Dios se la puede quitar» (V 17,7). «Hemos de sufrir con paciencia, como hizo Jacob a Lía, porque harta merced nos hace el Señor que gocemos de Raquel» (V 17,7; Gen 29,16ss).</p>
<p>Está la voluntad atada y gozando. Y el entendimiento y memoria, tan libres, que pueden tratar en negocios y entender en obras de caridad. La persona puede hacer de Marta y de María. «Así que está casi obrando juntamente en vida activa y contemplativa, y entender en obras de caridad y negocios que convengan a su estado» (V 17,4). «En teniendo tiempo de soledad o desocupación de negocios, venga el alma a muy sosegada quietud&#8230; No le satisface ni querría entonces contento del mundo, porque en sí tiene el que le satisface más: mayores contentos de Dios, deseos de satisfacer su deseo, de gozar más, de estar con Él. Esto es lo que quiere» (V 17,4).</p>
<h3>Textos para orar</h3>
<blockquote>
<p>«Estar con Él. Esto es lo que quiere» (V 17,4).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Muchas veces estaba así como desatinada y embriagada en este amor. Bien entendía que era Dios, mas no podía entender entendía cómo obraba aquí» (V 16,2).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Él es el hortelano y el que lo hace todo» (V 16,1).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Háblanse aquí muchas palabras en alabanzas de Dios sin concierto, si el mismo Señor no las concierta» (V 16,3).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Toda ella querría fuese lenguas para alabar al Señor. Dice mil desatinos santos, atinando siempre a contentar a quien la tiene así» (V 16,4).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Bendito seáis por siempre, Señor! ¡Alaben os todas las cosas por siempre!» (V 16,4).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Querría ya esta alma verse libre&#8230; ya no querría vivir en sí sino en Vos» (V 16,5).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«No tiene en nada su descanso, a trueco de haceros un pequeño servicio. No sabe qué desee, mas bien entiende que no desea otra cosa sino a Vos» (V 16,5).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Seamos todos locos por amor de quien por nosotros se lo llamaron» (V 16,6).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Este concierto querría hiciésemos los cinco que al presente nos amamos en Cristo, que procurásemos juntarnos alguna vez para desengañar unos a otros, y decir en lo que podríamos enmendarnos y contentar más a Dios» (V 16,7).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Aquí es muy mayor la humildad&#8230; porque ve más claro que poco ni mucho hizo, sino consentir que la hiciese el Señor mercedes y abrazarlas la voluntad» (V 17,3).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Cuándo, mi Dios, ha de estar toda junta mi alma en vuestra alabanza y no hecha pedazos, sin poder valerse a sí?» (V 17,5).</p>
</blockquote>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El libro de la Vida en la Pascua</title>
		<link>https://cipecar.org/maestros-de-oracion/santa-teresa-de-jesus/fichas-libro-de-la-vida/el-libro-de-la-vida-en-la-pascua/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Apr 2010 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fichas: Libro de la Vida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>ENCUENTRO GOT ZONA NORTE 1.- La vida de Teresa de Jesús es un fruto de la Pascua La Pascua es el paso del Señor, que saca de la muerte la vida, de la tristeza la alegría, de la soledad músicas nunca oídas. Lo propio del Señor es sacar. Con la música de Carros de fuego. [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2>ENCUENTRO GOT ZONA NORTE</h2>
<h3>1.- La vida de Teresa de Jesús es un fruto de la Pascua</h3>
<p>La Pascua es el paso del Señor, que saca de la muerte la vida, de la tristeza la alegría, de la soledad músicas nunca oídas. Lo propio del Señor es sacar.</p>
<p>Con la música de Carros de fuego. Una persona escenifica este sacar de la Resurrección, mostrando una planta escondida, una luz oculta y el Libro de la Vida.</p>
<p>El Libro de la Vida es una experiencia de resurrección, de encuentro con Cristo resucitado. Teresa es una mujer que ha renacido del encuentro con Cristo a quien ha mirado resucitado.</p>
<blockquote><p>«Miradle resucitado; que solo imaginar cómo salió del sepulcro os alegrará. Mas ¡con qué claridad y con qué hermosura! ¡Con qué majestad, qué victorioso, qué alegre!» (Santa Teresa).</p></blockquote>
<h3>2.- El rostro de Teresa</h3>
<p>(Se proyecta el rostro de Teresa en la pantalla. Lo miramos un momento).</p>
<p>Una de las maravillas del cine es que te permite ver rostros de cerca. Teresa, tan habituada a mirar -podemos decir que es una mujer que mira, que habla con la mirada, que comunica, que dialoga-, sobre todo tan habituada a mirar a Cristo, «hermosura que excede a todas las hermosuras» y a dejarse mirar por Él, «mira que te mira», se deja ahora mirar por nosotros.</p>
<h4>Recordamos a dos testigos&#8230; Los dos la quisieron mucho</h4>
<p><strong>María de San José,</strong> en su libro de las Recreaciones, ya muerta Teresa, describe así a las nuevas monjas que han llenado el Carmelo a su querida Madre Teresa. Se nota que la había mirado y remirado mucho -¡qué suerte la suya!-:</p>
<p>Era esta santa de mediana estatura, antes grande que pequeña; tuvo en su mocedad fama de muy hermosa, y hasta en su última edad mostraba serlo. Era su rostro nonada común sino extraordinario, y de suerte que no se puede decir redondo ni aguileño, los tercios de él iguales, la frente ancha e igual y muy hermosa, las cejas de color rubio oscuro con poca semejanza de negro, anchas y algo arqueadas, los ojos negros, vivos y redondos, no muy grandes, mas muy bien puestos; la nariz redonda y en derecho de los lagrimales, para arriba disminuida hasta igualar con las cejas, formando un apacible entrecejo, la punta redonda y un poco inclinada para abajo, las ventanas arqueaditas y pequeñas y toda ella no muy desviada del rostro.</p>
<p>Mal se puede con pluma pintar la perfección que en todo tenía: la boca, de muy buen tamaño; el labio de arriba delgado y derecho, el de abajo grueso y un poco caído, de muy linda gracia y color, y así la tenía en el rostro, que con ser ya de edad y muchas enfermedades, daba gran contento mirarla y oírla, porque era muy apacible y graciosa en todas sus palabras y acciones.</p>
<p>Era gruesa más que flaca y en todo bien proporcionada; tenía muy lindas manos, aunque pequeñas; en el rostro, al lado izquierdo, tenía tres lunares levantados como verrugas pequeñas, en derecho unos de otros, comenzando desde abajo de la boca el que mayor era, y el otro entre la boca y nariz, el último en la nariz, más cerca de abajo que de arriba.</p>
<p>«Era en todo perfecta &#8230;» (Libro de Recreaciones, octava recreación).</p>
<p><strong>Fray Luis de León</strong>, el gran teólogo salmantino que quedó deslumbrado ante Teresa y la presentó en la sociedad. Dice estas cosas en una carta de presentación, una larga presentación que no tiene desperdicio, para la publicación del libro de la Vida. Leemos solo algunos párrafos:</p>
<p>«Yo no conocí, ni vi a la santa madre Teresa de Jesús mientras estuvo en la tierra, mas ahora que vive en el cielo la conozco, y veo casi siempre en dos imágenes vivas, que nos dejó de sí, que son sus hijas, y sus libros, que a mi juicio son también testigos fieles, y mejores de toda excepción de la grande virtud&#8230;</p>
<p>Así que la virtud, y santidad de la santa, madre Teresa, que viéndola a ella me pudiera ser dudosa, e incierta, esta misma ahora no viéndola, y viendo sus libros, y las obras de sus manos, que son sus hijas, tengo por cierta, y muy clara, porque, por la virtud que en todas resplandece, se conoce sin engaño la mucha gracia que puso Dios en la que hizo para Madre de este nuevo milagro, que por tal debe ser tenido, lo que en ellas Dios ahora hace, y por ellas&#8230;</p>
<p>Y no es menos clara, ni menos milagrosa la segunda imagen, que, dije, que son las escrituras, y libros, en los cuales, sin ninguna duda quiso el Espíritu Santo, que, la santa madre Teresa fuese un ejemplo rarísimo; porque en la alteza de las cosas que trata, y en la delicadeza, y calidad con que las trata, excede a muchos ingenios; y en la forma del decir, y en la pureza, y facilidad del estilo, y en la gracia, y buena compostura de las palabras, y en una elegancia desafectada, que deleita en extremo, dudo yo que haya en nuestra lengua escritura que con ellos se iguale. Y así siempre que los leo, me admiro de nuevo, y en muchas partes dellos me parece, que no es ingenio de hombre el que oigo; y no dudo sino que habla el Espíritu Santo en ella en muchos lugares, y que le regía la pluma, y la mano, que así lo manifiesta la luz que pone en las cosas escuras, y el fuego que enciende con sus palabras en el corazón que las lee. Que dejados aparte otros muchos, y grandes provechos, que hallan los que leen estos libros, dos son a mi parecer los que con más eficacia hacen. Uno facilitar en el ánimo de los lectores el camino de la virtud. Y otro encenderlos en el amor della, y de Dios&#8230;</p>
<p>Que el ardor grande que en aquel pecho santo vivía, salió como pegado en sus palabras, de manera, que levantan llama por donde quiera que pasan. Así que tornando al principio, si no la vi mientras estuvo en la tierra, ahora la veo en sus libros, e hijas&#8230;, que son retrato vivo de sus escrituras, y libros.</p>
<p>&#8230; porque si entendieran bien castellano, vieran que el de la santa madre es la misma elegancia aunque en algunas partes de lo que escribe antes que acabe la razón que comienza, la mezcla con otras razones, y rompe el hilo, comenzando muchas veces con cosas que ingiere; mas ingiérelas tan diestramente, y hace con tan buena gracia la mezcla, que ese mismo vicio le acarrea hermosura, y es el lunar del refrán».</p>
<h3>3.- El Libro de la Vida</h3>
<p>¿Cómo podemos presentar el libro de la Vida? ¿Cómo se puede presentar la vida? Se asoma la luz, y ya está. Rompe la tierra la semilla, y aparece, como un milagro, el brote. Se asoma la palabra que viene del silencio y se estremece la tierra. La vida se acoge, y más que explicarla, te explica a ti, y más que entenderla, hace que te entiendas tú (PowerPoint).</p>
<h3>4. Aprendiendo a leer a Teresa en sus mismos rasgos</h3>
<p>«Teresa escribía con grande presteza y velocidad», dice el jerónimo Diego de Yepes. Vamos a proyectar dos textos muy importantes, sacados del libro de la Vida, dos textos fundamentales para los que formamos los GOT (Grupos de Oración Teresiana). Acercarnos a la grafía de Teresa es una forma de acercarnos al fuego que llevaba en el corazón. Es un verdadero lujo el poder hacerlo, el poder palpar . Nos acompaña en esta parte el P. Tomás, que se ha pasado muchas horas mirando con lupa cada palabra escrita de la Santa, y que nos ha regalado, como un precioso gesto de gratuidad, lo que él ha encontrado. Como dice Teresa: «Aláboos muy mucho, porque despertáis a tantos que nos despierten. Había de ser muy continua nuestra oración por estos que nos dan luz» (V 13,21). Con la minuciosidad y elegancia de un miniaturista ha publicado el P. Tomás una nota histórica del libro de la Vida en la edicción facsímil del mismo libro, editada en la Editorial Monte Carmelo. ¡Una verdadera joya!</p>
<p>Los dos textos son: Vida 16, 7 y Vida 8, 5</p>
<p>Intentamos leerlos entre todos.</p>
<h3>5. La forma de Teresa de decir su vida</h3>
<p>Cuando la Santa escribe el libro de la Vida tiene cincuenta años. En este escrito confiesa con toda la intensidad de su conciencia que su vida no tiene más sentido que el de ser un canto a la misericordia de Dios. En la misericordia se encuentra la verdad de Dios y la verdad de ella. Lo decisivo en su vida es la verdad: la verdad de la misericordia, la verdad de la inclinación amorosa de Dios sobre la verdad de su pobreza personal.</p>
<p>La misericordia tiene un rostro: Jesús. Su encuentro con la verdad es el encuentro con una persona, con Aquel que es la misma Verdad y la enseña. «Todas las demás verdades dependen de esta Verdad como todos los demás amores de este Amor» (V 40,4). Teresa es de Jesús.</p>
<p>Teresa vive esta relación con Jesús, el rostro de la misericordia, como el núcleo de su existencia. Todo lo demás es secundario. Todas las demás circunstancias de su vida (ser monja, fundadora, escritora, maestra y madre) no dejan de ser consecuencias donde fructifica y se expresa ese amor. El mismo Señor y su pobreza o el gozo de su respuesta es lo que forma la trama de su existir.</p>
<p>Desde sus primeras experiencias místicas, Teresa entiende que su camino no va a poder ser otro que el de Jesús: camino de entrega de la vida a los hermanos, haciendo presente el Reino, por amor al Padre. De ahí su lema: «Juntos andemos, Señor». La repuesta a los torrentes de amor que le inundan el corazón es consentir en vivir abrasada en el fuego de la amistad con este divino Amador. Y la amistad llama a la intimidad, al compartir entre los dos amigos, a tener como propios los asuntos del Amigo.</p>
<p>Teresa vive la fragilidad de su vida humana, frágil como la de cualquier persona, instalada en el océano divino. Ella solo tiene que consentir, aprender a recibir. La humildad es aprender a recibir.</p>
<p>Teresa tiene fuerza cautivadora porque en ella se palpa, se ve, se oye se gusta y se saborea la verdad de que solo hay una verdad: el Amor; y solo una vida: el Amor; y solo un Amor: Dios-comunión. Ella testifica que es posible en esta vida vivir esta verdad, es más, vivir así es la verdad.</p>
<p>Vamos a quedarnos un momento en silencio, para que cada uno/a mire su vida. Si Teresa dice que su vida es un canto a la misericordia de Dios, ¿cómo dirías tú tu vida, con qué palabra?</p>
<p>Lo hacemos en silencio, con música de fondo.</p>
<h3>6. Gracias a Teresa</h3>
<p>Proyectamos el rostro de la Santa y cada uno/a puede expresar su agradecimiento a Teresa, manifestando lo que Teresa está significando en su vida «de amistad con quien sabemos nos ama» (V 8,5).</p>
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			</item>
		<item>
		<title>La experiencia mística inicial</title>
		<link>https://cipecar.org/maestros-de-oracion/santa-teresa-de-jesus/fichas-libro-de-la-vida/la-experiencia-mistica-inicial/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Feb 2010 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fichas: Libro de la Vida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>CAPÍTULO 10 DEL LIBRO DE LA VIDA 0.- Algunas premisas Resaltar la importancia de la vida de cada uno de los que participan en el taller de lectura. Hacer caer en la cuenta de la importancia de esta hora, dedicada a algo muy enriquecedor. Estar aquí, buscando y aprendiendo, es una gracia del Señor, y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>CAPÍTULO 10 DEL LIBRO DE LA VIDA</h2>
<h3>0.- Algunas premisas</h3>
<p>Resaltar la importancia de la vida de cada uno de los que participan en el taller de lectura. Hacer caer en la cuenta de la importancia de esta hora, dedicada a algo muy enriquecedor. Estar aquí, buscando y aprendiendo, es una gracia del Señor, y no pequeña.</p>
<p>Invitación a todos a ponerse a dejar la ausencia y a entrar en la presencia del Señor.</p>
<p>Audición orante de la canción: ME POSTRARE EN TU PRESENCIA</p>
<p>Para escuchar a Teresa se necesita una cierta intimidad, un amor, un aprecio a esta santa mujer. Hay cosas que solo se pueden decir en la intimidad y en un clima de amor. Teresa va a desnudar su alma y eso no se hace ante cualquiera.</p>
<p>Como la importunaron sus confesores y maestros espirituales para que contara las mercedes que el Señor estaba haciendo en ella, también nosotros la podemos importunar.</p>
<h3>1.- Condiciones que pone Teresa para poder decirse con libertad</h3>
<p>(Tomamos conciencia de lo difícil que nos resulta decirnos con libertad. Ante muy pocas personas logramos hacerlo de verdad)</p>
<p>Primera condición: Que se sepa quién es la autora de una vida tan ruin. En su primera juventud, Teresa intentó la mirada de los amigos y parientes de su edad con su belleza, simpatía, galas, etc&#8230; Ahora las cosas han cambiado. Ahora desea que todos, sobre todo los que la tienen por buena, la vean como es en verdad. Y para ello repite, como una muletilla, sus pecados y su vida ruin. Esta insistencia, inducida por la predicación y el ambiente religioso de su tiempo, es su manera de afrontar la vanagloria y el orgullo.</p>
<p>Segunda condición: Que no se sepa quién es la persona a la que Dios ha hecho las mercedes que va a contar. Porque siendo la que es, así razona Teresa, «puede perder autoridad el bien y no darle ningún crédito, por ser dicho de persona tan baja y tan ruin» (V 10,7). Entra en juego, también, como telón de fondo, el concepto que se tiene de las mujeres de su tiempo: crédulas y por tanto poco creíbles, poco formadas.</p>
<p>Nos parezca exagerado o no ese secretismo de Teresa, el caso es que tuvieron poco éxito sus recomendaciones porque, al poco tiempo de escribir Vida, las copias se habían multiplicado y en ciertos ambientes religiosos de la época muchos sabían quién era la mujer que se escondía en el anonimato y en la que Dios hacía mercedes. Las copias del libro de la Vida van de mano en mano: el Maestro Ávila, la caprichosa Princesa de Éboli que lo delata a la Inquisición, Teólogos, Duquesa de Alba, Obispos y familiares, el Duque de Alba tiene una copia en la cárcel&#8230; Tantas copias que, aunque la Inquisición logra apoderarse del autógrafo, no puede recoger todas las copias que, en tan brece espacio de tiempo, se han hecho del famoso libro.</p>
<h3>2.- Algunos detalles de interés</h3>
<p>Lo que Teresa quiere por encima de todo es que Dios «sea alabado y engrandecido un poquito» (V 10,9). Esta es su manera de continuar el Magnificat de María.</p>
<p>Le da seguridad hablar de las mercedes del Señor con gente espiritual y letrados. Confía en ellos. Nos detenemos un poco en este punto: Teresa vivió en un ambiente religioso y social de fuerte insistencia en el pecado, en la culpa, en el temor a la condena eterna&#8230; Nosotros vivimos en la cultura del «buenismo», del «todo el mundo es bueno», o de la justificación de todo porque»somos así». Tan malo puede ser lo que vivió Teresa como lo que vivimos nosotros, si no llegamos a lo importante: ponernos en verdad, en la nuestra y en la de Dios, abarcando en una sola mirada nuestra vida y la del Señor que nos mira.</p>
<p>Escribe Teresa con cierta fatiga «casi hurtando el tiempo, y con pena porque me estorbo de hilar, por estar en casa pobres y con hartas ocupaciones» (V 10,7).</p>
<p>Es consciente, y así se lo han ratificado las personas entendidas a las que les ha compartido su vida, que en este camino de oración tiene experiencia, sabe de qué va esto. «El Señor me ha enseñado por experiencia» (V 10,9). Teresa siempre fue amiga de la verdad, esa verdad que se le imprimió ya desde niña, de ahí que no extrañen sus palabras: «siempre he procurado buscar quien me dé luz» (V 10,8).</p>
<p>Está cruzando un umbral hacia la vida mística, que consiste en dejarle hacer a Dios, en aceptar la acción de Dios que irrumpe impetuosa y que no se puede ocultar.</p>
<p>No ha tenido reparo en hablar de sus pecados y de ruin vida, es más quiere que esta parte todos la conozcan, para que sepan quién es la que algunos tiene fama de buena. Pero sí tiene reparos, y muchos, para hablar de las mercedes que el Señor («mística teología»: conocimiento por experiencia amorosa del misterio de Dios) le ha hecho en la oración. «en vida está claro que no se ha de decir de lo bueno; en muerte no hay para qué, sino para que pierda la autoridad el bien, y no la dar ningún crédito, por ser dicho de persona tan baja y tan ruin» (Vida 10.7). Pide el anonimato. Que no sepa quién es la que escribe.</p>
<p>Escribe con libertad porque cree le han de hacer caso en su petición. Aunque con cierta fatiga, «casi hurtando el tiempo, y con pena porque me estorbo de hilar, por estar en casa pobre y con hartas ocupaciones» (Vida 10,7).</p>
<p>En todo momento se perciben dos grandes actitudes: Sujetarse en todo a la santa fe católica y comunicar su experiencia a los que tienen luz para caminar en la verdad, «que siempre he procurado buscar quien me dé luz» (Vida 10,8).</p>
<p>Y una constatación contrastada con grandes letrados y personas espirituales: «me ha dado Su Majestad la experiencia». Y está hablando a aprendices de oración.</p>
<h3>3.- Testimonio que Teresa da de su oración y enseñanzas para los principiantes</h3>
<p>Una vez dicho esto, rastreamos el capítulo 10 buscando el testimonio de Teresa y enseñanzas para nuestra vida de oración.</p>
<p>Una confidencia. Cuando Teresa escribe Vida tiene 50 años. Y en este capítulo cuenta lo que le aconteció cuando tenía 40 años.</p>
<p>Lo leemos: «Acaecíame en esta representación que hacía de ponerme cabe Cristo, y aun algunas veces leyendo, venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios que en ninguna manera podía dudar que estaba dentro de mí o yo oda engolfada en El» (Vida 10,1). Recorremos despacio este texto:</p>
<ul>
<li>«Acaecíame»: Habla una mujer testigo, relata una experiencia que ella vivió años antes, algo que le pasó.</li>
<li>«Ponerme cabe Cristo». Este ha sido su modo de orar desde siempre, ponerse junto a Cristo, sobre todo, en aquellas escenas evangélicas en las que Jesús estaba más solo. Había oído Teresa que al ponerse junto a Cristo azotado a la columna «se ganaban muchos perdones (V 9,4). Esta experiencia que ahora relata le acontece en uno de esos momentos en que se pone junto a Cristo.</li>
<li>Pero también le acontecen cuando esta leyendo.</li>
<li>«A deshora», es decir inesperadamente, sin que ella se proponga tener ese sentimiento.</li>
<li>Pasa «con mucha brevedad» (V 10,1), como un fogonazo.</li>
</ul>
<p>Importante: estamos ante unos breves y presagiosos fulgores de experiencia mística que tienen repercusiones en todo su ser:</p>
<ul>
<li>«ama la voluntad»</li>
<li>«la memoria está casi perdida»</li>
<li>«el entendimiento está como espantado de lo mucho que entiende» sin entender cómo entiende lo que entiende, parece un trabalenguas.</li>
<li>Su interioridad queda también alcanzada: «en ninguna manera podía dudar que estaba dentro de mí o yo toda engolfada en El» (Vida 10,1).</li>
</ul>
<p>Prosigue su testimonio: «Primero había tenido muy continuo una ternura» (V 10,2). ¿En qué consiste esa «ternura» a la que ella llama también «gozos de oración»?</p>
<ul>
<li>Es un regalo, una merced de Dios.</li>
<li>Todo es dado de Dios». Esta es la clave.</li>
<li>Pero nos podemos ayudar. ¿Cómo? «Considerando nuestra bajeza y la ingratitud que tenemos con Dios, lo mucho que hizo por nosotros, su Pasión con tan graves dolores, su vida tan afligida&#8230; En deleitarnos de ver sus obras, su grandeza, lo que nos ama, otras muchas cosas» (Vida 10,2).</li>
<li>«Si con esto hay algún amor, regálase el alma, enternécese el corazón, vienen lágrimas».</li>
<li>«Parece nos paga Su Majestad aquel cuidadito con un don tan grande como es el consuelo que da a un alma ver que llora por tan gran Señor» (Vida 10,2).</li>
<li>¿Qué tiene que hacer quien experimente esto?: «Así que quien aquí llegare, alábele mucho, conózcase por muy deudor; porque ya parece le quiere para su casa y escogido para su reino, si no torna atrás» (Vida 10,3).</li>
</ul>
<h3>4.- Enseñanzas de Teresa</h3>
<p>¡Ojo con las falsas humildades! Leemos el texto: «No cure de unas humildades que hay, que les parece humildad no entender que el Señor les va dando dones. Entendamos bien bien, como ello es, que nos los da Dios sin ningún merecimiento nuestro, y agradezcámoslo a Su Majestad; porque si no conocemos que recibimos, no despertamos a amar. Y es cosa muy cierta que mientras más vemos estamos ricos, sobre conocer somos pobres, más aprovechamiento nos viene y aun más verdadera humildad. Lo demás es acobardar el ánimo a parecer que no es capaz de grandes bienes, si en comenzando el Señor a dárselos comienza él a atemorizarse con miedo de vanagloria» (Vida 10,4). Recorremos despacio el texto:</p>
<ul>
<li>Una preciosa lección de humildad. Porque no todo es verdadera humildad, hay falsas humildades. ¡Ojo!</li>
<li>Falsa humildad es no entender que el Señor nos da dones, acobardar el ánimo e incapacitarlo para grandes bienes, atemorizarse con miedo de vanagloria.</li>
<li>Verdadera humildad es entender que todo nos lo da Dios sin merecimiento nuestro, agradecerlo. Y una frase para enmarcar: «Si no conocemos que recibimos, no despertamos a amar» (V 10,4). Y otra que no le va a la zaga: «Mientras más vemos estamos ricos, sobre conocer somos pobres, más aprovechamiento nos viene y aun más verdadera humildad» (V 10,4). Ninguno de los dos textos tiene desperdicio.</li>
<li>Los argumentos de Teresa, que ha puesto en práctica más de una vez, sin duda ante directores espirituales timoratos, asustadizos ante las grandezas de Dios. De ellos dice en otro pasaje: y a los que vuelan como águilas con las mercedes que les hace Dios, quererlos hacer andar como pollo trabado; sino que pongamos los ojos en Su Majestad y, si los viéremos con humildad, darles la rienda; que el Señor que los hace tantas mercedes no los dejará despeñar. Fíanse ellos mismos de Dios, que esto les aprovecha la verdad que conocen de la fe, ¿y no los fiaremos nosotros, sino que queremos medirlos por nuestra medida conforme a nuestros bajos ánimos?» (V 39,12).</li>
<li>Vayamos a los argumentos para animar: «Si es lícito y tan meritorio que siempre tengamos memoria que tenemos de Dios el ser y que nos crió de nonada&#8230; ¿por qué no será lícito que entienda yo y vea y considere muchas veces que solía hablar en vanidades, y que ahora me ha dado el Señor que no querría sino hablar sino en El?» (Vida 10,5).</li>
<li>Y también: «Pues ¿cómo aprovechará y gastará con largueza el que no entiende que está rico? Es imposible conforme a nuestra naturaleza tener ánimo para cosas grandes quien no entiende está favorecido de Dios&#8230; Porque con estos dones es adonde el Señor nos da la fortaleza que por nuestros pecados nosotros perdimos&#8230; Estos mismos favores son los que despiertan la fe y la fortalecen» (Vida 10,6).</li>
<li>Los dones del Señor son fortaleza frente a la debilidad; «despiertan la fe y la fortalecen», sacan fuerzas para servir y no ser ingratos (la ingratitud nos puede perder). Si no valoramos y cultivamos los dones, Dios los «tornará a tomar y nos quedarnos hemos muy más pobres y dará Su Majestad las joyas a quien luzca y aproveche con ellas a sí y a los otros» (V 10,6). Alusión a los textos evangélicos: Mt 25,28; LC 19,26; Mt 13,12&#8230; A veces queremos corregir la plan a Dios y no entendemos este comportamiento, pero Dios se va donde no le quieren y valoran sus bienes, no puede hacer milagros donde falta fe.</li>
<li>Un detalle de sinceridad y, a la vez, de fragilidad de Teresa: «Ya puede ser que&#8230; otros habrá que no hayan menester más de la verdad de la fe para hacer obras muy perfectas, que yo, como miserable, todo lo he habido menester» (Vida 10,6).</li>
</ul>
<h3>5.- Un epílogo orante precioso</h3>
<p>La mejor manera que tiene Teresa de enseñar a orar es orando ante nosotros. Aquí lo hace con una oración de bendición. Para que una oración sea auténtica tiene que estar la persona dentro, tiene que estar Dios dentro, tiene que darse una relación y dinamismo entre ambos, se debe operar una atracción o cambio en la persona porque Dios o nos encuentra iguales o nos hace iguales. Podemos orar con la oración de Teresa y prolongarla con nuestra oración.</p>
<blockquote>
<p>Sea bendito por todo: «Dios es el que bendice»</p>
<p>Y sírvase de mí Ofrecimiento: «Aquí estoy»</p>
<p>Por quien Su Majestad es: «¡Qué forma de ser tan grande la de Dios!»</p>
<p>Que bien sabe mi Señor: «El Señor nos conoce»</p>
<p>Que no pretendo otra cosa en esto,</p>
<p>sino que sea alabado y engrandecido</p>
<p>un poquito de ver que en un muladar</p>
<p>tan sucio y de mal olor hiciese</p>
<p>huerto de tan suaves flores: «El sí al Señor hace nacer un huerto con flores»</p>
<p>Plega a Su Majestad que por mi culpa</p>
<p>no las torne yo a arrancar</p>
<p>y se torne a ser lo que era. «Pide ayuda al Señor.»</p>
<p>Esto pido yo por amor del Señor</p>
<p>le pida vuestra merced,</p>
<p>pues sabe la que soy</p>
<p>con más claridad</p>
<p>que aquí me lo ha dejado decir.</p>
<p>«Busca ayuda en quienes la conocen».</p>
<p>Los mete en su vida, para que intercedan».</p>
</blockquote>
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			</item>
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		<title>Primera forma de regar el huerto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Feb 2010 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fichas: Libro de la Vida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>LIBRO DE LA VIDA: Capítulos 11-12-13 Primer grado de oración Dejábamos a Teresa con el deseo de anonimato para su relato. Recordad el poco éxito que tuvieron sus recomendaciones. Ahora introduce, del capítulo 11 al 22, un tratadillo para hablar de los cuatro grados de oración. En el relato se mezcla los momentos orantes, los [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>LIBRO DE LA VIDA: Capítulos 11-12-13</h2>
<h3>Primer grado de oración</h3>
<p>Dejábamos a Teresa con el deseo de anonimato para su relato. Recordad el poco éxito que tuvieron sus recomendaciones. Ahora introduce, del capítulo 11 al 22, un tratadillo para hablar de los cuatro grados de oración. En el relato se mezcla los momentos orantes, los datos autobiográficos, el deseo de enseñar, una cierta polémica con las opiniones que había en el ambiente. En esta escuela trataremos del primer grado de oración. Veamos el esquema de los tres capítulos.</p>
<h3>1.- Un pórtico precioso</h3>
<p><strong>La dignidad de ser orante.</strong> Ser orante es una gran dignidad. Conviene saberlo. Ser orantes es «ser siervos del amor». Quien comienza a orar comienza algo muy importante. Es como quien encuentra una perla preciosa. No concibe Teresa comenzar una cosa con poco entusiasmo. ¡La oración es algo grande! «Es una dignidad tan grande, que me regalo extrañamente en pensar en ella» (V 11,1).</p>
<p><strong>Una dignidad que empeña a toda la persona.</strong> Orar, es por lo tanto, determinarse a amar, iniciar un camino hacia el amor. Orar es cuestión de amor, no conviene olvidar esto. La oración no es una técnica, sino una experiencia de amor.</p>
<p>Comienza la Santa con una pregunta al Señor: «¡Oh Señor de mi alma y bien mío! ¿Por qué no quisisteis que en determinándose un alma a amaros, con hacer lo que puede en dejarlo todo para mejor se emplear en este amor de Dios, luego gozase de subir a tener este amor perfecto?» (V 11,1). Y responde: Porque «no queremos nosotros; pues toda la falta nuestra es» (V 11,1). ¿Por qué? Porque «somos tan caros y tan tardíos de darnos del todo a Dios, que, como Su Majestad no quiere gocemos de cosa tan preciosa sin gran precio, no acabamos de disponernos» (V 11,1).</p>
<p>El amor es un don, de acuerdo, porque no hay en la tierra nada con que se lo pueda comprar (eco del Cantar de los Cantares: «Si alguien ofreciera todos los haberes de su casa por el amor, se granjearía desprecio», Cant 8,7).</p>
<p>«Si hiciésemos lo que podemos&#8230; muy en breve se nos daría este bien» (V 11,2). Pero «parécenos que lo damos todo, y es que ofrecemos a Dios la renta o los frutos y quedámonos con la raíz y posesión» (V 11,2). E ironiza: «¡Donosa manera de buscar amor de Dios! Y luego le queremos a manos llenas, a manera de decir» (V 11,3). «Así que, porque no se acaba de dar junto, no se nos da por junto este tesoro» (V 11,3). Nosotros diríamos: ¡Bonita manera de buscar amor de Dios!</p>
<p><strong>Se requiere determinación para no emprender el camino a medias.</strong> Esta es la mayor dificultad en los comienzos. «Harto gran misericordia hace a quien da gracia y ánimo para determinarse a procurar con todas sus fuerzas este bien. Porque, si persevera, no se niega Dios a nadie» (V 11,4). ¿Por qué se necesita tanto ánimo? Porque hay muchas dificultades y peligros y dan ganas de volverse atrás (cf V11,4). En afrontar estas dificultades está el trabajo. El que ora con determinación no va sola, «siempre lleva mucha gente tras sí. Como a buen capitán, le da Dios quien vaya en su compañía» (V 11,5). Es lo que dice la Esposa en los Cantares 1,4: «Atráeme y correremos juntos»</p>
<h3>2.- El símil del huerto. Primera forma de regar el huerto</h3>
<p>El agua es un tema recurrente en la Escritura -recordemos el salmo 1 que contrapone el cardo en la estepa con el árbol plantado junto a la acequia-. Para Teresa, el agua es una experiencia muy fuerte, humana y espiritualmente.</p>
<p><em>(Se hace presente el símbolo del agua mientras se escucha la canción: Dame de beber)</em></p>
<p>Teresa, amiga de comparaciones, compara la vida de la persona con un huerto que hay que regar. Se puede regar de cuatro maneras: sacando agua del pozo, con noria y arcaduces, de una acequia, por medio de la lluvia. Cuatro modos de regar el huerto que corresponden a cuatro grados de oración para llegar al amor. Todo lo ha vivido Teresa por experiencia.</p>
<p>Primer grado: sacar agua del pozo. Es la oración de los principiantes. Hay muchos trabajos. ¿Por qué? «Han de cansarse en recoger los sentidos, que, como están acostumbrados a andar derramados, es harto trabajo» (V 11,9). En concreto, interiorizar los sentidos, o sea, ejercitarse en cosas que no son fáciles:</p>
<ul>
<li>«irse acostumbrando a no se les dar nada de ver ni oír»</li>
<li>«Estar en soledad»</li>
<li>«Pensar su vida pasada»</li>
<li>«No acaban de entender que se arrepienten de los pecados»</li>
<li>«procurar tratar de la vida de Cristo». «Porque en pensar y escudriñar lo que el Señor pasó por nosotros, muévenos a compasión, y es sabrosa esta pena y las lágrimas que proceden de aquí. Y de pensar la gloria que esperamos y el amor que el Señor nos tuvo y su resurrección, muévenos a gozo» (V 12,1).</li>
<li>«y cánsase el entendimiento en esto» (V 11,9). Pensar y amar, esa es la tarea.</li>
</ul>
<p>¿Qué hacer si aparece la sequedad? «Y así se determine, aunque para toda la vida le dure esta sequedad, no dejar a Cristo caer con la cruz. Tiempo vendrá que se lo pague por junto. No haya miedo que se pierda el trabajo. A buen amo sirve. Mirándole está. No haga caso de malos pensamientos» (V 11,10). Con la certeza de que «no deja Dios sin gran premio, aun en esta vida» (V 11,11). «Alabad por ello a Su Majestad y fiad de su bondad, que nunca faltó a sus amigos&#8230; Guíe Su Majestad por donde quisiere» (V 11,12).</p>
<p>¿Por qué se comporta Dios de esa manera? «Para probar a sus amadores y saber si podrán beber el cáliz y ayudarle a llevar la cruz, antes que ponga en ellos grandes tesoros» (V 11,11). «Creo nos quiere Su Majestad llevar por aquí, para que entendamos bien lo poco que somos; porque son de tan gran dignidad las mercedes de después, que quiere por experiencia veamos antes nuestra miseria primero que nos las dé» (V 11,11). Esta pobreza es un muro protector contra toda vanidad.</p>
<p>Teresa deja bien claras las cosas: «No está el amor de Dios en tener lágrimas, ni en estos gustos y ternura&#8230; sino en servir con justicia y fortaleza de ánima y humildad» (V 11,13). «Importa mucho que de sequedades ni de inquietud y distraimiento en los pensamientos nadie se apriete ni aflija. Si quiere ganar libertad de espíritu y no andar siempre atribulado, comience a no se espantar de la cruz, y verá cómo se la ayuda también a llevar el Señor y con el contento que anda y el provecho que saca de todo. Porque ya se ve que, si el pozo no mana, que nosotros no podemos poner el agua» (V 11,17). Querer estar con el Señor y amarle es lo que vale. Eso es ya «recibir, más me parece a mí eso, que no dar nosotros nada» (V 11,13).</p>
<h4>La oración preciosa que le brota:</h4>
<blockquote>
<p >«Haced vos, Señor, lo que quisiereis. </p>
<p >No os ofenda yo. </p>
<p >No se pierdan las virtudes, si alguna me habéis ya dado por sola vuestra bondad. </p>
<p >Padecer quiero, Señor, pues Vos padecísteis. </p>
<p >Cúmplase en mí de todas maneras vuestra voluntad. </p>
<p >Y no plega a Vuestra Majestad que cosa de tanto precio como vuestro amor </p>
<p >se dé a gente que sirve solo por gustos» (V 11,12). </p>
</blockquote>
<h4>Resumiendo:</h4>
<p>Si vienen lágrimas, bien. Si viene gozo, bien. Pero nada de buscarlo artificialmente, a base de estrategias nuestras. No subamos si El no nos sube. No se puede «merecer ni ganar si no la da Dios» (V 12,1) y «estále muy bien a un alma que no la ha subido de aquí, no procurar subir ella» (V 12,1). «Presumir ni pensar de suspenderle nosotros, es lo que digo no se haga, ni se deje de obrar con él, porque nos quedaremos bobos y fríos, y ni haremos lo uno ni lo otro&#8230; Ocupar las potencias del alma y pensar hacerlas estar quedas, es desatino» (V 12,5).</p>
<p>Porque «todo va fundado en humildad» (V 12,3) y «Dios hace demasiado, según somos, en allegarnos cerca de Sí» (V 12,4). «Porque esto tiene excelente esta virtud (la humildad), que no hay obra a quien ella acompañe, que deje el alma disgustada» (V 12,5).</p>
<p>A nosotros nos toca «determinarnos a hacer mucho por Dios y despertar el amor» (V 12,2), «cobrar amor a este Señor a quien tanto debemos» (V 12,2). A nosotros nos toca trabajar por traer esta preciosa compañía de Cristo. De nuevo recalca su estilo de orar, que consiste en orientar a la persona hacia Cristo y relacionarse con Él.</p>
<blockquote>
<p >«Puede representarse delante de Cristo </p>
<p >y acostumbrarse a enamorarse mucho de su sagrada Humanidad </p>
<p >y traerle siempre consigo </p>
<p >y hablar con él, </p>
<p >pedirle para sus necesidades </p>
<p >y quejársele de sus trabajos, </p>
<p >alegrarse con él en sus contentos </p>
<p >y no olvidarle por ellos, </p>
<p >sin procurar oraciones compuestas, </p>
<p >sino palabras conforme a sus deseos y necesidad» (V 12,2). </p>
</blockquote>
<h3>3.- Consejos orientadores para algunas tentaciones en esta etapa</h3>
<p>«Procúrese a los principios andar con alegría y libertad» (V 13,1). La libertad es fundamental para la oración. La libertad y la alegría. «Para esperar se requiere mucha alegría» (Péguy).</p>
<p>«Tener gran confianza, porque conviene no apocar los deseos, sino creer de Dios&#8230; que podemos llegar a lo que muchos santos con su favor» (V 13,2). Frase para enmarcar: «Quiere Su Majestad y es amigo de ánimas animosas» (V 13,2). «Espántame lo mucho que hace en este camino animarse a grandes cosas» (V 13,2). «Estas primeras determinaciones son gran cosa» (V 13,3).</p>
<p>Contar con buenos maestros. Teresa es contraria al aislamiento en la oración. Necesitamos quien nos dé luz. «Porque espíritu que no vaya comenzado en verdad yo más le querría sin oración&#8230; De devociones a bobas nos libre Dios» (V 13,16). «Mas han de mirar que sea tal, que no los enseñe a ser sapos, ni que se contente con que se muestre el alma a solo cazar lagartijas» (V 13,3). «creo si hubiera quien me sacara a volar, más me hubiera puesto en que estos deseos fueran con obra&#8230; Porque el Señor nunca falta ni queda por El; nosotros somos los faltos y miserables» (V 13,6). Y le brota una sentida oración por ellos: «¡Bendito seáis vos, Señor, que tan inhábil y sin provecho me hicisteis! Mas aláboos, muy mucho, porque despertáis a tantos que nos despierten. Había de ser muy continua nuestra oración por estos que nos dan luz. ¿Qué seríamos sin ellos entre tan grandes tempestades como ahora tiene la Iglesia? Si algunos ha habido ruines, más resplandecerán los buenos. Plega al Señor los tenga de su mano y los ayude para que nos ayuden, amén» (V 13,21).</p>
<p>Entender bien lo que es la verdadera humildad. «¡Siempre la humildad delante, para entender que no han de venir estas fuerzas de las nuestras!» (V 13,3). «El demonio hace mucho daño para no ir muy adelante gente que tiene oración, con hacerlos entender mal de la humildad, haciendo que nos parezca soberbia tener grandes deseos y querer imitar a los santos y desear ser mártires. Luego nos dice o hace entender que las cosas de los santos son para admirar, mas no para hacerlas los que somos pecadores» (V 13,4).</p>
<p>Imitar a los santos para no caminar a «paso de gallina» (V 13,5) Cuando la tentación te quiere convencer de tu incapacidad. ¡Podemos! No tener miedo. Teresa apela a su propia experiencia. «Como soy tan enferma, hasta que me determiné en no hacer caso del cuerpo ni de la salud, siempre estuve atada, sin valer nada&#8230; después que no estoy tan mirada y regalada, tengo mucha más salud» (V 13,7). «Así que va mucho a los principios de comenzar oración a no amilanar los pensamientos» (V 13,7).</p>
<p>«Otra tentación es luego muy ordinaria, que es desear que todos sean muy espirituales» (V 13,8). Aconseja la Santa: «Porque lo más que hemos de procurar al principio es solo tener cuidado de sí sola, y hacer cuenta que no hay en la tierra sino Dios y ella» (V 13,9).</p>
<p>«Da otra tentación de pena de los pecados y faltas que ven en los otros» (V 13,10). Esto inquieta mucho e impide la oración. Teresa le da la vuelta y hace una propuesta elegante: «Pues procuremos siempre mirar las virtudes y cosas buenas que viéremos en los otros, y tapar sus defectos con nuestros grandes pecados&#8230; es tener a todos por mejores que nosotros» (V 13,10).</p>
<p>«Miren también este aviso los que discurren mucho con el entendimiento&#8230; que no se les vaya todo el tiempo en esto&#8230; que ha de haber día de domingo» (V 13,11). Aunque el propio conocimiento «es el pan con que todos los manjares se han de comer&#8230; su Majestad sabe mejor que nosotros de lo que nos conviene comer» (V 13,15). Y de nuevo recoge su estilo de orar:</p>
<blockquote>
<p>«Se representen delante de Cristo, </p>
<p>y sin cansancio del entendimiento </p>
<p>se estén hablando y regalando con El, </p>
<p>sin cansarse en componer razones, </p>
<p>sino presentar necesidades </p>
<p>y la razón que tiene para no nos sufrir allí: </p>
<p>lo uno un tiempo, y lo otro otro, </p>
<p>porque no se canse el alma de comer siempre un manjar» (V 13,11).</p>
<p>«Pues tornando a lo que decía de pensar a Cristo a la columna, </p>
<p>es bueno discurrir un rato y pensar las penas que allí tuvo </p>
<p>y por qué las tuvo y quién es el que las tuvo </p>
<p>y el amor con que las pasó. </p>
<p>Mas que no se canse siempre en andar a buscar esto, </p>
<p>sino que se esté allí con el, acallado el entendimiento. </p>
<p>Si pudiera, ocuparle en que mire que le mira, </p>
<p>y le acompañe y hable y pida y se humille y regale con él, </p>
<p>y acuerde que no merecía estar allí» (V 13,22).</p>
</blockquote>
<p>«Hay muchos caminos» (V 13,13). Pero «no dejando la Pasión y vida de Cristo, que es de donde nos ha venido y viene todo el bien» (V 13,13).</p>
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		<title>Vida de oración mística</title>
		<link>https://cipecar.org/maestros-de-oracion/santa-teresa-de-jesus/fichas-libro-de-la-vida/vida-de-oracion-mistica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fichas: Libro de la Vida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuarto grado de oración: Unión y éxtasis. «ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí» Vida de oración mística. Tentaciones. (Caps. 18-19) Comienza la exposición del cuarto grado de oración: unión a Dios, forma suprema de vida mística. El capítulo 18 ofrece un primer esbozo de la misma. Con extensas pausas de oración [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2>Cuarto grado de oración: Unión y éxtasis.</h2>
<blockquote><p>«ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí»</p></blockquote>
<h3>Vida de oración mística. Tentaciones. (Caps. 18-19)</h3>
<p>Comienza la exposición del <strong>cuarto grado de oración</strong>: unión a Dios, forma suprema de vida mística. El capítulo 18 ofrece un primer esbozo de la misma. Con extensas pausas de oración que brotan espontáneas del alma y de la pluma de la Santa, pero que a la vez son exponente de esa misma forma de oración mística.</p>
<p>En el simbolismo del huerto, la nueva oración es ya <strong>lluvia del cielo</strong>, obra casi exclusiva del Hortelano celeste. Se introduce y prevalece un nuevo símbolo: este grado de oración es como <strong>el fuego y la llama</strong>, o como el fuego que transforma en sí al hierro incandescente y le cambia el ser.</p>
<h4>Esquema del Cap 18:</h4>
<ul>
<li><strong><em>nn. 1-2</em></strong><em>: propone el tema de la oración de unión.</em></li>
<li><strong><em>nn. 3-4: </em></strong><em>dos intensos momentos de oración, en plena exposición.</em></li>
<li><strong><em>nn. 5-14:</em></strong><em> dos expresiones diversas de la oración de unión</em></li>
<li><strong><em>n. 15:</em></strong><em> un fleco de esa experiencia: la percepción de la presencia de Dios.</em></li>
</ul>
<p>La <strong>oración de unión</strong> se realiza en la experiencia de la presencia y comunicación de Dios al alma. Presencia y comunicación percibidas como algo que acontece más allá de toda iniciativa humana. Como un hecho que cambia el hábitat existencial de la persona. Y que origina un <em>estado o </em>una manera de vivir nuevos. Dado el concepto que la Santa tiene de la oración como trato recíproco entre dos amigos -Dios y el orante humano-, en esta oración es el Amigo Divino quien toma la iniciativa, y como tal la recibe y percibe el amigo humano. Es aquél el Hortelano que ahora riega y da vida múltiple al huerto del alma.</p>
<p>Sirviéndose de su elemental <strong>plantilla psicológica</strong> (alma + potencias + sentidos + cuerpo + goce), la Santa presenta esta experiencia religiosa como algo que acontece en el alma por iniciativa misteriosa de</p>
<p>la divinidad, pero actuado más allá del dinamismo activo de las potencias, y con total sumisión de los sentidos: especie de profundo <strong>silencio</strong> psicológico, que sin embargo no suprime ni el estado consciente, ni los contenidos de la mente, ni la crecida del amor y del gozo. De suerte, dirá ella, que aquí el orante <em>«entiende </em>pero no se entiende cómo entiende»; «como no puede comprender lo que entiende, es no entender entendiendo» (n.14); «la <em>voluntad </em>debe estar bien ocupada en <em>amar, </em>mas no entiende cómo ama» (14); «acá no hay sentir sino <em>gozar </em>sin entender lo que se goza» (n.1); «aquí faltan <em>todas las potencias y </em>se suspenden de manera que en ninguna manera se entiende que <em>obran» (14). </em>«A esta mariposilla importuna de la <em>memoria </em>aquí se le queman las alas: ya no se puede bullir» (n. 14).</p>
<h4>Esquema del Cap 19:</h4>
<ul>
<li><strong><em>nn. 1-3:</em></strong><em> efectos de la oración mística en la vida: semblanza del cristiano transfigurado por la experiencia de Dios.</em></li>
<li><strong><em>nn. 4-15</em></strong><em>: dos peligros de involución:</em><br />
<blockquote><p>
	<em> infidelidad a Dios (pecado),</em><br />
	<em>y abandono de la oración (retroceso).</em>
</p></blockquote>
</li>
<li><em>Los expone, primero de cara a Dios recordando la propia historia <strong>(5-12),</strong></em></li>
<li><em>y luego aleccionando al lector y traspasándole sus convicciones y su experiencia <strong>(11-15).</strong></em></li>
</ul>
<p>El capítulo comienza refiriendo «cómo queda el alma (la persona), de esta oración y unión». Para explicarlo, se le ofrecen al lector dos <strong>estampas</strong> diversas: la primera: «efectos que hace esta oración»; la segunda, en vivo, Teresa misma viviendo esa situación.</p>
<p>En el místico que ha llegado a la unión destaca la Santa tres rasgos fundamentales: la emotividad; la nueva fuerza moral; la acción sobre los otros.</p>
<blockquote>
<p>¡Oh Señor mío, qué bueno sois! ¡Bendito seáis para siempre!</p>
<p>¡Alaben os, Dios mío, todas las cosas, que así nos amasteis, de manera que con verdad podamos hablar de esta comunicación que aun en este destierro tenéis con las almas!; (V 18,3).</p>
</blockquote>
<p>(Esquemas del Libro de la Vida, ed. de Tomás Álvarez. Monte Carmelo Burgos2004)</p>
<p><a href="/presentaciones/Dia20-21_4Gr-la-oracion-de-union.ppt">La oración de unión</a></p>
<p><a href="/presentaciones/Dia18-19-20_4Gr-vida-de-oracion-mistica.ppt">Vida de oración mística</a></p>
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		<title>Transformación de la vida</title>
		<link>https://cipecar.org/maestros-de-oracion/santa-teresa-de-jesus/fichas-libro-de-la-vida/transformacion-de-la-vida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fichas: Libro de la Vida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuarto grado de oración: TRASFORMACIÓN DE LA VIDA PERSONAL. NUEVOS VALORES DE LA VIDA CRISTIANA. EN LA ATALAYA DE LAS VERDADES. (Caps. 20-21) En el Capítulo 20 Teresa se ha propuesto «tratar de la diferencia que hay de unión a arrobamiento», pero abandona ese proyecto expositivo del «cuarto grado», y pasa al narrativo autobiográfico para [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2>Cuarto grado de oración:</h2>
<h3>TRASFORMACIÓN DE LA VIDA PERSONAL.</h3>
<h3>NUEVOS VALORES DE LA VIDA CRISTIANA.</h3>
<h3>EN LA ATALAYA DE LAS VERDADES. (Caps. 20-21)</h3>
<p>En el Capítulo 20 Teresa se ha propuesto «tratar de la diferencia que hay de unión a arrobamiento», pero abandona ese proyecto expositivo del «cuarto grado», y pasa al narrativo autobiográfico para contar el propio «cuarto grado», forcejeando por explicárselo a sí misma y al lector.</p>
<p>Temas tratados:</p>
<ul>
<li>Qué es arrobamiento y cuáles sus efectos.</li>
<li>En qué consiste la pena de ausencia de Dios.</li>
<li>Cuál es la nueva tabla de valores en la vida de Teresa y del místico.</li>
</ul>
<p>«Consideremos ahora que esta agua postrera es tan copiosa que, si no es por no lo consentir la tierra, podemos creer que se está con nosotros esta nube de la gran Majestad acá en esta tierra&#8230; Coge el Señor el alma, digamos ahora, a manera que las nubes cogen los vapores de la tierra, Y levántala toda de ella&#8230; y sube la nube al cielo y llévala consigo, y comiénzala a mostrar cosas del reino que le tiene aparejado. No sé si la comparación cuadra, mas en hecho de verdad ello pasa así»</p>
<h4>Personalidad nueva: dimensión teologal</h4>
<ul>
<li>Siente a Dios entrañado en la propia vida</li>
<li>Vive su «recio martirio sabroso»</li>
<li>Levantar la bandera por <em>Dios</em></li>
</ul>
<h4>Su relación con todo lo creado, personas y cosas.</h4>
<ul>
<li>«Querría dar voces para dar a entender verdades&#8230;»</li>
<li>«Fatígase del tiempo en que miró puntos de honra&#8230;»</li>
<li>«Ríese de sí, del tiempo que tenía en algo los dineros y codicia de ellos&#8230;».</li>
<li>«Ve de los deleites tan gran ceguedad, y cómo con ellos compra trabajo, aun para esta vida, y desasosiego. ¡Qué inquietud! ¡Qué poco contento! ¡Qué trabajar en vano!»</li>
</ul>
<p>En definitiva, Teresa ha adquirido un nuevo concepto y nueva experiencia de lo que es señorío y libertad en la vida</p>
<p><strong>El Capítulo 21:</strong> Final del cuarto grado de oración. Teresa se siente «subida a una atalaya adonde se ven verdades»</p>
<p>Tres planos:</p>
<ul>
<li>La acción de Dios sobre el místico (sobre Teresa)</li>
<li>El autorretrato de ella a esa altura de la vida</li>
<li>Rasgos fisonómicos del místico del cuarto grado.</li>
</ul>
<p>La acción de Dios sobre el místico (sobre Teresa) es el hecho salvífico fundamental. Percibir esa acción divina es la quintaesencia de la experiencia del místico. Es su típica experiencia de la gracia de Él, que parecía quedar en sordina, como si esa gracia fuese sólo una componente secundaria de la vida del creyente en Cristo.En el místico, en cambio, pasa esa gracia a primer plano.</p>
<p>El orante adquiere <strong>personalidad bien definida</strong></p>
<ul>
<li>Con clara <strong>visión</strong> de sí mismo y de su emplazamiento terrestre y social</li>
<li>Capaz de <strong>relativizar</strong> lo efímero y valorar lo absoluto.</li>
<li>La experiencia mística está lejos de hacer de él un ausente o un trasnochado.</li>
<li>Es capaz de <strong>responsabilizar</strong> a los gobernantes de lo que pasa en la sociedad.</li>
<li>El místico se siente investido de funciones de <strong>profeta</strong>, como un vocero de Dios.</li>
<li>Enclavado y encarado con las realidades <strong>terrestres</strong>.</li>
<li>En la apreciación de Teresa, dos <strong>arquetipos</strong> del místico serían Pablo y la Magdalena: hombre y mujer.</li>
<li>A la vez, el estado del místico tiene algo de anticipo <strong>escatológico</strong>.</li>
</ul>
<p>(Esquemas del Libro de la Vida, ed. de Tomás Álvarez. Monte Carmelo Burgos2004)</p>
<p><a href="/presentaciones/Dia20-21_4Gr-la-oracion-de-union.ppt">La oración de unión</a></p>
<p><a href="/presentaciones/Dia18-19-20_4Gr-vida-de-oracion-mistica.ppt">Vida de oración mística</a></p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La Humanidad de Jesús en la oración</title>
		<link>https://cipecar.org/maestros-de-oracion/santa-teresa-de-jesus/fichas-libro-de-la-vida/la-humanidad-de-jesus-en-la-oracion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fichas: Libro de la Vida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Capítulo importante. Hace de bisagra entre el tratado doctrinal de los grados de oración y el relato autobiográfico de la vida mística de Teresa, que deberá reanudarse en el capítulo 23. En la oración mística de Teresa hubo un momento en que la Humanidad de Cristo fue problema. Necesita tratarlo y prevenir al lector. En [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Capítulo importante. Hace de bisagra entre el tratado doctrinal de los grados de oración y el relato autobiográfico de la vida mística de Teresa, que deberá reanudarse en el capítulo 23.</p>
<p>En la oración mística de Teresa hubo un momento en que la Humanidad de Cristo fue problema. Necesita tratarlo y prevenir al lector. En el trazado del capítulo se entrecruzarán tres líneas: el diálogo con el lector, el propio recuerdo autobiográfico y las razones en que Teresa funda su tesis cristológica.</p>
<h4>Esquema del Cap 22:</h4>
<ul>
<li><strong>nn.</strong>1-4: falsa doctrina cristológica de ciertos libros, y error de ella misma</li>
<li><strong>n.</strong>5: tesis contraria: importancia insuplantable de la Humanidad de Jesús</li>
<li><strong>nn.</strong>6-8: primera serie de razones para probarlo: humildad&#8230;</li>
<li><strong>nn.</strong> 9-12: segunda serie de razones: no somos ángeles&#8230;</li>
<li><strong>nn.</strong>13-18: insistencia, en diálogo con el lector, García de Toledo</li>
</ul>
<h4>El error del puro espiritualismo</h4>
<p>Es un problema, algo complejo: es un error «levantar el espíritu apartándolo de todo lo corpóreo» porque la Humanidad de Cristo (corpórea) es indispensable para el progreso espiritual, incluso para el progreso místico.</p>
<h4>El motivo de fondo</h4>
<p>Teresaha experimentado que cuando intentó prescindir de la Humanidad de Jesús, anda «como en el aire», «sin arrimo» ni apoyo, estancada en la vida espiritual sin progreso en el amor. Sin Él al lado, «todos sus gozos eran a sorbos». «No se hallaba con la compañía que después para los trabajos y tentaciones». «Me parece iba sin camino» (nn. 5-6).</p>
<p>Mucho más decisiva la experiencia <em>positiva: </em>«con tan buen amigo al lado», todo se le volvió luminoso.</p>
<p>«Helo visto por experiencia que se hallaba muy mal mi alma hasta que el Señor me dio luz».</p>
<p>«Muy muy muchas veces lo he visto por experiencia». «He visto claro que por esta puerta hemos de entrar&#8230;»</p>
<p><sup>«</sup>Veo claro&#8230; que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes, quiere sea por manos de esta Humanidad sacratísima». «Esto he probado. De este arte ha llevado Dios mi alma».</p>
<p>«En veros cabe mí, he visto todos los bienes».</p>
<p>«Es muy buen amigo Cristo, porque le miramos hombre, y vémosle con flaquezas y trabajos, y es compañía».</p>
<p>«Es ayuda y da esfuerzo. Nunca falta. Es amigo verdadero». «Con tan buen amigo presente&#8230;, todo se puede sufrir».</p>
<h4>Las dos razones cristológicas</h4>
<p>En la oración, prescindirdel recurso a la Humanidad de Cristo:</p>
<ul>
<li>1º implica una sutil y dañosa falta de humildad,</li>
<li>2º es ignorar la propia condición humana: que somos: hombres y no ángeles.</li>
</ul>
<h4>Humanidad de Jesús: ¿qué es? o ¿quién es?</h4>
<p>Teresa se refiere a Jesús mismo y a todo su misterio:</p>
<ul>
<li>a su aventura evangélica; sus palabras, sentimientos y acciones, su Pasión, su Cuerpo glorioso y resucitado.</li>
<li>a su presencia eucarística, «compañero nuestro en el Santísimo Sacramento, que no parece fue en su mano apartarse un momento de nosotros».</li>
<li>a su misteriosa presencia al lado del orante o del creyente: tenerlo «cabe sí»; «en veros cabe mí, he visto todos los bienes»; «compañero nuestro», «amigo, tan buen amigo al lado, amigo verdadero»; «es compañía», «con tan buen capitán que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir».</li>
<li>El es «el mejor dechado»; «quisiera yo siempre traer delante de los ojos su retrato e imagen, ya que no podía traerle tan esculpido en mi alma como yo quisiera».</li>
</ul>
<p>(Esquemas del Libro de la Vida, ed. de Tomás Álvarez. Monte Carmelo Burgos2004)</p>
<p><a href="/presentaciones/Dia20-Amigo_Verdadero.pps">Amigo verdadero</a></p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Flores y frutos de oración</title>
		<link>https://cipecar.org/maestros-de-oracion/santa-teresa-de-jesus/fichas-libro-de-la-vida/flores-y-frutos-de-oracion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Mar 2009 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fichas: Libro de la Vida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tercer grado de oración: flores y frutos de oración. Grupo y amistad en la oración o para la oración (Cap. 16) «Ya se abren las flores. Ya comienzan a dar olor». Mientras escribe, Teresa revive intensamente esa oración. Es singularísimo el capítulo 16. De intenso lirismo literario, y de gran calado místico, tanto por su [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/maestros-de-oracion/santa-teresa-de-jesus/fichas-libro-de-la-vida/flores-y-frutos-de-oracion/">Flores y frutos de oración</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2>Tercer grado de oración: flores y frutos de oración. Grupo y amistad en la oración o para la oración (Cap. 16)</h2>
<p><em>«Ya se abren las flores. Ya comienzan a dar olor».</em> Mientras escribe, Teresa revive intensamente esa oración.</p>
<p>Es singularísimo el capítulo 16. De intenso lirismo literario, y de gran calado místico, tanto por su contenido testifical autobiográfico, como por su proyección mistagógica sobre el lector.</p>
<p>Se propone trasvasar al lector su carga emotiva y religiosa. Lo dice en el título del capítulo: «es muy para levantar el espíritu en alabanzas de Dios y para gran consuelo de quien llegare aquí».</p>
<p>El capítulo sigue un trazado rectilíneo, realmente modélico desde el punto de vista pedagógico o mistagógico:</p>
<p>Al nuevo grado de oración le da el nombre de «sueño de potencias», manteniendo en el vocablo «sueño» sus dos acepciones: de «dormir» y de «soñar», con clara intención de señalar el comienzo de una actividad psicológica netamente diversa de la habitual y connatural. Estado intermedio entre la «quietud» y el «éxtasis».</p>
<p>Descripción de ese grado de oración (n.1).</p>
<p>Evocación de los años en que ella vivió «en abundancia muchas veces» ese tipo de oración, hace ya «cinco o seis años» (n.2). Es decir, hacia 1558/1560 (4).</p>
<p>Revivencia presente: «creo no soy yo la que hablo desde esta mañana que comulgué&#8230;»; situación que persiste en el momento puntual en que «habla», pluma sobre papel: «cuando esto escribo, no estoy fuera de esta santa locura celestial&#8230; Parece que sueño lo que veo» (nn. 4.6).</p>
<p>Autorretrato de sí misma. «Está que no cabe en sí» (n.3). Necesita un raro oxígeno divino para seguir viviendo. «Parece vive contra natura».</p>
<p>Se dirige a Dios en un soliloquio vehemente, casi emplazándolo amorosamente: «Rey mío, suplícoos yo&#8230; que estén todos los que yo tratare locos de vuestro amor». Clamor intencionadamente envolvente respecto de sus amigos lectores.</p>
<p>Lirismo y sentimiento místico le resultan incontenibles. E irrumpen, primero en la persona del lector más inmediato, García de Toledo («Oh hijo mío!»); se dirigen luego a los cinco «que al presente nos amamos en Cristo»; y desde ellos, a todo el que leyere (nn.6-7).</p>
<p>Teresa se da cuenta de que «ha estado muy atrevida» y pide al lector primero -destinatario del manuscrito- que lo tome como dicho en privado para él («sea sólo para vos algunas cosas»), o que rompa las páginas en que ha «salido de términos» y «tómelo por carta para sí».</p>
<p>Así, el capítulo adquiere de nuevo el tenor de una carta íntima y directa. Como una flecha disparada a la entraña del lector.</p>
<p><strong>En esquema, todo el capítulo se cifra en tres puntos:</strong></p>
<ul>
<li>nn. 1-3: descripción del nuevo grado de oración: desde la alegoría del huerto; desde su experiencia de hace años; en la doble componente teologal y psicológica.</li>
<li>nn. 4-5: la autora revive esa oración mientras escribe; soliloquio, «da voces a Dios»&#8230;</li>
<li>nn. 6-8: del monólogo ante Dios, pasa al diálogo con el lector, para comunicarle su emoción orante, sus decisiones y convicciones.</li>
<li>ruego final: «rompa(lo) vuestra merced» (n. 8).</li>
</ul>
<p>(Esquemas del Libro de la Vida, ed. de Tomás Álvarez. Monte Carmelo Burgos2004)</p>
<h3>Lección de oración para nosotros hoy</h3>
<p>Los místicos son los testigos de la GRACIA que es de todos/as. El don de la Gracia es tan grande que todos podrían percibirlo. Todos podrían ser locos de amor. Pero lo normal no es lo común. La norma siempre es Cristo.</p>
<p>Teresa nos regala el testimonio de una Gracia vivida, los elementos de la gracia de la oración que le fue concedida a ella.</p>
<p>La oración de todo cristiano tiene todos estos componentes:</p>
<p>El componente antropológico y psicológico en este grado de oración mística se unifica. El desarrollo de la vida cristiana debe llevar a un proceso de sanación de integración y pacificación interior a todos los niveles.</p>
<p>La gracia cristiana tiene un componente profético, es para decirla y así crea su contenido literario-poético.</p>
<p>El componente testimonial es parte de la gracia de la oración.</p>
<p>La gracia de la oración produce la unificación de la persona.</p>
<p>Toda oración es para alabanza de su Gloria. El destino de toda vida cristiana es para Gloria de Dios-Alabanza.</p>
<p>El componente ético son las virtudes, las flores que se abren y perfuman el entorno.</p>
<p>Aparece también el componente eclesial, comunitario. La vida cristiana lleva a la extensión de la gracia. Que todos/as se contagien de este Bien. Deseo de comunión. La gracia es eclesial y nos envuelve en su oración.</p>
<p>Otro componente es el escatológico. Tensión, deseo hacia el cielo. Ver a Cristo. Si hay que morir se muere, si hay que servir se sirve. El deseo del reino es consustancial al cristiano. En todo creyente aflora esta tensión escatológica: deseo de ver a Dios y deseo de servirle.</p>
<p>La oración es testifical, apostólica. El apostolado primero es el de la amistad. Contagiar la gracia de la oración al amigo. El primer apostolado es el eclesial: el grupo de oración La oración crea comunión, se hace eclesial. El grupo es necesario para la oración y para caminar en verdad. La autenticidad cristiana urge a la verdad.</p>
<p>El elogio a la libertad. Liberarse de qué dirán. El verdadero camino de la oración es un camino de libertad</p>
<h3>Copiamos el Cap 16 siguiendo este esquema de contenidos</h3>
<p>Trata tercer grado de oración, y va declarando cosas muy subidas, y lo que puede el alma que llega aquí, y los efectos que hacen estas mercedes tan grandes del Señor.Es muy para levantar el espíritu en alabanzas de Dios y para gran consuelo de quien llegare aquí.</p>
<h4>1. Vengamos ahora a hablar de la <strong>tercera agua</strong> con que se riega esta huerta, que es agua corriente de río o de fuente, que se riega muy a menos trabajo, aunque alguno da el encaminar el agua.</h4>
<p>Quiere el Señor aquí ayudar al hortelano de manera que <em>casi</em> El es el hortelano y el que lo hace todo.</p>
<p> <em>[Breve descripción]</em></p>
<p><em>[Contenido estético]</em></p>
<p>Es un <strong>sueño de las potencias,</strong> que ni del todo se pierden ni entienden cómo obran (1).</p>
<ul>
<li>El gusto y suavidad y deleite es más sin comparación que lo pasado; </li>
<li>es que da el agua de la gracia a la garganta de esta alma, (2), </li>
<li>que no puede ya ir adelante, ni sabe cómo, ni tornar atrás. </li>
<li>Querría gozar de grandísima gloria. </li>
<li>Es como uno que está, la candela en la mano (3), que le falta poco para morir muerte que la desea; </li>
<li>está gozando en aquella agonía con el mayor deleite que se puede decir. </li>
<li>No me parece que es otra cosa sino un morir casi del todo a todas las cosas del mundo y estar gozando de Dios (4).</li>
</ul>
<p><em>[Contenido teologal &#8211; psicológico]</em></p>
<p>Yo no sé otros términos cómo lo decir ni cómo lo declarar,</p>
<p>ni entonces sabe el alma qué hacer;</p>
<p>porque ni sabe si hable ni si calle, ni si ría (5), ni si llore.</p>
<p>Es un glorioso desatino, una celestial locura, adonde se deprende la verdadera sabiduría,</p>
<p> y es deleitosísima manera de gozar el alma.</p>
<h4>2. Y es así que ha que me dio el Señor en abundancia esta oración creo cinco y aun seis años (6), muchas veces, y que ni yo la entendía ni la supiera decir; y así tenía por mí, llegada aquí, decir muy poco o nonada.</h4>
<p>Bien entendía que <strong>no era del todo unión de todas las potencias</strong> y que era más que la pasada, muy claro;</p>
<p>mas yo confieso que no podía determinar ni entender cómo era esta diferencia.</p>
<p> <em>[Contenido literario &#8211; profético &#8211; poético]</em></p>
<p>Creo por la humildad que vuestra merced (7) ha tenido en quererse ayudar de una simpleza tan grande como la mía,</p>
<ul>
<li>me dio el Señor <strong>hoy</strong>, acabando de comulgar, esta oración, sin poder ir adelante, y </li>
<li>me puso estas comparaciones y </li>
<li>enseñó la manera de decirlo y </li>
<li>lo que ha de hacer aquí el alma; </li>
</ul>
<p>que, cierto, yo me espanté y entendí en un punto.</p>
<p>Muchas veces estaba así como <strong>desatinada y embriagada</strong> en este amor (8), y jamás había podido entender cómo era.</p>
<p>Bien entendía que era Dios,</p>
<p>mas no podía entender cómo obraba aquí;</p>
<p>porque en hecho de verdad están casi del todo <strong>unidas las potencias</strong> (9),</p>
<p>mas no tan <strong>engolfadas</strong> que no obren.</p>
<p>Gustado he en extremo de haberlo ahora entendido.</p>
<p>¡Bendito sea el Señor, que así me ha regalado!</p>
<p><em>[Contenido y efectopsicológico]</em></p>
<h4>3. Sólo tienen <strong>habilidad las potencias</strong> para ocuparse todas en Dios.</h4>
<p>No parece se osa bullir ninguna ni la podemos hacer menear, si con mucho estudio (10) no quisiéramos divertirnos, y aun no me parece que del todo se podría entonces hacer.</p>
<p><em>[Contenido teologal &#8211; doxológico]</em></p>
<p>Háblanse aquí muchas palabras en <strong>alabanzas de Dios</strong> sin <strong>concierto</strong>, si el mismo Señor no las concierta.</p>
<p>Al menos el entendimiento no vale aquí nada.</p>
<p>Querría dar voces en alabanzas el alma, y está que no cabe en sí; un desasosiego sabroso.</p>
<p><em>[Contenido teologal &#8211; ético &#8211; testimonial]</em></p>
<p>Ya ya se abren las flores, ya comienzan a dar olor.</p>
<p>Aquí querría el alma que todos la <strong>viesen</strong> y <strong>entendiesen su gloria para alabanzas de Dios</strong>,</p>
<p>y que la ayudasen a ella,</p>
<p>y <strong>darles</strong> parte de su gozo, porque no puede tanto gozar.</p>
<p>Paréceme que es como la que dice el Evangelio que quería llamar o llamaba a sus vecinas (11).</p>
<p>Esto me parece debía sentir el admirable espíritu del real profeta David, cuando tañía y cantaba con el arpa en alabanzas de Dios (12). De este glorioso Rey soy yo muy devota y querría todos lo fuesen, en especial los que somos pecadores.</p>
<p> <em>[Icono de Teresa orando. Autobiografía. Canta ante nosotros]</em></p>
<p><em>[Tensión escatológica]</em></p>
<h4>4. ¡Oh, válgame Dios!</h4>
<p>¡Cuál está un alma cuando está así!</p>
<p><em>[Contenido teologal &#8211; doxológico]</em></p>
<p>Toda ella querría fuese lenguas para alabar al Señor. Dice mil <strong>desatinos santos</strong>,</p>
<p><strong>atinando</strong> siempre a contentar a quien la tiene así.</p>
<p><em>[Contenido teologal &#8211; poético &#8211; doxológico]</em></p>
<p>Yo sé persona (13) que, con no ser poeta, que le acaecía hacer de presto coplas muy sentidas declarando su pena bien, no hechas de su entendimiento, sino que, para más gozar la gloria que tan sabrosa pena le daba, se quejaba de ella a su Dios.</p>
<p> <em>[Contenido teologal &#8211; antropológico &#8211; psicológico]</em></p>
<p>Todo <strong>su cuerpo y alma</strong> querría se despedazase para mostrar el gozo que con esta pena siente.</p>
<ul>
<li>¿Qué se le pondrá entonces delante de tormentos, que no le fuese sabroso pasarlos por su Señor? </li>
<li>Ve claro que no hacían nada (14) los <strong>mártires</strong> de su parte en pasar tormentos, porque conoce bien el alma viene de otra parte la fortaleza. </li>
<li>Mas ¿qué sentirá de tornar a tener seso para vivir en el mundo, y de haber de tornar a los cuidados y cumplimientos de él? </li>
<li>Pues no me parece he encarecido cosa que no quede baja en este modo de gozo que el Señor quiere en este destierro que goce un alma.</li>
</ul>
<p><em>[Contenido teologal &#8211; escatológico &#8211; doxológico]</em></p>
<p>¡Bendito seáis por siempre, Señor!</p>
<p>¡Alaben os todas las cosas por siempre!</p>
<p>¡Quered <strong>ahora</strong>, Rey mío, suplícooslo yo,</p>
<p>que, pues <strong>cuando esto escribo</strong> (15),</p>
<p>no estoy fuera de esta santa locura celestial</p>
<p>por vuestra bondad y misericordia que tan sin méritos míos me hacéis esta merced, que</p>
<p>o estén<strong> <em>todos los que yo tratare</em></strong>locos de vuestro amor,</p>
<p>o permitáis que no trate yo con nadie,</p>
<p>u ordenad, Señor, cómo no tenga ya cuenta en cosa del mundo</p>
<p>o me sacad de él!</p>
<p>¡No puede ya, Dios mío, esta vuestra sierva sufrir tantos trabajos como de verse sin Vos le vienen,</p>
<p>que si ha de vivir,</p>
<p>no quiere descanso en esta vida, ni se le deis Vos!</p>
<p>Querría ya esta alma verse libre:</p>
<p>el comer la mata;</p>
<p>el dormir la congoja;</p>
<p>ve que se le pasa el tiempo de la vida pasar en regalos,</p>
<p>y que nada ya la puede regalar fuera de Vos; (16)</p>
<p>que parece vive contra natura,</p>
<p>pues ya no querría vivir en sí sino en Vos (17).</p>
<h4>5. ¡Oh verdadero Señor y gloria mía!</h4>
<blockquote>
<p>¡Qué delgada y pesadísima cruz </p>
<p>tenéis aparejada a los que llegan a este estado! </p>
<p>Delgada, porque es suave; </p>
<p>pesada, porque vienen veces que no hay sufrimiento que la sufra, </p>
<p>y no se querría jamás ver libre de ella, </p>
<p>si no fuese para verse ya con Vos. </p>
<p>Cuando se acuerda que no os ha servido en nada,</p>
<p>y que viviendo (18) os puede servir, </p>
<p>querría cargarse muy más pesada y </p>
<p>nunca hasta el fin del mundo morirse. </p>
<p>No tiene en nada su descanso, </p>
<p>a trueco de haceros un pequeño servicio. </p>
<p>No sabe qué desee, </p>
<p>mas bien entiende que no desea otra cosa sino a Vos. </p>
</blockquote>
<p><em>[Contenido de apostolado, testifical&#8230;]</em></p>
<h4>6. ¡Oh <strong>hijo mío</strong>! (19) (que es tan humilde, que así se quiere nombrar a quien va esto dirigido y me lo mandó escribir), sea sólo para vos algunas cosas de las que viere vuestra merced salgo de términos; (20) porque no hay razón que baste a no me sacar de ella, cuando me saca el Señor de mí, ni creo soy yo la que hablo <strong>desde esta mañana</strong> que comulgué.</h4>
<p>Parece que <strong>sueño</strong> lo que veo (21) y no querría ver sino <strong>enfermos</strong> de este mal que estoy yo ahora.</p>
<p>Suplico a vuestra merced <strong>seamos todos locos por amor</strong> de quien por nosotros se lo llamaron.</p>
<p> <em>[&#8230; de amistad]</em></p>
<p>Pues dice vuestra merced que me quiere, en disponerse para que Dios le haga esta merced quiero que me lo muestre, porque veo muy pocos que no los vea con seso demasiado para lo que les cumple.</p>
<p>Ya puede ser que tenga yo más que todos.</p>
<p>No me lo consienta vuestra merced, Padre mío, pues también lo es como hijo (22), pues es mi confesor y a quien he fiado mi alma.</p>
<p>Desengáñeme con <strong>verdad</strong>, que se usan muy poco estas verdades.</p>
<p> <em>[&#8230; eclesial]</em></p>
<h4>7. Este concierto querría hiciésemos<strong> los cinco</strong> (23) que al presente nos amamos en Cristo, que como otros en estos tiempos se juntaban en secreto para contra Su Majestad (24) y ordenar maldades y herejías, procurásemos juntarnos alguna vez para <em>desengañar</em> unos a otros, y decir en lo que podríamos <em>enmendarnos</em> y <em>contentar</em> más a Dios; que no hay quien tan bien se conozca a sí como conocen los que nos miran, si es con amor y cuidado de aprovecharnos.</h4>
<p>Digo «en secreto» (25), porque no se usa ya este <em>lenguaje</em>.</p>
<p> Hasta <strong>los predicadores</strong> van ordenando sus sermones para no descontentar (26). Buena intención tendrán y la obra lo será; mas ¡así se enmiendan pocos!</p>
<p>Mas ¿cómo no son muchos los que por los sermones dejan los vicios públicos? ¿Sabe qué me parece?</p>
<p>&#8211;Porque tienen mucho seso los que los predican. No están sin él, con el <strong>gran fuego de amor de Dios</strong>, como lo estaban los Apóstoles, y así calienta poco esta llama. No digo yo sea tanta como ellos tenían, mas querría que fuese más de lo que veo.</p>
<p>¿Sabe vuestra merced en qué debe ir mucho?</p>
<p>&#8211;En tener ya aborrecida la <strong>vida</strong> y en poca estima la <strong>honra</strong>; que no se les daba más a trueco de decir una <strong>verdad</strong> y <strong>sustentarla</strong> para gloria de Dios perderlo todo, que ganarlo todo; que a quien de veras lo tiene todo <strong>arriscado</strong> (27) por Dios, igualmente lleva lo uno que lo otro. No digo yo que soy ésta, mas querríalo ser.</p>
<p> <em>[&#8230;social]</em></p>
<p>8. ¡Oh gran <strong>libertad</strong>, tener por cautiverio haber de vivir (28) y tratar conforme a las leyes del mundo!, que como ésta se alcance del Señor, no hay esclavo que no lo arrisque todo por rescatarse y tornar a su tierra. Y pues éste es <strong>el verdadero camino</strong>, no hay que parar en él, que nunca acabaremos de ganar tan gran tesoro, hasta que se nos acabe la vida.</p>
<p> El Señor nos dé para esto su favor.</p>
<p> <em>[Todo era una confidencia&#8230;]</em></p>
<p>Rompa vuestra merced esto que he dicho, si le pareciere, y tómelo por carta para sí, y perdóneme, que he estado muy atrevida (29).</p>
<h3>NOTAS CAPÍTULO 16</h3>
<p>A este tercer grado de oración le dedica los cc. 16-17.</p>
<p>-Volverá a tratarlo muy de pasada en el lugar paralelo de <em>Moradas </em>4, 3, 11; <em>Rel </em>5, 5; <em>Conc. </em>4, 4; <em>Fund. </em>6, 1.</p>
<p>1 Términos técnicos: «sueño de las potencias», para designar un grado de oración «pre-extática», en el que las potencias «no se pierden del todo» (como en el éxtasis). &#8211; «Cómo obran»: cf. c. 10, 1.</p>
<p>2 En orden: «da el agua de la gracia a la garganta de esta alma».</p>
<p>3 <em>«Con» la candela, </em>corrigió uno de los censores. Fray Luis admitió la corrección (p. 184). La Santa alude al uso de su tiempo en el modo de administrar la Unción de los enfermos.</p>
<p>4 <em>Un morir&#8230; y estar gozando: </em>recurso a la paradoja para expresar la experiencia mística. Aquí mismo: «gozar aquella agonía». &#8211; Recurso expresivo que abunda en todo el capítulo: «desasosiego sabroso» (3), «dice mil desatinos&#8230; atinando» (4), «tan sabrosa pena» (4), «tormentos&#8230; sabrosos» (4), «santa locura celestial» (4), «delgada y pesadísima cruz» (5) &#8230;</p>
<p>5 <em>Se ría, </em>escribió la Santa por lapsus de pluma. Leemos como fray Luis (p. 184).</p>
<p>6 Serían sus experiencias de oración en los años 1559/1560.</p>
<p>7 Sigue aludiendo al P. García de Toledo. Como en el n. 6 y al final del capítulo. Aquí aparece no tanto como mandante censor, sino como discípulo necesitado de <em>ayuda.</em></p>
<p>8 <em>Como desatinada y embriagada en amor: </em>tres imágenes de origen psicológico utilizadas en el capítulo, son: el sueño, la embriaguez, la locura de amor. Dentro de esta última, el «desatino». En los <em>Conceptos </em>(4, 3-4) dirá: «borrachez divina», «sueño y embriaguez celestial (en que) queda como cosa espantada y embobada y con un santo desatino». &#8211; En ambos pasajes (de <em>Vida </em>y de <em>Conc.</em>) el «como» («<em>como </em>desatinada», «<em>como </em>cosa espantada») no tiene función críptica, sino comparativa o aproximativa.</p>
<p>9 <em>Unidas las potencias: </em>«unidas» en su acepción técnica: en unión mística con Dios o con el objeto amado o contemplado.</p>
<p>10 <em>Con mucho estudio: </em>esfuerzo, trabajo.</p>
<p>11 Alude a la parábola de la moneda perdida: <em>Lc. </em>15, 9.</p>
<p>12 <em>Libro 2 de los Reyes </em>6, 14. &#8211; En el calendario litúrgico de los Carmelitas, aprobado por el capítulo general de 1564, la festividad del Rey David figura el 29 de diciembre. &#8211; En la lista de Santos preferidos «que ella traía escrita», figura «el Rey David» (Ribera, p. 425). &#8211; En su breviario, la fiesta de San David, rey y profeta, figuraba el 30 de diciembre.</p>
<p>13 <em>Yo sé persona </em>(conozco una persona): Ella misma. Expresión que utilizará numerosas veces en las <em>Moradas </em>para mantener el anonimato (<em>M. </em>1, 2, 2&#8230;). La frase parece un remedo de la usada por San Pablo (<em>2 Cor </em>12, 2) para contar su rapto «al tercer cielo». &#8211; Para esas fechas (1565), ya la Santa había compuesto al menos el poema «Oh hermosura que excedéis» (carta a Lorenzo de Cepeda, del 2.1.1577).</p>
<p>14 <em>«Casi» nada: </em>corrigió Báñez en el autógrafo, por escrúpulo teológico. Fray Luis no lo siguió (p. 186).</p>
<p>15 <em>Cuando esto escribo: </em>escribe bajo los efectos de la gracia mística recibida esa misma mañana (cf. n. 6). &#8211; Es su mejor recurso literario ante lo inefable del tema místico. Recuérdese lo dicho en el c. 14, n. 8, nota 24.</p>
<p>16 <em>Fuera de: </em>a excepción de.</p>
<p>17 <em>Vive contra natura: </em>expresión escolástica equivalente a «contra la inclinación natural». &#8211; <em>No vivir en sí sino en Vos: </em>reminiscencia del pasaje de San Pablo: «vivo yo, mas no yo&#8230;» (<em>Gal. </em>2, 20). Ya lo ha testificado de sí misma en el c. 6, 9. &#8211; Tema místico que celebrará en su poema «Vivo sin vivir en mí» (1ª estrofa).</p>
<p>18 <em>Viendo, </em>escribió la Santa. Parece un claro lapsus (por haplografía). Así lo entendió fray Luis (p. 188). La lectura «viendo» tiene difícil sentido. &#8211; Sigue: <em>cargarse muy más pesada </em>cruz.</p>
<p>19 <em>Oh hijo mío: </em>se dirige al P. García de Toledo. Esta frase fue retocada en el autógrafo, y casi toda la siguiente borrada, de suerte que se leyese: «Oh Padre mío, a quien esto va dirigido», omitiendo «que es tan humilde, que así se quiere nombrar (hijo)». Autora de la enmienda parece ser la misma Santa, que borrará otra expresión similar al fin de este n. 6. &#8211; Fray Luis prefirió en ambos casos el texto primitivo) pp. 188-189).</p>
<p>20 <em>Salgo de términos: </em>como «salir de propósito» (cf. 13, 22), pero implicando el «salir de razón» de la frase siguiente: «cuando el Señor me saca de mí / y de razón».</p>
<p>21 <em>Sueño lo que veo»: </em>nótese la relación con el tema del capítulo, «sueño de potencias». Volverá a testificar esa su situación psicológica y espiritual en el c. final: «hame dado una manera de sueño en la vida, que casi siempre me parece estoy soñando lo que veo» (40, 22; y c. 38, 7).</p>
<p>22 <em>También lo es como hijo: </em>tachadas por la mima Santa. Cf. nota 19.</p>
<p>23 <em>Los cinco que al presente nos amamos en Cristo: </em>es el grupo de íntimos de esas fechas: 1562-1565. Lo forman: García de Toledo, F. de Salcedo, D. Báñez&#8230; y quizás P. Ibáñez (aún en vida), el maestro Daza y Doña Guiomar de Ulloa.</p>
<p>24 <em>En estos tiempos se juntaban en secreto contra S.M: </em>probable alusión a Agustín Cazalla y sus adeptos, sospechosos de herejía, condenados en el auto de fe del 24.5.1559. (Cf. el testimonio de Ana de Jesús en los procesos de la Santa: <em>BMC, </em>t. 18, p. 471-472).</p>
<p>25 <em>Digo «en secreto»: </em>pequeña confusión de la Santa. «En secreto», ha dicho que se reunían otros «para maldades». No «los cinco».</p>
<p>26 Al margen apostilló Báñez con cierta ironía: «legant praedicatores».</p>
<p>27 <em>Arriscado: </em>arriesgado. Lo usará de nuevo en el n. siguiente.</p>
<p>28 <em>Cautiverio&#8230; vivir: </em>la «vida-cárcel», es tema que reaparecerá en el poema «Vivo sin vivir en mí». Cf. <em>Vida, </em>20, 25; 21, 6: «el cautiverio que traemos en los cuerpos»; y <em>Exc. </em>17, 3.</p>
<p>29 Esa breve conclusión del capítulo subraya el carácter de ciertos pasajes del libro, escritos a modo de <em>carta </em>reservada para el principal destinatario, P. García de Toledo: cf. 10, 8. A él dirige la encomienda de «quemar» o romper las páginas inconvenientes (<em>ib., </em>y 40, 23).</p>
<p><a href="/presentaciones/Dia16_3Grado_Oracion-ya-se-abren-las-flores.pps">Ya se abren las flores</a></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Mar adentro en la experiencia de Dios</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Mar 2009 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fichas: Libro de la Vida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Resultados éticos o morales en la vida del orante. El problema de la imaginación. Tres matices sobre la oración. (Cap. 17) Dos son los temas de este capítulo: los efectos de esa oración en la vida del orante; y el problema de la imaginación = «la loca de la casa», irreducible y dispersiva. Resistente al [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Resultados éticos o morales en la vida del orante. El problema de la imaginación. Tres matices sobre la oración. (Cap. 17)</h2>
<p>Dos son los temas de este capítulo: los efectos de esa oración en la vida del orante; y el problema de la imaginación = «la loca de la casa», irreducible y dispersiva. Resistente al proceso de «unión». Al lado del tema de la oración, el episodio autobiográfico: Teresa en diálogo con el lector preferido y con los otros cuatro.</p>
<p>A ella no sólo le ha acaecido «muchas veces» esta forma de oración mística, y no sólo le ha ocurrido «hoy» antes de escribir (n. 6), sino que nos cuenta el episodio de «las tres mercedes», estrechamente ligado a la redacción del libro: <em>«Porque una merced es dar el señor la merced, y otra es entender qué merced es y qué gracia, otra es saber decirla y dar a entender cómo es» (n. 5).</em></p>
<h4>En esquema del capítulo:</h4>
<ul>
<li>nn. nn. 1-2: breve puntualización sobre la acción de Dios en esta forma de oración, en su manifestación más intensa.</li>
<li>nn. 3-8: otras manifestaciones de esta oración y sus efectos: virtudes, amor, paz y gloria en el alma, hasta rebosar en el cuerpo.</li>
<li>nn. nn. 5-7: intercala el problema de la imaginación.</li>
<li>n. 8lb: concluye, a modo de epílogo epistolar.</li>
</ul>
<h4>Tres matices de unión mística incipiente</h4>
<p><em>«Hay otra manera de unión que aún no es entera unión, mas es más que la </em>que <em>acabo de decir, y no tanto como la </em>que <em>se ha dicho de esta tercera agua» (n. 5). </em></p>
<h4>Tres «maneras de esta postrera agua de fuente»:</h4>
<ul>
<li>1ª «unión muy conocida de toda el alma con Dios» (1-3)</li>
<li>2ª oración «que aún no es entera unión» (5-6)</li>
<li>3ª «unión de sola la voluntad» (n. 4).</li>
</ul>
<p>Para leer hoy ese sutil análisis teresiano, es preciso tener presente el elemental ideario, especie de plantilla psicológica, de la Santa. Según ella, las actividades del alma son fundamentalmente cuatro:</p>
<ul>
<li>la <em>voluntad, </em>que es la potencia del amor, tanto recibido como emitido;</li>
<li>el <em>entendimiento, </em>receptor y emisor del conocimiento;</li>
<li>la <em>memoria, </em>depósito radial de los recuerdos;</li>
<li>la <em>imaginación, </em>responsable de las imágenes interiores y quizá también de los «pensamientos y pensamientilios», libres y agresivos (en las <em>Moradas, </em>por ejemplo, escribirá: «pensamientillos que proceden de la imaginación», que son como «lagartijillas» de los arrabales del castillo, «que por doquiera se meten». M 5,1,5).</li>
</ul>
<p>Existe además en el alma la franja de lo fruitivo, gozos, gustos, deleites, contentos, sin sede precisa en una potencia del alma, pero muy en comunicación con el cuerpo. En todo caso, «la mejor parte del alma», o bien «la mayor parte», es la voluntad con su capacidad de amor y de determinación.</p>
<p>Sobre el engranaje elemental de esas actividades interiores, la Santa describe ahora la triple graduatoria de acceso a la unión mística. Veamos las tres variantes:</p>
<p><em> La primera y más intensa </em>forma de unión es la descrita al comenzar el capítulo. Dios actúa como señor y hortelano del alma. «Quiere que ella huelgue. Sólo consiente la voluntad» en lo que recibe. «Se ha de ofrecer a todo lo que en ella quiere hacer la verdadera Sabiduría». <em>«Aquí me parece viene bien&#8230; dejarse del todo en los brazos de Dios: si quiere llevarla al cielo, vaya; si al infierno, no tiene pena, como vaya con su Bien, si acabar del todo la vida, eso quiere; si que viva mil años, también. Haga Su Majestad como de cosa propia; ya no es suya el alma de sí misma; dada está del todo al Señor; descuídese del todo&#8230;Y mucho más que éstos son sus efectos» </em>(n. 2).</p>
<p><em>El tipo segundo </em>«aún no es entera unión». La infusión de amor y de luz fascinan la voluntad y el entendimiento. Pero no la franja de la memoria y la imaginación: <em>«me hace Dios esta merced de esta suerte muy muchas </em><em>veces». A saber: «coge Dios la voluntad y aun el entendimiento&#8230;, como quien está mirando y ve tanto que no sabe hacia dónde mirar&#8230; La memoria queda aquí libre, y junto con ella la imaginación, y&#8230; es para ver la guerra que da y cómo procura desasosegarlo todo&#8230;»</em> (n. 5).</p>
<p><em>La tercera forma de unión </em>es de sola la voluntad. Sola ella y su dinámica de amor y gozo quedan bajo el foco de la acción sobrenatural de Dios: <em>«en mucha quietud está sola la voluntad, y están por otra parte el entendimiento y memoria tan libres, que pueden tratar en negocios y entender en obras de caridad»</em> (n. 4).</p>
<p><strong>Los efectos. El plano ético. Nueva personalidad:</strong><em>«Nueva» más allá de los planos ético y psicológico. «Se ve otra y no sabe cómo» </em></p>
<p><strong>El problema de la imaginación, «la loca de la casa»</strong></p>
<p>1º Fenómeno molesto. 2º Pone en evidencia la falta de unidad interior en nuestra psicología.</p>
<p>«Algunas veces le digo: <em>«¿Cuándo, mi Dios, ha deestar ya toda junta mi alma en vuestra alabanza, y no hecha pedazos sin poder valerse a sí? </em>Aquí veo el mal que nos causa el pecado, pues así nos sujetó a no hacer lo que queremos de estar siempre ocupados en Dios» (5).</p>
<p>(Esquemas del Libro de la Vida, ed. de Tomás Álvarez. Monte Carmelo Burgos2004)</p>
<h3>Lección de oración para nosotros hoy</h3>
<p>La oración mística es gracia común a todos los bautizados. En Teresa se dio de una manera determinada.</p>
<p>La grandeza de esta gracia en el místico, es que tiene sensibilidad ante Dios. Tiene la piel fina para percibir y acoger el Misterio de Dios y a la vez habilidad para decirla, una palabra para comunicarla. Tiene la gracia de Cristo y sensibilidad y palabra para decírnosla.</p>
<p>1.- Santa Teresa habla de su experiencia. Saca de su huerto lo que el Señor ha hecho crecer en él. Escribe con propósitos didácticos y mistagógicos. Nos introduce en el Misterio. Su palabra nos lleva a percibir a Dios actuando en nosotros. Nos deja ante Dios. En sus escritos ella habla con el Señor, nos mete dentro de esta amistad y desaparece ella. Trata de engolosinar para que tengamos ganas de tratar con Quien sabemos nos Ama. Escribe para consuelo de almas flacas. Nos anticipa el cielo. Es maestra y enseña.</p>
<p>2.- Aportación de Teresa: Pone de relieve la experiencia contemplativa, el corazón de la fe, el Evangelio. La oración contemplativa en su tiempo estaba bajo mínimos, era secreta, se excluía de ella a las mujeres. La oración quedaba reducida a prácticas externas. Ella señala que es decisivo priorizar la contemplación como núcleo de la fe. Hoy la oración está sepultada por ruidos, intereses propios, ajetreos&#8230; ella nos lleva a centrar la fe en Cristo. La oración es el hilo conductor y argumento central del Libro de La Vida. Está convencida de estar ensañada por Dios y desea que comencemos a recorrer este camino de oración que nos lleve a la Fuente, que es Cristo Jesús, el Amigo Verdadero.</p>
<p><a href="/presentaciones/Dia17_3Gr_ Mar-adentro.pps">Mar adentro en la experiencia de Dios</a></p>
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		<title>Amigos fuertes de Dios</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Mar 2009 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fichas: Libro de la Vida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Amigos fuertes de Dios Muchos llegan, pocos perseveran. Recogimiento y quietud. Avisos(Cap. 15) Continúa con breves pinceladas sobre esta oración de segundo grado. Abunda en «avisos» sobre cómo conducirse el orante, tanto en los momentos de oración como en la vida práctica. Y lo previene contra el riesgo de involución: que no sólo es posible [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Amigos fuertes de Dios Muchos llegan, pocos perseveran. Recogimiento y quietud. Avisos(Cap. 15)</h2>
<p>Continúa con breves pinceladas sobre esta oración de segundo grado. Abunda en «avisos» sobre cómo conducirse el orante, tanto en los momentos de oración como en la vida práctica. Y lo previene contra el riesgo de involución: que no sólo es posible el retroceso, sino que son pocos los que pasan adelante en la vida mística.</p>
<p>La secuencia de avisos procede así:</p>
<ul>
<li>nn. 1-3: Torna al tema del capítulo anterior. Da nuevas consignas sobre la oración de «quietud y recogimiento».</li>
<li>nn. 4-9: consejos prácticos: qué hacer&#8230;</li>
<li>nn.9-15: cómo discernir la oración mística, de posibles simulaciones y desvaríos.</li>
<li>14: recopilación de consejos prácticos.</li>
</ul>
<h4>Los tres recursos habituales</h4>
<p>Son los materiales de soporte habituales en la pluma de la Santa:</p>
<ul>
<li>a) las variantes léxicas;</li>
<li>b) el recurso al dato autobiográfico;</li>
<li>c) la imaginería. Conviene tenerlos en cuenta.</li>
</ul>
<p>Ha dejado de lado el símbolo del huerto, mencionado sólo de refilón al final del capítulo (n. 15). Pero en su lugar introduce una gavilla de imágenes menudas para iluminar diversos aspectos de la naciente experiencia mística. Entre todas hay una preferida. Es la centellica de fuego. Aquí, la naciente oración mística es <em>«una centellica de verdadero amor de Dios». «Pues esta centellica puesta por Dios, por pequeña que es, comienza a encender el gran fuego que echa llamas de sí, del grandísimo amor de Dios».</em> Esa centellica es <em>«una señal o prenda que da Dios a esta alma de que la escoge para grandes cosas&#8230; Es gran don, mucho más de lo que yo podré decir».</em></p>
<p>La oración mística tiene algo de elección especial por parte de Dios. Es el comienzo de un gran fuego de amor. Y a la vez, una «dignidad grande». Al orante le queda la responsabilidad de que esa centella, por pequeña que sea, no se apague en sus manos, ni haya cosas que «la maten por su culpa».</p>
<h4>Sobre «recogimiento y quietud»: un toque más</h4>
<p>Lo hace brevemente, en solo el n. 1, y prefiere insistir en la vivencia psicológica y la aparente desconexión de las actividades profundas del orante: la voluntad en la avanzadilla del amor místico está casi «de todo punto engolfada», y rezagadas en cambio las otras actividades del alma -entender y recordar-, rezagadas pero atraídas por el amor. Todas menos las actividades fruitivas que están sumergidas «en grandísimo contento y sosiego, y muy suave deleite».</p>
<p><em>«Ya he dicho que en este primer recogimiento y quietud no faltan las potencias del alma, mas está tan satisfecha con Dios, que mientras aquello dura, aunque las dos potencias se desbaraten, como la voluntad está unida con Dios, no se pierde la quietud y el sosiego, antes ella poco a poco torna a recoger el entendimiento y memoria. Porque aunque ella aún no está de todo punto engolfada, está tan bien ocupada sin saber cómo, que por mucha diligencia que ellas pongan, no la pueden quitar su contento y gozo, antes muy sin trabajo se va ayudando para que esta centellica de amor de Dios no se apague» (n.1).</em></p>
<h4>«Avisos de cómo se han de haber en esta oración»</h4>
<ul>
<li><strong>La autoestima:</strong> <em>«En estos tiempos en que son menester amigos fuertes de Dios, ténganse por tales»</em> (n. 5).</li>
<li><strong>La humildad:</strong><em> «Créanme que vale más un poco de estudio de humildad y un acto de ella, que toda la ciencia del mundo» </em>(n 8).</li>
<li><strong>Cultivar el amor:</strong><em>«Despierte en sí la voluntad algunas razones&#8230;, para avivar este amor»</em> (n 7).</li>
<li><strong>Silencio amoroso:</strong> <em>«Lo que ha de hacer el alma en los tiempos de esta quietud, no es más de con suavidad y sin ruido»</em> (n 6)</li>
<li><strong>La oración de petición:</strong> «Rogarle por la iglesia» (n 7).</li>
<li><strong>No mezclar</strong> la oración gozosa, con la apetencia de consolaciones y gustos espirituales: <em>«Es gran negocio comenzar determinadas a sólo ayudar a llevar la cruz a Cristo»</em> (n 11).</li>
</ul>
<p>Unas consignas sobre el discernimiento entre la genuina oración y sus simulaciones. Y condensa los criterios de discernimiento en un listado de síntomas positivos (ocho en concreto), que formula escuetamente:</p>
<ul>
<li>«Cuando es espíritu de Dios, no es menester andar rastreando cosas para sacar humildad.</li>
<li>Pone un gran deseo de ir adelante&#8230;</li>
<li>A todo se ofrece.</li>
<li>Una seguridad, con humildad y temor, de que ha de salvarse.</li>
<li>Echa luego el temor servil del alma, y pónele el fiel temor muy más crecido.</li>
<li>Ve que le comienza un gran amor de Dios, muy sin interés suya;</li>
<li>Desea ratos de soledad para gozar más de aquel bien.</li>
<li>En fin, por no me cansar, es un principio de todos los bienes, un estar ya las flores en término que no les falta casi nada para brotar».</li>
</ul>
<p>(Esquemas del Libro de la Vida, ed. de Tomás Álvarez. Monte Carmelo Burgos2004)</p>
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