Eusebio Gómez Navarro OCD

EDITORIAL DE ESPIRITUALIDAD

Triana, 9 – 28016 MADRID * www.editorialdeespiritualidad.com/

ÍNDICE

Introducción

I. Oración: métodos y enseñanzas

Orar es

Dimensiones de la oración cristiana

Escuchar a Dios

Cómo orar

Cuidar al orante

Un método para orar

¿De qué sirve la oración?

Eficacia de la oración

Dificultades en la oración

Las tentaciones del orante

II. Cualidades y requisitos

Sólo la sed nos alumbra

Abrirse al Espíritu

Pidan, busquen y llamen

La oración tiene sus reglas y condiciones

Comunicarnos con Él

Confianza en Dios

Dios se retrasa, pero llega

Orar en todo tiempo

Padre de todos

Danos el pan de cada día

Perdónanos, Señor

Hágase tu voluntad

III. Orantes

Jesús oró y enseñó a orar

Jesús y el Padre

Orar como María

La oración en santa Teresa

La oración según san Juan de la Cruz

La oración de santa Teresita de Lisieux

La oración de Carlos de Foucauld

La oración de la persona sencilla

IV. Orar en distintas situaciones

Orar desde la adversidad

Orar desde la enfermedad

Señor, si quieres, puedes limpiarme

Oración al atardecer de la vida

Orar desde el sufrimiento

Orar por la paz

Creo, aunque es de noche

Orar desde la alegría

Sonreír a Dios

V. Distintos medios para orar

La oración en la Biblia

Orar con los salmos

Orar con el evangelio

Orar la palabra

Orar ante Jesús sacramentado

Luz y fuerza para el camino

Orar con el rosario

Orar con la naturaleza

Orar con la música

Mantener los ojos fijos en Jesús

Señor, Jesús, ten compasión de mí

Orar en grupo

VI. Hacia la oración contemplativa

Gusten al Señor

La experiencia de los místicos

Ciencia de amor

Capaces de maravillarse

Dejar que la vida fluya

Vivir y orar con calma

Dios está donde le dejan

Dios vive en ti

Déjate mirar por Jesús

Permanecer en silencio

Silencio, por favor

VII. Oración y vida

Llamados a la comunión

La vida, lugar de encuentro con Dios

Orar desde la vida

Orar y trabajar

Orar y evangelizar

Oración y compromiso

Engrasar las ruedas

Orar desde nuestra realidad

Conclusión

Introducción

El tema de la oración sigue despertando interés en los creyentes.

Todos podemos orar, pues todos somos hábiles para amar. La oración es posible, pues somos hijos de Dios y el Espíritu Santo ha sido derramado en nuestros corazones. La oración es muy fácil, pues hasta los niños oran, basta alzar los ojos o cerrarlos, mover los labios, mirar una flor. Pero hay que reconocer que es muy difícil orar, pues hay que echar mano de la fe, del amor y de la esperanza.

La oración es tan necesaria para nuestra vida como lo es el aire para nuestra supervivencia. Se puede vivir algunos días sin comer, pero no sin rezar (Gandhi). El ser humano necesita a Dios. Sin él, tiene la tentación no sólo de olvidarse del cielo, sino de deshumanizarse. Hay que orar para ser buenos cristianos. Un cuerpo sin oración es como un cuerpo paralítico, (1M 1, 6) decía santa Teresa. Cuando oramos descubrimos que somos preciosos a los ojos de Dios (Is 43, 4), que estamos en sus manos y en su corazón. Entonces la oración se convierte en fuente de alegría, de paz, de amor, de fuerza. La oración ha llegado a muchos corazones de personas en dificultad, ha suavizado el dolor de los enfermos, ha dado paz a los moribundos, ha puesto esperanza en el alma atormentada de la mamá que perdió el hijo…

Quien no ora abandona la vida, la verdad, la fuerza: Dios. Y la vida entonces se convierte en un absurdo, en una angustia, en una continua frustración, en una pasión inútil, como diría Sartre.

Orar significa, ante todo, ser uno con Jesucristo (M. Teresa de Calcuta). Cuando se ama, se desea hablar constantemente con el amado, o al menos contemplarlo incesantemente. En eso consiste la oración (Charles de Foucauld). Cuando hay esta unidad y este amor, él ora con nosotros y por nosotros. La oración es unión con Dios y el que se ha unido a Dios, lleva la misma vida de Dios: ama como él y tiene la fuerza y el poder que él tiene.

La oración tiene que llevar a aceptar a Dios, dejar que se cumpla su voluntad de amor, y aceptarnos a nosotros mismos. He aquí que estoy a la puerta y llamo; si alguien oye mi voz y abre mi puerta, entraré en su casa y tomaré con él la comida de la tarde (Ap 3, 20). Dios llama, somos nosotros los que tenemos que dejarle entrar. Orar es escuchar al Dios que llama, es ponerse a disposición de él, es dejar a Dios obrar, es reconocer que él es Dios.

Con el ánimo de acompañar a quienes han iniciado este camino oracional, para los que intuyen nuevos caminos, desde la experiencia de tantos maestros de ayer y de hoy, dejo estas palabras sobre la oración. Son palabras y experiencias de otros, hechas mías, en charlas y en mi misma oración. En ellas encontramos sugerencias, pistas, luces que nos pueden ayudar en la motivación para determinarnos a orar cuando los deseos nos son tan grandes.

Muchos de los temas de este libro han nacido de los artículos publicados en el periódico Diario las Américas de Miami y de jornadas de retiros; todos ellos, aunque no tienen conexión entre sí, sí tienen una nota en común: nacen de Dios y de la vida, y a Dios y a la vida apuntan. Este libro, pues, puede resultar de ayuda, de sugerencias y pistas para aquellos que deseen aprender a orar cada vez mejor, para que la oración no se convierta en monótona y aburrida, sino en fuente de paz y armonía, de encuentro con Dios, en quien vivimos, nos movemos y existimos (He 17, 28), de encuentro con el hermano y con nosotros mismos. Necesitamos echar ondas raíces en Dios para ser leales a su mandamiento de amor, para no dar la espalda al hermano, para no vivir a medias, para vivir bien, para vivir del todo.

Las reflexiones, generalmente, van precedidas de una parábola, una anécdota, un testimonio. He adoptado este método que he usado en otros libros, el mismo que usó Jesús para enseñar al pueblo sencillo, ya que el ser humano comprende y acepta la verdad arropada por estas imágenes.

Este libro tiene siete secciones o capítulos: métodos de oración y enseñanzas, cualidades y requisitos, orantes, medios para orar, hacia la oración contemplativa, oración y vida.

Como a nadar se aprende nadando, a orar se aprende orando. La oración es don de Dios, pero es, a su vez, tarea de cada día que exige fe, amor, esperanza, paciencia y perseverancia. Para rezar no es necesario ser inteligente, sino estar en oración (Madeleine Delbrel).

Es necesario luchar para encontrar el deseo de orar. Está por descubrir el secreto que nos devuelva las ganas de orar, el arte de hacerlo en espíritu y en verdad(F. Ruíz). He escogido este título: Motivos para orar, porque este libro trata de crear una gran estima por la oración, una motivación que cree hábitos de oración y reserve espacio, tiempo y energías para poder abrir labios, ojos, mente y corazón a Dios. Sabemos que la búsqueda y el encuentro nacen del deseo, de querer algo que nos inquieta o interesa. Es el corazón el que mueve, empuja y dispone para el encuentro. Para encontrar la fuente sólo la sed nos alumbra (Luis Rosales) y de acuerdo a la sed, así se beberá. Para tener ganas de rezar, tendremos que poner los ojos en la Fuente, mirar al único Maestro (Mt 23,10), para orar como él, para tener sus mismos sentimientos y vida.

Es necesario, pues, orar cada día, cada momento, cada segundo para poder decir con Juan Ramón Jiménez: ¡Líbrame de adherencias, aurora! ¡Que hoy sea sólo hoy!.

Por último, quiero hacer una aclaración respecto a la forma de citar. Para mayor facilidad en el conocimiento de las fuentes, me he limitado a citar solamente la Biblia, los documentos de la Iglesia y a santa Teresa y san Juan de la Cruz, que son los autores que mayor peso tienen en las reflexiones de este libro.

http://www.eusebiogomeznavarro.org/