INVOCACIÓN AL ESPÍRITU
Espíritu Santo, llévanos al monte o adonde sea, para que conozcamos a Jesús y nos conozcamos a nosotros en Él.
MOTIVACIÓN. PARA DISPONER EL CORAZÓN
Pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor (Mensaje del papa León para la Cuaresma 2026).
A LA ESPERA DE LA PALABRA. CON LA LÁMPARA ENCENDIDA
De la humanidad probada (tentaciones) a la humanidad glorificada.
Texto relacionado con el anuncio de su pasión y muerte en la cruz (Mt 16, 21) y el seguimiento: “Si alguno quiere venir en pos de mí… tome su cruz y sígame” (Mateo 16,24). Reacción de Pedro: “¡Lejos de ti, Señor!” (Mt 16,22). Respuesta de Jesús: “¡Quítate de mi vista, Satanás!, porque tus pensamientos no son los de Dios” (Mt 16, 23).
La Cuaresma invita a emprender un camino interior que no es sencillo; es un alto en el camino, un respiro luminoso que Dios nos concede para sostenernos en el camino. No es un espectáculo para admirar; es una revelación que transforma la vida.
Proclamación de la Palabra: Mateo 17,1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
1. Fecundidad de la Palabra
Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. “A los seis días” (en aquel tiempo): camino hacia el séptimo día, plenitud. Detalle de amor de Jesús a sus discípulos: acompaña a los escandalizados a una experiencia luminosa en el monte. Los saca (salida de Abrahán) para que entren en la historia de salvación. Salir de la tierra significa romper con lo que da seguridad, con lo que define la identidad, con lo que uno controla, con lo que hoy llamamos zona de confort. La luz se despliega mientras caminamos.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Jesús toma la decisión de mostrar a los suyos una anticipación de su gloria, la que tendrá después de la resurrección, para confirmarlos en la fe y que no se escandalicen ante la Cruz. Es una oportunidad de ponerse en comunicación con la identidad de Jesús, camino de Jerusalén para sufrir la pasión, en obediencia al Padre. Esa luz no es evasión ni refugio; es anticipo de la gloria que brotará de la Cruz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Jesús está en conexión con el AT; conversa con Moisés y Elías, que representan la Ley y los Profetas, a todo ello viene Jesús a dar cumplimiento. Otorgan autoridad a Jesús, la que no le darán en Jerusalén. Jesús es quien revela a Dios como el que ama a los hombres. Una persona transfigurada es, sobre todo, alguien que ha «visto». Desdramatiza tus dramas, y con sola su presencia pone paz, una extraña pero verdadera paz en medio de todos los contrastes, dudas, cansancios y dificultades de la vida.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Llama a Jesús “Señor”, título muy usado en Mateo. Tiendas: experiencia de liberación en el éxodo. Pedro se siente tan bien que no quiere que aquello se acabe. Cuanto más dure la oración, piensa, mejor. Nosotros también buscamos a veces un cristianismo cómodo, sin sobresaltos ni renuncias. La luz del monte no es para quedarse, sino para bajar y afrontar la realidad. La Transfiguración no evita la cruz; la ilumina desde dentro.
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo». La Cuaresma es una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor en la nube y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección. La voz del Padre nos recuerda el centro de la fe, que nace de la escucha: Escuchadlo.Escuchar a Jesús implica seguirlo, y seguirlo implica bajar del monte para caminar con Él hacia la entrega total. Escuchar a Jesús es dejar que su palabra ilumine nuestras sombras cuestiones nuestras seguridades, transforme nuestros criterios. Oír al Padre ayuda entender que su mensaje y su vida son la voluntad de Dios. La escucha nos hace transparentes, como a Jesús.
Levantaos, no temáis. La presencia de lo divino asusta al hombre que se siente empequeñecido. La actuación de Jesús es conmovedora: «Se acerca» para que sientan su presencia amistosa. «Los toca» para infundirles fuerza y confianza. Y les dice unas palabras inolvidables: «Levantaos. No temáis». La Transfiguración nos revela quién es Cristo, pero también quiénes somos nosotros: hijos amados, llamados a dejarnos iluminar y transformar por su presencia. La Cuaresma es ese tiempo en el que Dios nos toca para levantaros de nuestras postraciones: miedos, culpas, cansancios, heridas. La luz de Cristo no humilla, sino que sana; no deslumbra, sino que revela; no aplasta, sino que levanta.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». Los discípulos han necesitado la transfiguración, pero los hombres están abajo, en la tierra, en la historia, y Jesús les invita a bajar, como una especie de vocación. Han de saber ver la identidad de Jesús en lo humano de cada día. La luz de Cristo no elimina la cruz, pero la llena de sentido. Son importantes los momentos de intimidad con Jesús, pero también es necesario que lo descubramos en lo cotidiano. La fe madura cuando aprendemos a discernir su presencia en todo.
2. MEDITACIÓN. RESPUESTA A LA PALABRA
¿Qué lugar ocupa la Palabra de Dios en tu vida? ¿La lees? ¿Oras con ella? ¿Alimenta tu fe? ¿Te ayuda a conocer y amar más a Jesús?
¿Te ayuda la fe a salir de tu zona de confort?
¿Transfiguras o desfiguras?
¿Cómo transfigurar la vida de la gente que te rodea?
¿Cómo es tu fe? ¿Te moviliza? ¿Te cambia la vida?
3. ORACIÓN. ORAR LA PALABRA
En la oración encontramos nuestro verdadero ser: “Tú eres mi Hijo amado”. Todos somos personas transfiguradas, aunque a menudo lo desconozcamos. La transfiguración es un acontecimiento de oración. Necesitamos desarrollar nuestra capacidad de admiración y de contemplación, para ver a las personas y a las cosas «más allá» de lo meramente superficial.
Ayúdanos, Señor, como a Pedro, Santiago y Juan, a bajar a los caminos de la historia con el rostro radiante y la luz en las manos, para anunciar y hacer presente la buena noticia de tu Reino.
4. ACCIÓN: CONTAR LA NUEVA MANERA DE VIVIR.
La oración nos lleva a contemplar los rostros desfigurados y escuchar las voces de quienes sufren por distintas causas.
El encuentro con el Señor nos lleva a contemplar los gestos solidarios de quienes creen en un mundo más fraterno y en una Iglesia nueva. Toda contemplación lleva al compromiso. Hay personas que todo lo que tocan, o el ambiente en el que viven, lo transforman. Transfiguran la vida y los problemas en un clima de paz; la incertidumbre en confianza y serenidad. Transfiguran el odio en respeto y amor, la indiferencia en acogida, la enfermedad en fuente de reflexión y aceptación de la propia finitud, la desesperación en esperanza.
¿Te animas a ser como estos? Feliz aventura.
Pedro Tomás Navajas, ocd