No hay que confundirla con la crispación de la voluntad. Más bien se trata de asumir la densidad de lo real, no amparándose en lo imaginario, en forma de deseos idealizados o fantasmas de miedos. El proceso de personalización implica tomar en serio el cada día de lo que uno lleva entre manos: las tareas de casa, la profesión, el estudio, las cargas de la mediocridad humana, personal y ajena, los compromisos adquiridos…

Sin embargo, en un momento dado el proceso puede exigir una jerarquía de tareas, unas prioridades, si se ve, por ejemplo, que el activismo dispersa energías que ahora deben dedicarse a la interioridad. Habrá que ser sabio, y elaborar un plan de vida proporcionado al proceso, no perfeccionista. Quizá lo más difícil es la constancia. Por ejemplo, si tienes que aprender a personalizar el estudio, quisieras sacarle gusto enseguida. Pero primero hay que descubrir por qué te interesa esa carrera y no otra, profundizar en los ternas, etc… soñados…)