• El evangelista Lucas pone ante nosotros un texto lleno de colorido. Lo podemos contemplar como una página de la historia o como un hermoso paisaje donde hay caminos, senderos, valles, montes y colinas.
  • El centro del evangelio lo ocupa Juan o, mejor, la palabra de Dios sobre Juan, palabra que lo convierte en voz profética en medio del pueblo.
  • El deseo del profeta es que todos veamos la salvación de Dios, ofrecida gratuitamente a manos llenas. Cuando acogemos este deseo de salvación en el corazón, los obstáculos desaparecen: los valles se elevan, los montes se abajan, los senderos se enderezan.
  • Escuchamos este evangelio en el Adviento, tiempo propicio para dejar que la Palabra nos llene, para revestirnos de alegría y hacer el camino de búsqueda de Dios con esperanza.

<*> LEER EL TEXTO: LUCAS 3, 1-6

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.»

<*> ENTRAR EN EL TEXTO LA SALVACION ACONTECE EN LA HISTORIAEn el centro de la historia. Lucas comienza la narración evangélica relacionando la llamada y el ministerio de Juan con la historia contemporánea, tanto de Roma como de Palestina. Con un solemne marco literario, al estilo de los historiadores de la época, indica que la salvación no es algo intemporal, sino que se sitúa en una historia y en una geografía muy concreta y que tiene una gran repercusión en la historia de la humanidad. Más sombras que luces. La situación política y religiosa de Palestina es compleja. Roma ocupa el poder. Judea depende totalmente de Roma. Otras zonas, como Galilea, tienen cierta independencia. Aparecen nombres: Tiberio, Poncio Pilato, Herodes, Felipe, Lisanio, Anás y Caifás. Forman un panorama bastante sombrío. Un dato importante: “El año quince” de Tiberio es la única fecha determinada y exacta transmitida por los evangelios y es, por ello, de la mayor importancia para la fijación del año del comienzo de la actividad pública de Jesús y de su muerte.

¿Es la fe un asunto privado, como se dice hoy? ¿Qué enseña este texto sobre la dimensión política de la fe? ¿Por qué es tan importante que la fe se haga cultura?

LA LLAMADA DE DIOSAl estilo de los profetas. La palabra de Dios viene sobre Juan, que mora en el desierto, en la zona del mar Muerto. Lucas recuerda la llamada a los profetas, sobre todo la de Jeremías. Los dos fueron consagrados antes de nacer y proclamaron la inminencia del juicio (cf Lc 1,15; Jr 1,5). Los tiempos de la salvación. Lucas narra la historia de la salvación en tres tiempos: tiempo de Israel, del que Juan es el último profeta; tiempo de Jesús, en donde se cumplen las esperanzas de la humanidad y las promesas de Dios; tiempo de la Iglesia, en el que la Palabra se difunde por todo el mundo. El desierto: símbolo y realidad. El desierto simboliza el encuentro del pueblo con Dios, la cercanía y la fidelidad de Dios, la alianza o vínculo matrimonial entre ambos. Pero también es una realidad. Los que integraban el movimiento de Qumrán, al que seguramente pertenecía Juan, se iban al desierto para consagrarse a Dios. En el desierto se congregaban los movimientos mesiánicos; era lugar de ascetas y profetas. La proclamación del Bautista. Juan es un profeta itinerante. Recorre la comarca del Jordán. Su anuncio causa una gran impresión en el pueblo. Es portador de un urgente llamamiento para apartarse del pecado y volverse a Dios. La conversión es un reconocimiento radical de Dios. Lleva a la fraternidad y a la justicia.

¿Se valora en nuestros ambientes la Palabra de Dios, como hacedora de profetas y amigos de Dios? ¿Qué importancia tiene hoy el desierto para buscar un encuentro con Dios? ¿Cómo entendemos nosotros la conversión?

UNA GRAN REVELACIONLa voz de uno que grita en el desierto. Juan realiza los sueños proféticos de Isaías. No pretende ser otra cosa que una voz que sumerge a otros en el bautismo y les da instrucciones de cómo deben comportarse. Un nuevo éxodo. Isaías habla del éxodo de Babilonia, en el que Dios guiará al pueblo a través del desierto. Juan prepara un nuevo éxodo, una nueva liberación de la esclavitud. El camino de vuelta no tendrá obstáculos, porque la tierra se doblegará con docilidad. Rasgo universalista de la teología de Lucas. Mientras que los de Qumrán se dirigían a una élite, Juan se dirige a la totalidad del pueblo: “todos verán la salvación de Dios”. Los soldados, los publicanos, los pecadores también pueden ver esa salvación. Prevención hacia Juan. En el cristianismo primitivo algunas corrientes presentaban a Juan como un abierto oponente a Jesús. Por eso Lucas considera a Juan como el último y más grande de los profetas de Israel, pero lo separa claramente del momento mesiánico glorioso que se inicia con Jesús. Juan anuncia y prepara el perdón, pero será Jesús quien perdone. Juan está en el umbral de los tiempos nuevos, pero Jesús es el tiempo nuevo. Juan es preludio de la misión salvadora de Jesús.

¿Cómo traducir hoy el rasgo universal de la salvación? ¿Dónde oímos hoy las voces de los profetas? ¿Qué es lo que impide que nuestra sociedad vuelva a Dios?