Daniel de Pablo Maroto
Carmelita descalzo. “La Santa” – Ávila

         Una “curiosidad” que pueden tener los que visitan “La Santa” en Ávila, su iglesia y convento, o los lectores de su historia, es saber algunas circunstancias de su construcción: los años empleados, los trabajadores de los distintos gremios, los materiales utilizados, los precios de los trabajos realizados, etc. Son cosas “curiosas”, pero no lo trato porque excedería la extensión de un breve informe. Escojo, entre tantos interrogantes, uno: quienes fueron sus “patronos” y los que colaboraron económicamente en una obra gigantesca para una orden pobre como eran los carmelitas descalzos. La primera piedra se colocó el 19 de marzo de 1629 y la inauguración fue el día 15 de octubre de 1636, aunque los trabajos siguieron algunos años más.

En cuanto a los “patronos”, el primero que se ofreció fue el obispo de Ávila, Don Francisco Márquez de Gaceta, que tanto luchó para que se construyese al menos una iglesia sobre la casa donde había nacido la ya canonizada Teresa, aun en contra de algunos carmelitas descalzos. Fue el general de la orden, Fray Juan del Espíritu Santo, quien aprobó finalmente el proyecto. “Fue esta una nueva muy alegre […] -dice el cronista de la casa- para el señor Obispo, el cual, desde luego, tomó el patronato del convento, ofreciendo gran parte de su hacienda para la fundación como consta de la escritura de patronato que se hizo entre su llustrísima y la Religión en Ávila a 11de febrero de 1630”.

De momento y para comenzar, ofreció “mil y quinientos ducados”; pero hizo algo mucho más importante: que “Despachó unas letras en forma de breve para todo su obispado en que mandaba a todos los curas el que pidiesen limosna los días de fiesta para la fábrica de ella”. Firmó su carta en Arenas de San Pedro, provincia de Ávila, el 25 de noviembre de 1629. Intuyó la importancia que la nueva fundación podía tener “atendiendo a los muchos beneficios que, no solamente la ciudad de Ávila y todo su obispado, sino toda España y toda la Iglesia han recibido por los méritos de nuestra gloriosa madre Santa Teresa de Jesús”. La propuesta se hizo realidad en aquel momento, pero se convirtió en profecía en el futuro.

El patronato del obispo abulense y la colaboración de la buena gente del pueblo y otras aportaciones económicas serían insuficientes sino se hubiese ofrecido como “patrono” uno de los hombres más poderosos de España, Don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares, duque de Sanlúcar la Mayor y otros títulos nobiliarios, “cuya devoción para con la Santa, al paso que era grande y singular, deseaba hacer mayores demostraciones en su servicio” -apostilla nuestro cronista- como era “fundar el convento a su costa”. Racionalmente lo podemos dar por providencial porque el costo total de la grandiosa edificación aumentó mucho el presupuesto inicial. El obispo se conformó con “hacer una capilla muy suntuosa en la celda que la Santa habitó mientras estuvo en el convento de La Encarnación”.

En el archivo conventual de Ávila existe copia del documento del patronato firmado por el nuevo patrono y el padre general, fray José del Espíritu Santo, a 21 de abril de 1631 (Armario I, B – 78, carpeta siglo XVII, 1º) donde se exponen las cláusulas en un farragoso estilo curial: misas a celebrar y otros actos de culto por sus intenciones y sus sucesores, así como actos penitenciales de los religiosos y otras muchas encomiendas. Su escudo de familia sigue luciendo en el centro de la fachada de la iglesia.

Su aportación económica no es fácil de cuantificar. En el citado contrato concedió 2.000 ducados de renta al año, y 100 ducados para subvencionar los gastos de los capítulos provinciales cuando se celebrasen en la casa de Ávila, supongo que incluidos en la primera oferta. Podemos estimar que pagó la tercera parte de los cien o ciento veinte mil ducados del costo total, cifra aproximada. Juzgo muy valiosa y segura la donación a la biblioteca de la casa que, según el cronista, “en lo material y formal es una pieza de mucha estima por su capacidad y hermosura y por la gran diversidad y número de los libros de todas facultades. Dio un buen pedazo el Sr. Conde-Duque”. De hecho, en la hermosa biblioteca antigua de la casa se conservan muchos libros de los siglos XVI y XVII que pudieron tener su origen en esa donación.

Además de la colaboración del pueblo, no podemos olvidar la aportación económica imprecisa de la orden del Carmen descalzo, frailes y monjas, sin contar también con el trabajo material de muchos frailes empleados en la obra. Resulta hermoso decir que el complejo arquitectónico de “La Santa” fue obra de muchas manos y buenas voluntades del pueblo de Dios. Quiero hacer una mención especial del padre Francisco del Espíritu Santo, el “decano” de la provincia de Castilla, confesor del obispo y favorable como él a la nueva fundación, que profetizó que, una vez comenzada la obra, no faltarían medios para terminarla, cuando el convento ni la orden tenían “una blanca”, pero “nunca faltó el dinero para proseguir la obra” y, según él, se habían gastado “cien mil ducados” en comprar solares y en las obras.

Este es un resumen del título propuesto. Los que deseen más información remito a la crónica completa en el Libro de la fundación, caps. III-IV, folios 6-v – 8-v. Archivo conventual, armario I, B – 3. Y más completo en DANIEL DE PABLO MAROTO, Iglesia y convento de “La Santa” en Ávila, Ávila, Carmelitas Descalzos, 2014, p. 32-35. Útil la lectura de las pp. 26-58).