¿Cómo acercarnos?

Siempre hay algún loco, que se acerca a las cárceles para hablar con los presos, compartir con ellos una canción, o una flor, un silencio. Pero para la mayor parte de la gente la cárcel y los presos están ahí, cerca pero muy lejos. En la cárcel viven personas indeseables, a quienes es mejor no mirar, no tratar. Pero resulta que a Dios sí le interesan. Y ¡con qué cara iremos a Dios si no prestamos el mínimo interés por sus amigos los presos! Hoy el salmo nos habla de un encarcelado y de un Dios que lo visitó en la cárcel; hoy el salmo nos habla de un preso, José, que pasó de ser liberado a liberador.

Leerlo

Llamó al hambre sobre aquella tierra:

cortando el sustento de pan;

por delante había enviado a un hombre,

a José, vendido como esclavo.

Le trabaron los pies con grillos,

le metieron el cuello en la argolla,

hasta que se cumplió su predicción,

y la palabra del Señor lo acreditó.

El rey lo mandó desatar,

el señor de pueblos le abrió la prisión,

lo nombró administrador de su casa,

Señor de todas sus posesiones.

¿Cómo orarlo?

  • Mira con la mirada de Jesús a los encarcelados.
  • Ama con el amor de Jesús a los encarcelados.
  • Abre con Jesús todas las prisiones que has ido construyendo en tu corazón para recluir a los que te han hecho daño, no piensan como tú, no te alaban, no te caen bien.

¿Cómo vivirlo?

  • Quizá no haya más que una forma, o muchas, pero que brotan de una misma raíz: Amar, no dar a nadie por perdido, vencer al odio, construir la nueva civilización del amor. «Cuando se está en la cárcel, sólo hay dos posibilidades de sobrevivir o hacer un espacio en tu corazón al odio, que se convierte en tu fuerza; o abrir tu corazón al amor, incluyendo a tu torturador» (Pérez Esquivel).
  • Si, quizás no hay más que una forma de ayudar a todo encarcelado: Amar, aprender a amar, crecer en el amor. Y, seguro, no hay más que una forma de conocer a Dios. «Yo siempre he creído que el mejor medio de conocer a Dios es amar mucho» (Vicent Van Gogh).

«En la capacidad que tenga una sociedad de incluir a sus pobres, sus enfermos o sus presos está la posibilidad de que ellos puedan sanar sus heridas y ser constructores de una buena convivencia» (papa Francisco).