«YA NO ES ELLA LA QUE VIVE, SINO YO» (V 18,14)

CUARTO MODO DE REGAR EL HUERTO

Teresa habla de la experiencia que está aconteciendo en su vida, una experiencia que desborda su capacidad de entender. Se suspenden todas las potencias (V 18,12), «no obran» (V 18,14). «Yo no acabo de entender esto» (V 18,14); «a mí me acaba el entendimiento» (V 18,3), «con decir disparates me remedio algunas veces» (V 18,3).

«Cuando comencé esta postrera agua a escribir, me parecía imposible saber tratar cosas más que hablar en griego, que así es ello dificultoso. Con esto, lo dejé y fui a comulgar. ¡Bendito sea el Señor, que así favorece a los ignorantes!… Aclaró Dios mi entendimiento unas veces con palabras, y otras poniéndome delante cómo lo había de decir…» (V 18,8).

UNIÓN DE DIOS CON NOSOTROS

¿Qué es esto?

  • «Lo que es unión ya se está entendiendo que es de dos cosas divisas hacerse una» (V 18,3).
  • «Fija Dios a sí mismo en lo interior de aquel alma» (5M 1,9).
  • Entiende el misterio orando.
  • Entrar con todo nuestro ser en el Misterio de Dios.
  • Comunicación del Misterio de Dios en el misterio humano.
  • Acción desbordante de Dios.
  • Bautismo: Vivir en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
  • Signo: Una jarra de agua. Nos santiguamos mientras se escucha la canción: En el nombre del Padre.

Texto de Pablo y texto de Teresa

  • «Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,20)..
  • «Que ni me parece que vivo yo ni hablo ni tengo querer, sino que está en mí quien me gobierna y da fuerza y ando como casi fuera de mí, y así me es grandísima pena la vida» (Rel 3,10).
  • Hasta tanto llega la comunión que dice el Señor: «Ya no es ella la que vive, sino Yo» (V 18,14).Ya no hacemos oración, sino que la oración nos hace a nosotros.

SEÑALES DE ESTA ORACIÓN:

Una ternura que lleva a la revolución de la ternura

«Queda el alma de esta oración y unión, con grandísima ternura, de manera que se querría deshacer» (V 19,1). Revive la vida a la luz de lo que ahora vive y la revive de forma dolorida. «¿Qué hace, Señor mío, quien no se deshace toda por Vos? ¡Y qué de ello, qué de ello, qué de ello –y otras mil veces lo puedo decir- me falta para esto!» (V 39,6).

Ánimo

«Queda el ánima tan animosa, que si en aquel punto la hiciesen pedazos por Dios, le sería gran consuelo. Allí son las promesas y determinaciones heroicas, la viveza de los deseos» (V 19,2).

A solas

El alma «quédase sola con Él, ¿qué ha de hacer sino amarle?» (V 19,2).

Gratuidad. Del por qué no a mí, al por qué a mí

«Sírveme tu a Mí, y no te metas en eso. Fue la primera palabra que entendí hablarme Vos, y así me espantó mucho» (V 19,9). Este espanto le sirve para caer en la cuenta de la gratuidad absoluta de los dones de Dios. «Lo da el Señor cuando quiere y como quiere y a quien quiere, como bienes suyos, que no hace agravio a nadie» (4M 1,2). «Vemos que estas mercedes son dadas de Él y que nosotros no podemos en nada nada… Muéstrase una majestad de quien puede hacer aquello, que espeluza los cabellos, y queda un gran temor de ofender a tan gran Dios; éste, envuelto en grandísimo amor» (V 20,7).

Dar voces y cambio de valores

Para ella cambian de sentido tres de las monedas sociales más corrientes en aquel mundillo: la honra, el dinero, los placeres. «Fatígase el tiempo en que miró puntos de honra, y el engaño que traía de creer que era honra lo que el mundo llama honra; ve que es grandísima mentira, y que todos andamos en ella…» (V 20,26). «Ríese de sí, del tiempo que tenía en algo los dineros y la codicia de ellos» (V 20,27). «Ve de los deleites tan gran ceguedad, y cómo con ellos compra trabajo, aun para esta vida, y desasosiego. ¡Qué inquietud! ¡Qué poco contento! ¡Qué trabajar en vano!» (V 20,28).

ORAMOS POR LA PAZ

Se proyecta la imagen del Cristo de la paz. Desde distintos lugares de la sala se acercan unas personas con lámparas encendidas.

  • Oramos en el nombre de Jesús. «Lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá» (Jn 14,13).
  • Dale al Señor las llaves de su voluntad. «Ya no quiere querer, ni tener libre albedrío querría, y así lo suplica al Señor. Dale las llaves de su voluntad» (V 20,22). «Es alma suya. El la tiene ya a su cargo. Y así le luce. Porque parece asistentemente la está siempre guardando par que no le ofenda y favoreciendo y despertando para que le sirva» (V 21,10).
  • Confianza. «Fíe de la bondad de Dios, que es mayor que todos los males que podemos hacer… Miren lo que ha hecho conmigo, que primero me cansé de ofenderle, que Su Majestad dejó de perdonarme. Nunca se cansa de dar ni se pueden agotar sus misericordias. No nos cansemos nosotros de recibir» (V 19,15).
  • Deseo de implicarse de lleno. «Tiene el pensamiento tan habituado a entender lo que es la verdadera verdad, que todo lo demás le parece juego de niños» (V 21,9).
  • El Señor es quien da paz. Solo le presentamos situaciones y nos quedamos aguardando. «Cuando mira a este divino sol, deslúmbrale la claridad… Reparte el Señor del huerto la fruta y no ella» (V 20,29).

«¡Paz, paz!, hermanos, dijo el Señor, y amonestó a sus apóstoles tantas veces» (2M 1,9).

LA LLUVIA: CUARTO MODO DE ORACIÓN. «YA NO ES ELLA LA QUE VIVE, SINO YO»