COMENZAR EL AÑO 2026 EN CLAVE DE PAZ

Al comenzar este nuevo año 2026, queremos situarnos ante Dios con un corazón abierto y disponible. Lo hacemos acogiendo el saludo pascual del Resucitado:

«La paz esté con todos ustedes», una paz que no se impone, sino que se ofrece; una paz desarmada y desarmante, capaz de habitar lo más profundo de la persona y de la historia.

La paz no es solo una meta lejana ni un ideal abstracto. La paz existe, quiere vivir en nosotros, iluminar nuestra inteligencia y ensanchar nuestro corazón. Tiene una fuerza suave y persistente que resiste a la violencia y, silenciosamente, la vence. Mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”. Esta paz tiene el aliento de lo eterno y nos ha sido confiada por el Resucitado.

Comenzar el año desde la paz es aceptar ser centinelas de la noche, personas que, incluso en medio de conflictos y sombras, se niegan a dejarse contaminar por el miedo o la desesperanza, y siguen creyendo que la luz no ha sido derrotada.

La paz nace de la bondad, y la bondad es profundamente desarmante. Quizá por eso Dios eligió hacerse niño. El misterio de la Encarnación nos revela a un Dios sin defensas, que se deja acoger, cuidar y amar. En el pesebre de Belén descubrimos que la paz no se impone por la fuerza, sino que se ofrece en la fragilidad.

Pensar en los niños, en los pequeños, en los frágiles, nos conmueve porque despierta lo mejor de nosotros. Allí donde el corazón se ablanda, la paz encuentra espacio. Comenzar el año desde esta mirada es elegir proteger la vida, cuidar lo vulnerable y dejar que la ternura transforme nuestras relaciones.

La paz no se construye solo con acciones visibles, sino también con una espiritualidad profunda que sostenga el compromiso. Por eso, los creyentes estamos llamados a unir oración y acción, cultivando la oración, el diálogo, el encuentro personal, ecuménico e interreligioso, y una escucha sincera entre culturas y tradiciones.

Cada comunidad cristiana está invitada a convertirse en una “casa de paz”: un lugar donde se desactiva la hostilidad, se practica la justicia y se preserva el perdón. En este nuevo año, estamos llamados a mostrar, con creatividad pastoral, que la paz no es una utopía, sino una posibilidad real cuando se vive desde el Evangelio.

Vivimos en un tiempo marcado por la desestabilización y los conflictos. Frente a la tentación del fatalismo, la fe nos invita a mantener viva la esperanza. El mal no es una fuerza anónima e inevitable; la historia sigue abierta a la responsabilidad humana y a la acción del Espíritu.

Comenzar el año 2026 con esperanza es apoyar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y social que promueva la paz. Es creer que cada gesto cuenta, que cada oración sostiene, que cada palabra reconciliadora tiene un peso real en la historia.

Señor de la paz,
al comenzar este nuevo año ponemos nuestra vida en tus manos.
Habita en nosotros con tu paz desarmada y desarmante.
Haznos artesanos de bondad, cuidadores de la fragilidad
y testigos de una esperanza que no se apaga.

Que nuestras familias y comunidades sean casas de paz
y que, guiados por tu Espíritu,
sepamos resistir al mal sin dejarnos vencer por él.
Acompáñanos en este año 2026
para que vivamos, oremos y trabajemos
al servicio de la paz verdadera.
Amén.

CIPE.

Libros recomendados:

Post recomendados:

Vive el evangelio como nunca antes:

Recibe nuestras reseñas literarias:

Únete a nuestra comunidad literaria para recibir reseñas semanales de libros  de tu interés por e-mail. Es gratis y disfrutarás de precios más bajos y regalos en nuestras editoriales con tu cupon de socio.