CELEBRACIÓN DE NOCHEBUENA

Luz tenue, algunas velas encendidas.
El pesebre preparado, aún sin la figura del Niño (se colocará más adelante).
Música suave instrumental o canto de Adviento.

Hermanos, en esta noche santa nos reunimos para celebrar el misterio de la Natividad del Señor. No venimos solo a recordar un hecho del pasado, sino a dejarnos introducir en el desposorio de Dios con la humanidad, cantado con hondura por san Juan de la Cruz.

En esta noche, el Hijo de Dios sale del seno del Padre como esposo que busca a su esposa. Nace pobre, frágil, envuelto en llanto, para compartir nuestra carne y nuestra historia. Abramos el corazón para contemplar este misterio de amor donde Dios se hace hombre y el hombre recibe la alegría de Dios.

Un villancico suave o contemplativo, por ejemplo:
“Noche de Paz” o “Venid, fieles todos”.

Se proclama lentamente el texto, con pausas:

«Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado
de su tálamo salía
abrazado con su esposa,
que en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre
en un pesebre ponía,
entre unos animales
que a la sazón allí había.
–Los hombres decían cantares,
los ángeles melodía,
festejando el desposorio
que entre tales dos había.
Pero Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía,
que eran joyas que la esposa
al desposorio traía.
Y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía»
(Romances, Del Nacimiento 9).

(Se puede alternar dos lectores, o intercalar breves silencios)

Se invita a dejar resonar las imágenes del Romance.

San Juan de la Cruz nos invita a contemplar la Navidad como un misterio de intercambio:

Dios llora con nuestro llanto.
El hombre recibe la alegría de Dios.
El pesebre se convierte en lecho nupcial.

El Niño que llora en el pesebre no es signo de derrota, sino las joyas que la esposa trae al desposorio: nuestras lágrimas, nuestra fragilidad, nuestra historia herida.
Y a cambio, Dios nos entrega su alegría, su vida, su paz.

María queda “en pasmo” ante este trueque inaudito:
el llanto del hombre en Dios, y en el hombre la alegría.

Esta noche, Dios se deja tocar por nuestra pobreza para que nosotros seamos tocados por su gloria.

Se coloca la figura del Niño Jesús en el pesebre.

Mientras tanto, se dice:

Hoy, Señor, depositamos ante Ti nuestras lágrimas,
nuestros miedos y cansancios.
Recibe nuestra humanidad,
y regálanos tu alegría que no pasa.

Breve silencio.

Respondemos: “Gloria a Ti, Señor, que te has hecho uno de nosotros.”

1. Por la Iglesia, para que anuncie con humildad y gozo el misterio del Dios hecho Niño.

2. Por los pobres, los que lloran, los que no tienen hogar ni consuelo en esta noche.

3. Por las familias, para que esta Navidad renueve la paz y el perdón.

4. Por nuestra comunidad, para que sepamos acoger a Dios en lo pequeño y frágil.

Señor Jesús,
en esta noche santa te contemplamos
llorando en el pesebre.
Acoge nuestras lágrimas
y transfórmarlas en alegría.

Que este santo intercambio
renueve nuestra vida:
nuestro llanto en Ti,
tu alegría en nosotros.

Que, desposados contigo,
vivamos desde hoy
como hijos de la luz.
Amén.

10. CANTO FINAL

Un villancico alegre: “Los ángeles cantan”, “Campana sobre campana”

Parece la vida: RUAH

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