La oración desencadenará el proceso o lo propiciará o lo reforzará, si es vivida ella misma como personalización: Si no es el refugio de las fantasías del deseo porque no se acepta la realidad, ni la propia ni la externa. Si responde a los fondos afectivos que van emergiendo en el proceso; por ejemplo, si, a la vez que voy reconciliándome con mi limitación, voy descubriendo la gratuidad del amor de Dios. Si el método de oración va siguiendo el ritmo del despliegue personal; por ejemplo, si la «lectura de atención pasiva» va paralela a la fase de autoconocimiento. Si la relación con Dios no me separa de la vida y el prójimo.