Busca momentos para poner en sintonía tu corazón con los misterios de la muerte y resurrección del Señor

  • Desde la incertidumbre y la inseguridad
  • Desde las esperanzas cortas y frágiles
  • Desde las dudas y los temores…

Mira a Jesús

Es el enviado por Dios; está en medio de la humanidad, compasivo y manso; no grita ni quiebra la caña cascada; pero promueve tenazmente la justicia y la liberación de los oprimidos. Es el servidor, el que Dios ha ungido con su Espíritu y hecho alianza de su pueblo, la Iglesia. Él es la luz de las naciones, el que abre los ojos a los ciegos, libera de la prisión a los cautivos y saca de la mazmorra a los que habitan en tinieblas (Cf. Is 42,1-7).

Centra tu mirada en Jesús

  • «Seis días antes de la Pascua», Jesús va a Betania, la casa de la vida y de la amistad. Una mujer, sensible y valiente, desea aliviar el dolor de Jesús y lo unge con ternura, anticipa su Pascua. Una mujer, con los ojos del corazón limpios para la ternura, atenta a los signos que hay a su alrededor, se adelante y besa. El gesto de María de Betania abre caminos para aliviar la fragilidad de la humanidad doliente.«María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume» (Jn 12, 3)
  • Pone toda su confianza en el Padre cuando su vida está llegando a un final peligroso, y la de sus discípulos, corre también el mismo riesgo: «Mirad que llega la hora en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo» (Jn 16,32).
  • Ora al Padre cuando el fracaso y la derrota están a punto de quebrantar su fortaleza: «¡Abba, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú» (Mc 14,36).
  • Realiza un gesto sorprendente en la frágil comunidad de discípulos que se viene abajo al aproximarse la pasión y muerte del Maestro: «Tomó luego el pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros» (Lc 22,19).

Pistas de luz para tu camino

  • Repite a lo largo del día con confianza: ¡Padre!, me pongo en tus manos, que se haga en mítu voluntad
  • Regala a los que viven contigo el perfume de una sonrisa y una palabra de ánimo y esperanza.

Oración

Mira, Señor,

mi fragilidad y desaliento.

Envíame tu Espíritu.

Que él me llene de fortaleza

y de esperanza

para ser testigo de tu Pascua.

Amén.