No nos resulta fácil hacernos cargo de las cuestiones sobre autoafirmación y agresividad. Desde siempre hemos aprendido a ser obedientes, a no crear conflictos, a que hay que saber ser humildes… Sin embargo, algo nos dice por dentro que en todo esto no hemos sido siempre nosotros mismos, no hemos sido libres. Por eso,

Mira distintas situaciones de tu vida y considera las veces que no has dicho o hecho valer un «aquí estoy yo» adecuado. Cuando no has dicho un «no» por miedo a ser rechazado; o sientes que tus «¡no!» son frutos del impulso, descontrolados, adolescentes; Cuando tu servicialidad o generosidad es por lo que pueda suponer romper tu buena imagen; o cuando no te decides a entregarte porque sientes que «te van a comer»; Porque si te enfadas o suenas discordante te sientes culpable; Porque vives muy dependiente de la autoridad o de la ley: necesitas aprobación, valoración; o porque en Cuanto olfateas cualquier cosa que suena a autoridad escapas, huyes; Porque tus modos de autoafirmación son siempre desproporcionados, violentos;

La autoafirmación. -o, en su nivel pulsional, la agresividad- tiene que ver con esa capacidad de ponerse autónomamente en la existencia. Esto no es tan fácil: uno puede moverse por impulsos agresivos, violentos; o todo lo contrario: reprimir cualquier cosa que suene a conflicto. A veces una persona en apariencia muy independiente no lo es tanto: encubre de esa manera su inseguridad, el miedo a hacerse vulnerable; tampoco una persona violenta es precisamente el caso de una agresividad correctamente integrada.

Por eso, una manera sencilla de entender qué es una autoafirmación sana consiste en darse cuenta de si en mis actuaciones o expresiones actúo desde mí mismo, me siento yo mismo, soy libre: ¿Soy yo mismo o reprimo mi agresividad porque me hace sentir culpable? ¿Me atrevo al conflicto o lo evito? ¿Cómo manejo el conflicto con la autoridad: independencia violenta (cerrándome en banda, incapaz de mostrarme sensible? ¿Cómo me sitúo ante la autoridad: libremente, necesidad de aprobación, halagadoramente sentimiento de bloqueo y rechazo? Mis cesiones de libertad:¿parten de una obediencia libre o son sumisión? (A veces, espiritualizamos bajo pretexto de obediencia lo que no es sino incapacidad para afirmamos debidamente)

Toda esta temática hunde sus raíces en las primeras relaciones con nuestros padres. Desde esa primera infancia arrastramos «asuntos». P. ej., padres muy posesivos, absorbentes, que no dejan que el hijo viva en libertad. 0 bien, el hijo «compra» el cariño manteniéndose dependiente. fusión no libre, no desarrolla una autonomía adecuada?; o bien, para evitar ser absorbido, se rodea de una especie de invulnerabilidad: «yo no necesito nada porque tu cariño me agobia, no me deja ser; todo esto muy en relación con la resolución del complejo de Edipo: ganarse al padre o a la madre; rencor contra ellos, sometimiento, aislamiento, etc.; el no haber experimentado suficientes «caricias» puede hacer que uno se aísle demasiado o las busque desesperadamente, sometiéndose en todo, etc.; ?si de pequeño no te han dejado expresar una sana agresividad, o han sido violentos contigo, etc., ¿cómo lo vives ahora, de mayor?