Ofrezco la sinopsis de los 4 Evangelios de la Pasión y Resurrección. Están publicadas varias sinopsis de los 3 Evangelios «Sinópticos» (Mateo, Marcos y Lucas), pero normalmente no se añade el 4º Evangelio (Juan), cuando parece ser que es el más documentado históricamente respecto de los lugares, especialmente lo relativo a Jerusalén, que es el donde ocurre toda la Pasión. Por eso, hace unos años decidí concordar los textos de esos 4 Evangelios suponiendo el mismo valor histórico de todos. Aquí está el resultado.

Publicaré 4 entradas:
1) los textos que en la liturgia celebramos el Jueves Santo por la tarde (entrada actual)
2) los textos que se ofrecen a meditación para la Hora Santa del Jueves Santo por la noche
3) los textos que en la liturgia celebramos el Viernes Santo por la tarde-noche
4) los textos que en la liturgia celebramos tanto en la Vigilia Pascual del Sábado Santo por la noche, como también en las misas matutina y vespertina del Domingo de Resurrección (añadiéndole todos los textos de las apariciones de Jesús en tiempo pascual)

PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

SEGÚN LOS CUATRO EVANGELISTAS

(momento histórico que narra: la Última Cena desde el principio hasta el final)

La Cena del Señor

(Jueves Santo por la tarde)  

“Quiero celebrar en tu casa la cena de la pascua”

(Mt 26,17-19 – Mc 14,12-16 – Lc 22,7-13 – Jn 13,1

Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo que le había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús, que había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el cordero pascual, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de la pascua?”. Jesús mandó entonces a dos de sus discípulos, a Pedro y a Juan, y les dijo: “Id a la ciudad, y al entrar os encontraréis con un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo hasta la casa donde entre, y diréis al dueño de la casa: ‘El maestro manda decirte: Mi hora está cerca; quiero celebrar en tu casa la cena de la pascua con mis discípulos. ¿Dónde está la sala en la que voy a comer con mis discípulos la cena de la pascua?’. Él os mostrará en el piso de arriba una habitación grande, alfombrada y dispuesta. Preparadla allí”. Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les ordenó: llegaron a la ciudad y encontraron todo como les había dicho; y prepararon la cena de la pascua.

Al atardecer se puso a la mesa

(Mt 26,20 – Mc 14,17 – Lc 22,14-16 – Jn 13,2a)

Al atardecer, a la hora determinada, llegó él con los doce y se puso a la mesa con sus discípulos. Y les dijo: “He deseado vivamente comer esta pascua con vosotros antes de mi pasión. Os digo que ya no la comeré hasta que se cumpla en el reino de Dios”. Se pusieron a cenar.

Comenzó a lavar los pies de sus discípulos

(Jn 13,3-20)

Jesús, sabiendo que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas, que había salido de Dios y que a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó. Luego echó agua en un barreño y comenzó a lavar los pies de sus discípulos y a enjugárselos con la toalla que se había ceñido. Al llegar a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?”. Jesús le respondió: “Lo que yo hago ahora tú no lo entiendes; lo entenderás más tarde”. Pedro dijo: “Jamás me lavarás los pies”. Jesús le replicó: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Simón Pedro dijo: “Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, pues está completamente limpio; y vosotros estáis limpios, aunque no todos”. Jesús sabía muy bien quién iba a traicionarlo; por eso dijo: “No todos estáis limpios”. Después de lavarles los pies, se puso el manto, se sentó de nuevo a la mesa y les dijo: “¿Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis el maestro y el señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el señor y el maestro, os he lavado los pies, también vosotros os los debéis lavar unos a otros. Yo os he dado ejemplo, para que hagáis vosotros lo mismo que he hecho yo. Os aseguro que el criado no es más que su amo, ni el enviado más que quien lo envía. Si sabéis esto y lo ponéis en práctica, seréis dichosos. No hablo de vosotros. Yo sé muy bien a quiénes he elegido; pero debe cumplirse la Escritura: El que come conmigo se ha vuelto contra mí. Os lo digo ahora antes que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy el que soy. Os aseguro que el que reciba al que yo envíe me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado”.

“Tomad, comed y bebed”

(Mt 26,26-29 – Mc 14,22-25 – Lc 22,17-20)
Durante la cena Jesús tomó pan, lo bendijo, dio gracias, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomad y comed. Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros”. Después tomó un cáliz, dio gracias, se lo pasó a ellos y bebieron de él todos. Y les dijo: “Bebed todos de él, porque ésta es mi sangre, la sangre de la nueva alianza, que será derramada por todos para remisión de los pecados. Haced esto en recuerdo mío. Os aseguro que ya no beberé más de este fruto de la vid hasta el día en que beba con vosotros un vino nuevo en el reino de mi Padre”.

“¿Soy yo, Señor?”. Era de noche

(Mt 26,21-25 – Mc 14,18-21 – Lc 22,21-23 – Jn 13,2b.21-30)

El diablo había metido en la cabeza a Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de traicionar a Jesús. Estando a la mesa y comiendo, se sintió profundamente conmovido y les dijo: “Os aseguro que uno de vosotros, que come conmigo, me entregará”. Muy entristecidos, los discípulos se miraban unos a otros, pues no sabían de quién hablaba [y] comenzaron a preguntarse unos a otros quién sería el que iba a cometer tal acción; comenzaron a decirle uno tras otro: “¿Soy yo, Señor?”. Uno de los discípulos, el preferido de Jesús, estaba junto a Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que le preguntara a quién se refería. Entonces él, recostándose en el pecho de Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?”. Y Jesús respondió: “Es uno de los doce. Aquel a quien yo dé un trozo de pan mojado, ése me entregará. El hijo del hombre se va, según está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el hijo del hombre es entregado! ¡Mejor le fuera no haber nacido!”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Soy yo acaso, maestro?”. Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”. Mojó el pan y se lo dio a Judas, el de Simón Iscariote. Y tras el bocado entró en él Satanás. Jesús le dijo: “Lo que vas a hacer, hazlo pronto”. Pero ninguno de los comensales supo por qué le dijo esto. Algunos pensaban que, como Judas tenía la bolsa, Jesús le decía que comprase todo lo que se necesitaba para la fiesta, o que diese algo a los pobres. Judas tomó el bocado y salió en seguida. Era de noche.

“Adonde yo voy no podéis ir vosotros. En la casa de mi Padre hay sitio para todos. Yo soy el camino”

(Jn 13,31-33.36-38; 14,1-11)

Tan pronto como Judas salió, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el hijo del hombre y Dios en él. Si Dios ha sido glorificado en él, Dios lo glorificará a él y lo glorificará en seguida. Hijos míos, voy a estar ya muy poco con vosotros. Me buscaréis, pero os digo lo mismo que dije a los judíos: Adonde yo voy no podéis ir vosotros”. Simón Pedro le preguntó: “Señor, ¿a dónde vas?”. Jesús respondió: “Adonde yo voy, no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde”. Pedro dijo: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”. Jesús [les] contestó: “No estéis angustiados. Confiad en Dios, confiad también en mí. En la casa de mi Padre hay sitio para todos; si no fuera así, os lo habría dicho; voy a prepararos un sitio. Cuando me vaya y os haya preparado el sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que, donde yo estoy, estéis también vosotros; ya sabéis el camino para ir adonde yo voy” Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?”. Jesús le dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me habéis conocido a mí, conoceréis también a mi Padre. Y desde ahora lo conocéis y lo habéis visto”. Felipe le dijo: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta”. Jesús le dijo: “Llevo tanto tiempo con vosotros, ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que os digo no las digo por mi propia cuenta; el Padre, que está en mí, es el que realiza sus propias obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Creedlo al menos por las obras mismas”.

Surgió una discusión sobre quién debía ser considerado el más grande

(Lc 22,24-30)

Surgió también una discusión entre ellos sobre quién debía ser considerado como el más grande. Él les dijo: “Los reyes de las naciones las tiranizan y sus príncipes reciben el nombre de bienhechores. Entre vosotros no ha de ser así, sino que el mayor entre vosotros será como el más joven, y el que mande como el que sirve. En efecto, ¿quién es más grande, el que se sienta a la mesa o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Pues bien, yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. Vostros habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo os voy a dar el reino como mi Padre me lo dio a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel”.

“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros”

(Jn 13,34-35)

“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros. Que como yo os he amado, así también os améis unos a otros. En esto reconocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros”.

“Confirma a tus hermanos”

(Lc 22,31-32)

[Y añadió]: “Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder cribaros como el trigo, pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe. Y tú, cuando te arrepientas, confirma a tus hermanos”.

“Se acerca el cumplimiento de todo lo que se refiere a mí”

(Lc 22,35-38)

Después les dijo: “Cuando os envié sin bolsa, sin alforjas y sin sandalias, ¿os faltó algo?”. Ellos contestaron: “Nada”. Y añadió: “Ahora, el que tenga bolsa que la tome, y lo mismo la alforja; y el que no tenga, venda su manto y compre una espada. Pues os digo que debe cumplirse en mí lo que está escrito: ‘Y fue contado entre los delincuentes’. Porque se acerca el cumplimiento de todo lo que se refiere a mí”. Ellos le dijeron: “Señor, aquí hay dos espadas”. Les respondió: “Es bastante”.

Ignacio Husillos, OCD