Figuras del Adviento: El Profeta Isaías

De los “profetas mayores” de la Biblia, Isaías es el profeta más conocido; así como Oseas puede serlo de entre los “profetas menores Al menos, el más citado de ellos: más que Jeremías, incluso. Y mucho más que Ezequiel.

Isaías es el autor de la primera parte de lo que conocemos como “Libro del Profeta Isaías o “Libro de la profecía de Isaías” o simplemente “Profecía de Isaías”; los estudiosos concuerdan con que ese libro fue escrito por tres autores diferentes, que se sucedieron en el tiempo y que mantuvieron una misma línea en su profecía. Nuestro Isaías es el primero de ellos y el más conocido. Es el autor de los 39 primeros capítulos de ese libro; si el Libro del Profeta Isaías tiene 66 capítulos, tenemos que más de la mitad son escritos por nuestro autor: nuestro estimado profeta Isaías.

Isaías es particularmente el profeta del Adviento. Y lo es también de la Pasión de Cristo.

Isaías es profeta del Adviento. Y esto por varias causas: él es el poeta del Adviento; él es el que anuncia a un nuevo rey –casi como Juan Bautista anuncia en la Cuaresma al Salvador–.

Isaías es el atrevido: osa imaginar una flor en lo más cerrado del invierno. Isaías vivió en el siglo VIII antes de Cristo (eso significa unos 700 años antes del nacimiento de Jesús). Él anuncia al mesías, al hombre que reinará y cuyo reino no tendrá fin: el rey que nacerá de una virgen; cosa que realmente sucedió –como afirman los Evangelios – en el caso de Jesús: que nació de María, que era virgen; de ahí que la llamemos “la Virgen María”. Porque muchas muchachas eran vírgenes antes y después de María, pero nadie más que ella dio a luz al Hijo de Dios, Jesucristo.

Sin tantos datos ni tan certeros, Isaías anuncia algo muy parecido, que ya los primeros cristianos –y entre ellos los evangelistas – entendieron que se trataba de Jesús. Es que Jesús mismo, leyendo un trozo del profeta Isaías, se lo aplicó a sí mismo; por eso no extraña que los ‘escritores’ de Jesús –los evangelistas– se lo apliquen a él: Isaías, pues, anuncia a Jesús, sin él saberlo, pero lo dibuja tan certeramente, que asombra la similitud (más aún en la Pasión).

Por eso Isaías es el profeta del Adviento: porque enraizado en la esperanza y en una fuerte y robusta fe –cual tronco de encina– mantiene su profecía, su palabra sobre el mesías: «igual que el terebinto o la encina, al ser talados, conservan un tronco; ese tronco será la semilla santa» (6,13). Ese tronco es el pueblo fiel, el ‘resto de Israel’, la Iglesia santa, nosotros –si nos dejamos santificar– (como el mismo Isaías se dejó purificar y convertir por Dios [cap. 6]).

Caminemos con Isaías por el camino del Adviento: estamos en la 1ª semana de Adviento. E Isaías nos acompaña: nos abre la luz, nos enciende el mundo: en la novedad de que todo es posible, desde el milagro de la paz (preanunciando el 1 de enero, día de la paz) al milagro del nacimiento (preanunciando el 25 de diciembre, natividad por excelencia).

Ven, Isaías, camina con nosotros por las sendas del Adviento y enraízanos en el tronco de Jesé: Jesús.

Ignacio Husillos Tamarit, ocd.

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