¿Cómo acercarnos?

En la Capilla Sixtina, el genial Miguel Angel, al pintar la creación, dibujó a Dios y al hombre como queriéndose tocar con la mano, con la mirada y con la palabra. Ahí andan siempre buscándose, como queriéndose decir el uno al otro. A veces hay desencuentros: El hombre no sabe ver a Dios en la Palabra y, a la vez, no sabe si su palabra llega a Dios. A veces las palabras son fuente de malentendidos. Hoy podemos acercarnos al salmo con el silencio, o mejor, con el amor, porque «el lenguaje que Dios más oye sólo es el callado amor» (Juan de la Cruz).

Leerlo

La ley del Señor es perfecta

y es descanso del alma;

el precepto del Señor es fiel

e instruye al ignorante.

Los mandatos del Señor son rectos

y alegran el corazón;

la norma del Señor es límpida

y da luz a los ojos.

La voluntad del Señor es pura

y eternamente estable;

los mandamientos del Señor son verdaderos

y enteramente justos.

Que te agraden las palabras de mi boca,

y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,

Señor, roca mía, redentor mío.

¿Cómo orarlo?

  • Ponte ante un Icono de Jesús y repite despacio, referidas a él, algunas expresiones del salmo: El mandamiento nuevo de Jesús es descanso del alma, alegra el corazón, da luz a los ojos, es verdadero.
  • Pide al Espíritu que te enseñe a hablar con Dios de verdad, a expresarle lo que llevas en el corazón; que te ayude a vivir de una forma agradable a Dios.

¿Cómo vivirlo?

  • Por ser mendigos de Dios, nos convertimos en testigos de su presencia en el mundo. Sin mucho ruido. Bastan palabras sencillas y gestos de verdad, pronunciados en el anonimato de cada día.
  • Quien vive intentando agradar a Dios, se convierte en algo agradable para los demás. «Consigue la paz interior y una multitud de hombres encontrarán la salvación junto a ti» (Oscar Wilde). «Querer aprender a orar y ser humildes para pedir ayuda, es una base fundamental para reconocer el camino de oración»