El Pentateuco nos cuenta cómo Moisés, salvado del exterminio en los primeros meses de su vida, fue elegido por Dios para liberar a su pueblo, pero murió a la vista de la tierra prometida sin poder entrar en ella, por una falta de confianza. Moisés -gran amigo de Dios, mediador entre Dios y su pueblo, incesantemente «en la brecha» para interceder por sus hermanos- fue el legislador del monoteísmo y el creador del pueblo judío.

MOISÉS, INTERCESOR, «EN LA BRECHA DE SU PRESENCIA»

Tres rasgos embellecen la figura de Moisés Intercesor.

  • Su intimidad con Dios hace que la teofanía se torne diálogo: «Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno» (Ex 19,19). Cuando Dios revela el Decálogo en el monte, «el pueblo se quedó a distancia y sólo Moisés se acercó hasta la nube donde estaba Dios» (Ex 20,19-21). «Moisés se adentró en la nube y subió al monte, y estuvo allí cuarenta días con sus noches» (Ex 24,1-2.18). «A mi siervo Moisés, el más fiel de todos mis siervos. A él le hablo cara a cara» (Nm 12,6-8). En el desierto: «El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo» (Ex 33,9-11; cf. Dt 34,10).
  • Su humildad: «Moisés era un hombre muy humilde, el hombre más humilde del mundo» (Nm 12,3). Nunca reivindicará la profecía como privilegio exclusivamente suyo (cf Nm 11,25-29).
  • Su humanidad: Expresa libremente su debilidad en presencia de Dios, hasta desearse la muerte por el peso de su misión (Nm 11,14s). Su gran sensibilidad ruega encarecidamente a Dios que no cumpla sus amenazas.

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Ficha 2. MOISÉS: LA ORACIÓN DE INTERCESIÓN