SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO

Lunes, 8 de diciembre 

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo…No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. El Espíritu Santo vendrá sobre ti… el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios… Para Dios nada hay imposible… Aquí está la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra” (Lucas 1, 26-38). 

Dios entra con suavidad en lo cotidiano y pide consentimiento a María. La solemnidad de la Inmaculada nos recuerda que la gracia transforma la fragilidad en plenitud. María, signo de la humanidad nueva y abierta al Espíritu, nos enseña a confiar en que “nada hay imposible para Dios” y a responder con un sí lleno de confianza y entrega.

Contigo, María, decimos a Dios:«Hágase en mí según tu palabra».

Martes, 9 de diciembre 

“No es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños” (Mt 18,14)

El gozo del pastor al encontrar a la oveja perdida refleja la alegría del Padre que acoge sin reproches, con fiesta por la vida recuperada.

En Adviento, se nos invita a dejarnos encontrar por el Señor, reconocer heridas, pedir ayuda, volver a casa, confiar en su misericordia y vivir con ternura hacia los que están perdidos o alejados, para que la comunidad cristiana sea reflejo de la alegría y paciencia del Buen Pastor.

Ayúdame a vivir con un corazón compasivo, que no excluya a nadie

Miércoles, 10 de diciembre

“Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera” (Mt 11,28-30) 

Jesús se revela como el verdadero descanso para el corazón humano. Invita a los cansados y agobiados a confiar en su misericordia, aprendiendo de su corazón manso para transformar el cansancio en fortaleza y la debilidad en esperanza.

En Adviento recordamos que el descanso y la paz solo se encuentran en el Señor, en cuyo corazón hallamos alivio, alegría y esperanza.

Hazme aprender de tu mansedumbre y humildad, para que mi vida se llene de paz y esperanza.

Jueves, 11 de diciembre     

“En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él” (Mt 11,11). 

El Reino no se recibe con pasividad: exige decisión firme y entrega valiente. Juan es ejemplo de esa radicalidad y fidelidad hasta el final.

El Adviento nos invita a escuchar con atención la voz de Dios, nos recuerda que el Reino es don y tarea, gracia que hay que recibir con pasión y compromiso.

Jesús, que tu Palabra nos haga testigos valientes de tu verdad. Reaviva nuestra fe para vivir tu Reino con decisión. Ven, Señor Jesús, y fortalece nuestra esperanza.

Viernes, 12 de diciembre

“Dijo Jesús a la gente: ¿A quién se parece esta generación?… Vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Tiene un demonio. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores. Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios” (Mt 11, 16-19). 

Dios se acerca a nosotros, pero a veces, nos cerramos con prejuicios y dureza de corazón. La Virgen de Guadalupe nos enseña una fe sencilla, confiada y disponible a los planes de Dios, recordándonos que nunca estamos solos y que su amor es ternura y consuelo.

El Adviento nos invita a reconocer los signos de la visita del Señor a no dejarnos llevar por la indiferencia o el ruido del mundo y a traducir la fe en obras concretas.

Virgen de Guadalupe, enséñanos a reconocer la visita de tu Hijo en nuestra vida.

Sábado, 13 de diciembre  

“Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: ¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías? Él les contestó: Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos” (Mt 17, 10-13). 

Dios se manifiesta, pero podemos no reconocerlo si nuestro corazón está cerrado.

El Adviento nos invita a abrir los ojos para descubrir la presencia de Cristo en lo sencillo y cotidiano, sin esperar signos espectaculares. Cristo viene a través de su Palabra, de los que no cuentan para la sociedad, y de los acontecimientos diarios. 

Señor, Jesús, luz verdadera, ilumina nuestro corazón y despierta lo que ya somos.

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