El sentido de la vida no se aprende en la comunicación ideológica. Se respira desde niño, al contacto con las personas que nos aman y educan, según las actitudes básicas que uno va adoptando.

Hay personas que no han podido confiar positivamente en la existencia. Por eso, les cuesta vivir y, sin darse cuenta, tienden a no aceptar la realidad.

Ese sentimiento elemental de confianza nos permite abrimos a los demás y a la pregunta sobre el sentido.

Pero a veces es la vida la que n6s puso a prueba, y no supimos encajar los golpes, y nos replegamos sobré nosotros mismos, desconfiando. Aunque externamente todo siga igual, en el fondo no damos sentido a nada.