<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>05. Con los Salmos archivos - Cipecar</title>
	<atom:link href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/</link>
	<description>Centro de Iniciativas de Pastoral de Espiritualidad</description>
	<lastBuildDate>Fri, 21 Jun 2024 16:31:54 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://cipecar.org/wp-content/uploads/2021/12/cropped-Diseño-sin-título-2021-12-21T214601.219-32x32.jpg</url>
	<title>05. Con los Salmos archivos - Cipecar</title>
	<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Presentación</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/presentacion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Nov 2006 00:20:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[05. Con los Salmos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=475</guid>

					<description><![CDATA[<p>Salmo 8: Una pregunta inquietante. ¿Quién soy? Salmo 14: Huéspedes de Dios Salmo 15: Un grito de alegría Salmo 22: El Señor es mi pastor Salmo 28: La voz del Señor Salmo 35: Un himno al amor de Dios Salmo 45: Dios con nosotros Salmo 46: ¡Pueblos de la tierra, bendecid a Dios! Salmo 56: [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/presentacion/">Presentación</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<ol>
<li>Salmo 8: Una pregunta inquietante. ¿Quién soy?</li>
<li>Salmo 14: Huéspedes de Dios</li>
<li>Salmo 15: Un grito de alegría</li>
<li>Salmo 22: El Señor es mi pastor</li>
<li>Salmo 28: La voz del Señor</li>
<li>Salmo 35: Un himno al amor de Dios</li>
<li>Salmo 45: Dios con nosotros</li>
<li>Salmo 46: ¡Pueblos de la tierra, bendecid a Dios!</li>
<li>Salmo 56: La alegría de la luz</li>
<li>Salmo 62: Tú eres mi Dios</li>
<li>Salmo 66: Dios es para todos</li>
<li>Salmo 86: La danza de los pueblos</li>
<li>Salmo 97: El aplauso de la creación al Señor</li>
<li>Salmo 111: Retrato de los amigos de Dios</li>
<li>Salmo 125: La grandeza de Dios</li>
<li>Salmo 129: Un grito al Dios de la misericordia</li>
<li>Salmo 130: Caminos de sencillez y confianza</li>
<li>Salmo 132: El perfume de la fraternidad</li>
<li>Salmo 145: El camino de la confianza</li>
<li>Salmo 150: Alabanza de gloria</li>
</ol>
<p>Los dones de Dios nunca son de propiedad privada; los recibimos para la comunión, los ponemos en medio de la comunidad como presencias alentadoras para el camino. Este es el motivo hondo que ha guiado nuestro trabajo de preparar, semana a semana, un Salmo, para orar, con él, en grupo.</p>
<p>La tarea la hemos llevado a cabo desde el CIPE, un centro de iniciativas de pastoral de la espiritualidad. Y la hemos compartido con un grupo de hombres y mujeres, buscadores apasionados de Dios en esta hora, en la Casa de la Iglesia de Burgos. La experiencia ha sido muy gozosa y muy bella. Podemos decir, con verdad, lo que tantos testigos: Los Salmos nos han dado el lenguaje para poder entendernos con Dios. <em>«¿Qué hay mejor que un salmo?&#8230; El salmo es bendición pronunciada por el pueblo, alabanza de Dios por la Asamblea, aclamación de todos, palabra dicha por el universo, voz de la Iglesia, melodiosa profesión de fe»</em> (San Ambrosio).</p>
<p>Hemos comentado y orado veinte Salmos. Lo hemos hecho siguiendo este proceso: Breve introducción, lectura del Salmo, comentario detallado, diálogo con los participantes, PowerPoint, momento de oración.</p>
<p>Al cruzar sin prisa el paisaje de los Salmos, hemos descubierto que son algo más que una obra poética, que no es poco; hemos comprobado que son algo más que una sucesión de imágenes, algunas de ellas bellísimas; hemos encontrado que son la experiencia desbordante de Dios de un pueblo que aprendió a vivir con Dios las pequeñas historias de cada día. Aguas de muchos ríos, experiencia de mucha gente, pan amasado con muchos granos de trigo, al entrar en los Salmos hemos percibido el perfume de la gratuidad. Hombres y mujeres, de Israel, se han atrevido a decir en voz alta las cosas cotidianas, leídas con ojos de fe. ¡Gracias!</p>
<p>Cada Salmo ha sido para nosotros como un espejo de nuestras rebeldías, agonías y resurrecciones, en el que hemos visto nuestro rostro con más claridad. Los Salmos han recreado nuestra identidad de hombres y mujeres, que intentan perforar la realidad, en busca de pozos para la sed. Al encontrarnos con la belleza fascinante de cada salmo se han despertado en nosotros las memorias hondas, creyentes, que todos llevamos, como semillas, en lo hondo del corazón, creado a imagen y semejanza de Dios.</p>
<p>Los Salmos han poblado nuestro interior de símbolos de bondad, de confianza, de ternura, de misericordia. Y como si de una fuente se tratara, nos ha brotado la oración de súplica, el grito de dolor, las preguntas orantes, la alabanza más limpia, la adoración del callado amor. Cada Salmo, más que un libro, se nos ha mostrado como un ser vivo que habla, que sufre, canta, que se nos mete en las entrañas y nos ayuda a expresar ante Dios lo que llevamos dentro.</p>
<p>Lejos de ser fósiles, los Salmos nos han parecido actuales, capaces de superar <em>nuestra mudez ante las maravillas de Dios. A su luz hemos leído y cantado nuestra propia vida. «¡Cuánto lloré al oír vuestros himnos y cánticos fuertemente conmovido por las voces de vuestra Iglesia, que suavemente cantaba! Entraban aquellas voces en mis oídos, y vuestra verdad se derretía en mi corazón, y con esto se inflamaba el afecto de piedad, y corrían las lágrimas, y me iba bien con ellas»</em> (San Agustín).</p>
<p>Los Salmos nos han hecho más misioneros de las maravillas de Dios, Incluso podemos decir que, al orar cada Salmo, lo hemos recreado de nuevo, como si nosotros fuéramos los salmistas. Porque no sólo hemos intentado entender lo que en ellos había, sino encontrar lo que llevamos dentro, como niños que necesitan palabras, que vienen de fuera, para poder decirse.<em> «Penetrados de los mismos sentimientos con que fue compuesto y cantado el Salmo, nosotros nos hacemos como autores del Salterio, lo engendramos del fondo de nuestro corazón como sentimientos naturales que forman parte de nuestro ser»</em> (Abad Isaac).</p>
<p>Los Salmos han sido para nosotros una escuela en la que Dios, Padre y Madre, nos ha repetido con distintos tonos lo esencial para nosotros.</p>
<p>Los Salmos han recreado en nosotros caminos de solidaridad y de entrega. Hemos orado los Salmos con Jesús. El ha llevado a plenitud el Salmo. El es el mejor salmista de cada susurro orante. El y el Espíritu nos han enseñado a decir, confiadamente, Abbá, Padre, Madre. Os ofrecemos este camino por si os sirve. Somos humildes testigos de que quien come del fruto de estos árboles, plantados junto a la acequia, encontrará la alegría para seguir a Jesús en medio de la comunidad. <em>«Quién está afligido encuentra en la lectura de los Salmos un gran consuelo, quien es tentado o perseguido saca de ellos la fuerza para resistir y recoge la protección del Señor que ya quiso proteger al salmista, quien está en pecado encuentra la alegría»</em> (San Agustín).</p>
<p>Pedro Tomás Navajas &#8211; María Rosario Gil </p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/presentacion/">Presentación</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Salmo 8: Una pregunta inquietante: ¿Quién soy?</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-8-una-pregunta-inquietante-quien-soy/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Nov 2006 00:19:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[05. Con los Salmos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=372</guid>

					<description><![CDATA[<p>¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! «Como un padre educa a su hijo, así Dios educa a su pueblo» (Dt 8). Parte esencial de esa educación es enseñarle a hablar para entenderse con Dios. Dios mismo le enseña el lenguaje: para que sepa quejarse, decir dónde le duele y [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-8-una-pregunta-inquietante-quien-soy/">Salmo 8: Una pregunta inquietante: ¿Quién soy?</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2>¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!</h2>
<p>«Como un padre educa a su hijo, así Dios educa a su pueblo» (Dt 8). Parte esencial de esa educación es enseñarle a hablar para entenderse con Dios. Dios mismo le enseña el lenguaje: para que sepa quejarse, decir dónde le duele y qué necesita, para que sepa razonar su sonrisa y su gozo, para que pueda unirse a sus hermanos en canto al unísono, para que sepa, a solas ante Dios, derramar en palabras el desborde de su corazón» (Luis Alonso Schökel).</p>
<blockquote>
<p>2 ¡Señor, dueño nuestro,</p>
<p>qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
</p>
<p>Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>3 De la boca de los niños de pecho</p>
<p>has sacado una alabanza contra tus enemigos,</p>
<p>para reprimir al adversario y al rebelde.
</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>4 Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,</p>
<p>la luna y las estrellas que has creado,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5 ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,</p>
<p>el ser humano, para darle poder?
</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>6 Lo hiciste poco inferior a los ángeles,</p>
<p>lo coronaste de gloria y dignidad;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>7 le diste el mando sobre las obras de tus manos,</p>
<p>todo lo sometiste bajo sus pies:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>8 rebaños de ovejas y toros,</p>
<p>y hasta las bestias del campo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>9 las aves del cielo, los peces del mar,</p>
<p>que trazan sendas por el mar.
</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>10 ¡Señor, dueño nuestro,</p>
<p> qué admirable es tu nombre en toda la tierra!</p>
</blockquote>
<h3>1. UNA PREGUNTA ABIERTA: «¿QUÉ ES EL HOMBRE?»</h3>
<p>Está situada en el centro del poema. Aporta lo más propio del salmo, su principal fuerza de atracción. «Quiénes somos?», pregunta básica para orar.</p>
<p>En búsqueda. El hombre es esa gran pregunta que se yergue sobre el horizonte plano de la tierra. Es el único animal que se sabe y no se sabe. El orante que pregunta está representando a toda la humanidad, a cualquier ser humano.</p>
<p>¿Dónde nacen las preguntas? De la belleza. Una pregunta provocada por la contemplación. Porque contempla pregunta. La admiración es madre del saber. El hombre es un contemplativo de la creación. De su mirada asombrada en una noche estrellada surge la pregunta sobre sí mismo. Los ojos levantados hacia el cielo se abajan convertidos en una pregunta llena de admiración.</p>
<h3>2. LA GLORIA DE DIOS</h3>
<p>A pesar de esto este salmo no es un himno al hombre sino a Dios a través del hombre. Precisamente la contemplación y la alabanza salvan al hombre de la arrogancia de desbancar a Dios. Contemplando y alabando aprende a calcular su tamaño y a ocupar su puesto privilegiado, aprende a ser él mismo y no otro.</p>
<p>«La tierra está llena de su gloria» (Is 6,3). La creación es toda ella una maravilla. Sin letras ni sonido de palabras, en la noche estrellada se ve y se oye el nombre de Dios. La creación habla de Dios porque todo es obra suya. «Mil gracias derramando pasó por esos sotos con presura, y, yéndolos mirando, con sola su figura vestidos los dejó de hermosura» (Juan de la Cruz).</p>
<p>La imagen de «los dedos» revive la imagen artesana. La creación no es un acto de inteligencia ni de poder distante: es tarea artesana, menuda, cariñosa. Un pasar y repasar los dedos, como hace el alfarero con su vasija de barro, como hace el arpista que desliza sus dedos entre las cuerdas.</p>
<p>La grandeza de Dios es tan manifiesta que hasta los mismos niños y aun los que maman se dan cuenta de ella. Por el contrario, los autosuficientes no son capaces de percibir este clamor y quedan reducidos al silencio (cf. Mt 21,16). Toda una invitación a recorrer el camino del orgullo a la humildad, que es andar en verdad.</p>
<h3>3. LA ACCIÓN DE DIOS</h3>
<p>Seis verbos tienen a Dios por sujeto y al hombre por objeto. El protagonista de la oración es Dios. Los dos primeros dicen una relación personal de Dios con el hombre. Dios «se acuerda» y «se ocupa» del hombre. ¿Por qué, por el valor que tiene? Más bien, el valor que tiene es porque Dios se ocupa de él. ¿Qué es el hombre? Esa criatura de la que se ocupa personalmente Dios. ¡Extraño y maravilloso! Somos lo que Dios nos quiere. Esa es nuestra verdad y gloria.</p>
<p>Los cuatro verbos siguientes hablan del puesto asignado al hombre en el orden de los seres (su lugar), de la coronación de gloria y dignidad (su belleza), de que lo ha constituido jefe (su relación con los demás seres) y de que todo lo ha colocado como escabel de sus pies (su libertad).</p>
<h3>4. ¿DONDE ESTA ESTE TIPO DE HOMBRE?</h3>
<p>¿No exagera el salmo al hacer esta radiografía del hombre? ¿No vemocada día personas muy distantes de la condición divina, bastante próximas a las fieras, con muy poca dignidad y señorío? ¿No nos salpica a diario la violencia, la indignidad?</p>
<p>Este dominio que regala Dios a las manos frágiles del ser humano, para que conserve su armonía y su belleza, para que descubra sus secretos y desarrolle sus potencialidades, ¿no se convierte a menudo en un abuso, en una tiranía egoísta, en una devastación ambiental y en injusticias sociales clamorosas?</p>
<p>¿Dónde están esos ojos limpios que ven a Dios en sus obras? ¿Dónde está la boca infantil que disfruta alabando? «Soy una nota falsa del cántico del mundo» (Pemán).</p>
<h3> 5. CRISTO, EL HOMBRE PERFECTO</h3>
<p>Todo lo que le falta al salmo de realismo se realiza en Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. El idealismo del salmo se hace realidad en Jesús. De él se puede cantar el salmo sin corrección ni reservas. Cristo realiza el sentido del salmo en su encarnación y lleva a la plenitud a la humanidad como hombre adulto.</p>
<p>Conserva siempre la originalidad y espontaneidad infantil. En brazos de María se nos presenta como hijo de la humanidad, nacido de mujer (Gal 4,4), nuevo descubridor del mundo hecho por él y para él. Esta actitud de sencillez, de pasmo y de alabanza, la conserva toda la vida (cf Lc 10,21). En él no hay nada de rebelión ni hostilidad, porque acepta el designio del Padre: «Aquí estoy».</p>
<p>Al formar parte de la familia humana, nos enseña la filiación, que es como una infancia espiritual, la que nos hace ver con ojos nuevos y limpios la creación y nos capacita para el asombro. El cristiano, al recibir el espíritu de filiación, participa de la auténtica dignidad, supera la rebelión y se une al coro de la alabanza.</p>
<h3> 6. ¿QUE ES EL HOMBRE?</h3>
<p>Un ser pequeño ante la creación («gusanito, oruguita» (Is 41,14), pero capaz de pensarla y comprenderla, capaz de asombro. Este salmo es un canto a la dignidad del ser humano. «El hombre se nos revela como el centro de este empresa. Se nos revela gigante, se nos revela divino, no en sí mismo, sino en su principio y en su destino. Honremos al hombre, a su dignidad, su espíritu, su vida». Con estas palabras, en julio de 1969, Pablo VI entregaba a los astronautas norteamericanos, a punto de partir hacia la luna, el texto del salmo 8.</p>
<p>Un recuerdo que Dios cuida. Una mirada de amor de Dios: «ha mirado la pequeñez de su sierva» (cf Lc 1,48). Una pequeñez, pero besada por Dios, llamada por Dios al diálogo, a la alianza, a una relación de amor. Algo grande debe ser el ser humano para que Dios se acuerde de él.</p>
<p>Un hijo de Dios en el Hijo, llamado a conocerse siempre en el don. Es el hermano menor y la imagen de Jesucristo, por quien el Padre se acuerda y se ocupa de él. «La santidad no está en tal o cual práctica piadosa; consiste en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad y confiados hasta la audacia en su bondad de Padre» (Teresa de Lisieux). Jesús nos capacita para ser armonía, luz y paz en medio del mundo.</p>
<p>Un ser llamado a la libertad, a ejercer la soberanía sobre la creación no con el dominio sino con el amor. Para ello debe dominar las fieras de la tierra; pero más aún dominar la fiera que lleva dentro, para que la historia humana se humanice: «¿Es que tengo fieras dentro de mí? Sí, y muchas; llevas dentro una multitud de fieras. No lo tomes a ofensa. Fiera grande es la cólera cuando ladra en el corazón: ¿no es más feroz que cualquier mastín? El poder que nos han dado sobre los seres vivientes nos prepara para dominarnos nosotros» (Basilio de Cesarea).</p>
<p>Un cantor de la gloria de Dios. En el sábado, cuando la creación termina, y todo invita a cantar las maravillas de Dios en todo lo creado; y en el domingo, cuando Cristo inaugura la nueva creación, los «nuevos cielos y la tierra nueva», con la resurrección y con el dominio sobre la muerte.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/05/fi1salmo8-ficha1.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Salmo 8</a></p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-8-una-pregunta-inquietante-quien-soy/">Salmo 8: Una pregunta inquietante: ¿Quién soy?</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Salmo 14: Huéspedes de Dios</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-14-huespedes-de-dios/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Nov 2006 00:18:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[05. Con los Salmos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=373</guid>

					<description><![CDATA[<p>Basta imaginar lo contrario de este salmo para hacerse una idea de la jungla que sería una sociedad sin moral: la injusticia hace alarde, se roba sin vergüenza, la mentira va y viene según el juego de los intereses&#8230; Una sociedad en la que el más fuerte tiene la razón, en la que el dinero [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-14-huespedes-de-dios/">Salmo 14: Huéspedes de Dios</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Basta imaginar lo contrario de este salmo para hacerse una idea de la jungla que sería una sociedad sin moral: la injusticia hace alarde, se roba sin vergüenza, la mentira va y viene según el juego de los intereses&#8230; Una sociedad en la que el más fuerte tiene la razón, en la que el dinero es el valor supremo y permite comprarlo todo&#8230; Recitar este salmo es orar para que el ser humano sea sencillamente eso, un ser humano. «La gloria de Dios es que el hombre viva» (San Ireneo).</p>
<blockquote>
<p>1 Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda</p>
<p>y habitar en tu monte santo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2 El que procede honradamente</p>
<p>y practica la justicia,</p>
<p>el que tiene intenciones leales</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>3 y no calumnia con su lengua,</p>
<p>el que no hace mal a su prójimo</p>
<p>ni difama al vecino,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>4 el que considera despreciable al impío</p>
<p>y honra a los que temen al Señor,</p>
<p>el que no retracta lo que juró</p>
<p>aun en daño propio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5 el que no presta dinero a usura</p>
<p>ni acepta soborno contra el inocente</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>6 El que así obra nunca fallará.</p>
</blockquote>
<h3>1. LA MORADA DE DIOS</h3>
<p>Este breve y hermoso salmo establece las condiciones para hospedarse en la tienda de Dios y habitar en su monte. Es una respuesta que da el sacerdote del templo a la pregunta del peregrino que viene con sed de Dios en los adentros, deseoso de gozar de la cercanía y benevolencia de Dios.</p>
<p>El bien supremo para un israelita es tener parte en la mesa donde Dios asegura su protección y bendición. Los peregrinos de Israel simbolizan a todos los orantes que quieren ser huéspedes de Dios, vivir siempre con El, no ser «extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios» (Ef 2,19).</p>
<p>El peregrino ha aprendido en el camino a ser humilde, sabe recibir y se acerca al templo con una pregunta orante: «¿Quién puede hospedarse en tu tienda?» ¿Qué hace falta para entrar en la «cena que recrea y enamora»? ¿Qué hace falta para ser amigo de Dios? Las condiciones las pone el que ofrece hospedaje.</p>
<h3>2. EXIGENCIAS DE FIDELIDAD</h3>
<p>En el frontón de los templos de los dioses estaba escrito el reglamento para la admisión: abluciones, gestos, vestiduras particulares. Todo muy claro. Todos podían saber si estaban en regla o no. Aquí, en cambio, el buscador de Dios no sabe qué hacer, tiene que preguntar.</p>
<p>Sorprendentemente el sacerdote que responde no se fija en pequeñeces y olvida los formalismos. Va al grano, a lo que realmente importa. En su respuesta se olfatea el espíritu de los profetas, que con frecuencia invitan a conjugar fe y vida, oración y compromiso, adoración y justicia social. Nada de carneros ni de arroyos de grasa. Dios no mira tus cosas ni el contenido de tus bolsillos. «Lo que Dios desea de ti es que respetes el derecho, que ames la misericordia y que andes humilde con tu Dios» (Miq 6,6-8); «¡que fluya, sí, el juicio como agua y la justicia como arroyo perenne!» (Am 5,21-22).</p>
<p>Dios remite a las tareas cotidianas, a nuestras relaciones humanas, como el primer lugar de encuentro con El. Jesús respondió a una pregunta parecida orientando la mirada y la acción hacia los demás, especialmente a los más pobres (cf Mc 10,17-21). Para ser amigos de Dios hay que ser antes amigos de los demás, sin exclusiones ni privilegios. Sin esto es mejor dejar la ofrenda ante el altar, ponerse a bien primero con los hermano, y luego, sí, volver y presentar la ofrenda (Mt 5, 23-24).</p>
<h3>3. AL ESTILO DE LOS DECALOGOS (Ex 20; Dt 5)</h3>
<p>Vamos a ver en concreto qué es lo que se pide a uno que quiere cruzar el umbral de la tienda. Antes de nada, algo muy amplio. Puede entrar «el que procede honradamente y practica la justicia». La justicia es indispensable para el desarrollo del culto. En otras palabras: sin justicia resulta imposible la oración.</p>
<p>De aquí fluyen otras actitudes. Puede entrar «el que tiene intenciones leales», el que habla como piensa. El que no tiene un corazón doble. El que dice sí cuando hay que decir que sí, y el que dice no cuando hay que decir que no (cf Mt 5,37).</p>
<p>Puede también hospedarse en la tienda de Dios el que no usa la lengua para la calumnia, la difamación o la maledicencia. El que no hace mal a sus prójimos ni difama a los vecinos con la burla o el desprecio orgulloso de no ser como ellos (cf Lc 18,11). La oración no florece en terrenos egoístas y ensimismados; sí brota donde hay amor.</p>
<p>Puede relacionarse con Dios el que no frecuenta a aquellos que practican deliberadamente el mal, y sí se junta con los amigos de orar. &#8216;Gran mal es un alma sola entre tantos peligros&#8230; Por eso, aconsejaría yo a los que tienen oración&#8230; procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo. Es cosa importantísima» (Teresa de Jesús). Cuando lo más fácil es adular a los poderosos que se han creado una posición social por su carencia de escrúpulos morales, el salmo invita a honrar a la gente sencilla, aunque a menudo viva en el anonimato. A esta gente Dios la aprecia y la debe apreciar quien aspira a entrar en su casa.</p>
<p>Puede tratar con Dios en verdad el que mantiene la fidelidad a la palabra dada. Y el que no presta dinero a usura, auténtica plaga en la sociedad judía, capaz de estrangular, ayer y hoy, la vida de personas y pueblos mordidos por la deuda en hebreo préstamo con interés es llamado «mordedura»). Los vecinos de los judíos cobraban una tasa de intereses que llegaba en Babilonia al 33% y en Asiria incluso al 50%. Y los mismos judíos no les iban a la zaga.</p>
<p>Como última condición, aparece un rechazo total de las recomendaciones y los sobornos. De esta forma queda denunciado el pecado inextirpable de oriente, pero no solo de allí: la corrupción de los jueces y de los testigos.</p>
<p>El sacerdote ha terminado la catequesis. Es curioso que ninguna de las prescripciones haga referencia directa a Dios, teniendo en cuenta que ha venido a adorar a Dios. ¿No será un poco hereje este sacerdote tan raro? «Si alguien dice: amo a Dios, y odia a su hermano, es un mentiroso: pues quien no ama a su hermano, al que ve, no puede amar a Dios, al que no ve&#8230;el que ama a Dios, ame también a su hermano» (1Jn 4,20-21).</p>
<p>Al peregrino le interesaba saber qué es lo que tenía que hacer en el templo. Y se le pregunta sobre lo que ha sido capaz de hacer fuera. La oración empieza en la calle. Gustos raros de Dios. Para estar con El hay que demostrar que se puede estar con los demás de modo adecuado. Una oración es auténtica cuando expresa las verdaderas relaciones entre los miembros de una comunidad. Y estas relaciones no se improvisan en el momento orante. Son preparadas, probadas, realizadas afuera. Si trampeamos en la vida, el culto se convierte en una farsa. Si cada uno no lleva consigo la «nota» justa, los cantos más estupendos salen desafinados. Si la lengua no está limpia, la oración comunitaria se convierte en una blasfemia. Si las manos no está limpias, los gestos más devotos se convierten en escandalosos. Los que desprecian a los prójimos y luego acuden al templo para sentirse seguros, toman el templo por «una cueva de bandidos» (Jr 7,11).</p>
<h3>4. EL QUE ASÍ OBRA NUNCA FALLARA</h3>
<p>Al sustituir el «ser recibido» por «no fallará», se da a entender que morar en el templo es garantía de estabilidad, de solidez. El monte santo ofrece a la existencia humana un fundamento firmísimo, inexpugnable frente a todo tipo de ataque (cf Is 33,16). Dios es la roca del orante.</p>
<p>Entonces, ¿quién podrá sentarse con el vestido de invitado a la mesa de Dios para siempre y beber su vino en la interior bodega? El salmo nos ofrece una seguridad genérica. Las precisiones ulteriores nos las da el Evangelio: «Venid los benditos de mi Padre; tomad en herencia el reino que os está preparado desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer&#8230;estaba en la cárcel y me visitasteis» (Mt 25,34-36). «Lo que hicisteis con uno de mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). Ningún problema con el ceremonial de allá arriba. Basta aprender el ceremonial de aquí abajo, el de la justicia y la caridad.</p>
<blockquote><p>«Quien obra de acuerdo con estos preceptos, se hospeda en la tienda, habita en el monte. Por tanto, es preciso guardar los preceptos y cumplir los mandamientos. Debemos grabar este salmo en lo más íntimo de nuestro ser, escribirlo en el corazón, anotarlo en la memoria. Debemos confrontarnos de día y de noche con el tesoro de su rica brevedad. Y así, adquirida esta riqueza en el camino hacia la eternidad y habitando en la Iglesia, podemos finalmente descansar en la gloria del cuerpo de Cristo» (San Hilario de Poitiers).</p></blockquote>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/05/fi1salmo-14.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Salmo 14</a></p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-14-huespedes-de-dios/">Salmo 14: Huéspedes de Dios</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Salmo 15: Un grito de alegría</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-15-un-grito-de-alegria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Nov 2006 00:17:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[05. Con los Salmos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=377</guid>

					<description><![CDATA[<p>Este salmo nos permite descubrir el lenguaje de los enamorados de Dios. «Que mi Amado es para mí, y yo soy para mi Amado». 1 Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; &#160; 2 yo digo al Señor: «Tú eres mi bien». &#160; 3 Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen. [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-15-un-grito-de-alegria/">Salmo 15: Un grito de alegría</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Este salmo nos permite descubrir el lenguaje de los enamorados de Dios. «Que mi Amado es para mí, y yo soy para mi Amado».</p>
<blockquote>
<p>1 Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2 yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>3 Los dioses y señores de la tierra</p>
<p>no me satisfacen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>4 Multiplican las estatuas</p>
<p>de dioses extraños;</p>
<p>yo no derramaré sus libaciones con mis manos,</p>
<p>ni tomaré sus nombres en mis labios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5 El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,</p>
<p>mi suerte está en tu mano:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>6 me ha tocado un lote hermoso,</p>
<p>me encanta mi heredad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>7 Bendeciré al Señor que me aconseja,</p>
<p>hasta de noche me instruye internamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>8 Tengo siempre presente al Señor,</p>
<p>con él a mi derecha no vacilaré.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>9 Por eso se me alegra el corazón,</p>
<p>se gozan mis entrañas,</p>
<p>y mi carne descansa serena:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>10 porque no me entregarás a la muerte</p>
<p>ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>11 Me enseñarás el sendero de la vida,</p>
<p>me saciarás de gozo en tu presencia,</p>
<p>de alegría perpetua a tu derecha.</p>
</blockquote>
<h3>1. UN GRITO DE ALEGRÍA</h3>
<p>No lo tiene nada fácil el salmista. Vive en una tierra que le es extraña. Está rodeado de gentes con unos valores muy distintos a los suyos. Incluso los más cercanos a su vida se han alejado de la fe en Dios y se van en masa tras los gustos y modas del momento aceptando una mezcla del culto a Dios con el culto a los ídolos. ¿Qué puede hacer? ¿Cómo armarse de valor para enfrentarse a una corriente de opinión tan gigantesca?</p>
<p>Sorprendentemente no cae en el pesimismo ni en la depresión, pensando que todo lo bueno se ha acabado y que Dios ha sido borrado de la faz de la tierra. Por el contrario, de sus labios brota uno de los más bellos cantos de confianza y de paz que se han cantado jamás. No duda en reivindicar su derecho a la alegría, aunque pase por un loco: «Nosotros por causa de Cristo, pasamos por locos» (1Cor 4,10).</p>
<p>Su grito, impresionante, es: «Tú eres mi bien». No se fija en lo que tienen los demás. Apela a su experiencia y saca a la luz su tesoro. Vive y canta la alegría que le ha sido regalada. Este su testimonio y su aportación al mundo que lo rodea. Sin ceder ante soluciones fáciles, apunta a una experiencia honda. Sin ser conformista, acepta el dramatismo de su vida creyente. Sin estar dispuesto a correr tras naderías, se ocupa en descubrir la belleza de lo que Dios le ha regalado. Sin nombrar a los ídolos, llama «todo su bien» a Dios.</p>
<h3>2. LA INTIMIDAD CON DIOS</h3>
<p>A esta persona le ha tocado un lote hermoso. Lo del «lote» hace alusión a la tribu de Leví que, cuando el reparto de la tierra, no recibió territorio; su parte fue Dios, ésa fue su heredad. El fundamento de su vida era el mismo Dios, de ahí la confianza en él desde lo más íntimo. Dios es la tierra del orante; su suerte está en su mano. Caminar con Dios, saberlo siempre cercano, tratar con El, mirarle y dejarse mirar por El, he ahí lo que constituye el centro del salmista místico.</p>
<p>Siente en el fondo de su corazón la seguridad de tener la mejor parte. Su opción de creyente y practicante, lejos de ser un peso, una obligación, es para él una fuente de dicha, incomprensible para los que siguen otros caminos. Y todo un vocabulario de gozo aflora a sus labios: Dios es su consejero, su refugio, su bien, su heredad, su presencia constante y protectora, su fiesta, su vida, su resurrección, su camino, su sentido de la vida, su felicidad eterna. «Todo lo que para mí era ganancia lo consideré pérdida comparado con Cristo» (Flp 3,7). «Todo lo que tú puedes darme fuera de ti, carece de valor. Sé tú mismo mi heredad. A ti es a quien amo. Esperar a Dios de Dios, ser colmado de Dios por Dios. El te basta, fuera de él nada te puede bastar» (San Agustín).</p>
<p>El haber caído su suerte en parajes amenos, el haberle tocado una heredad tan agradable para él, y el haber recibido de Dios la copa, alusión a la costumbre del padre de familia de dar a beber el cáliz común a sus hijos y huéspedes, entraña una gran intimidad con Dios para el salmista. No solo en el templo, sino en todo momento, también en las horas tranquilas de la noche, siente la presencia y compañía de Dios, que es para él fuente de alegría, de descanso y de serenidad.</p>
<p>La comunión continua con Dios abarca toda la persona. Llega a las entrañas, símbolo de las emociones y de la interioridad más profunda; alcanza a la mano derecha, signo de fuerza; se hace presente en el corazón, centro del ser humano; se deja notar en la carne, que indica la existencia frágil del ser humano.</p>
<h3>3. EL SENDERO DE LA VIDA</h3>
<p>Aunque el salmista no conoce la vida futura, su experiencia de la intimidad con Dios le hace romper los límites de la doctrina tradicional y pronuncia fórmulas abiertas de sentido. Incluso cuando se encuentra inmerso en un grave peligro, tiene la certeza de que Dios le enseña el sendero de la vida y que no le dejará conocer la corrupción. La vida deja de ser para él un oscuro enigma. La vida se le aclara y se le convierte en alegría.</p>
<p>El salmista ha aprendido a realizar un ejercicio orante que le ha dado excelentes resultados. Ha sabido vivir en presencia de Dios: «Tengo siempre presente al Señor. Con él a mi derecha no vacilaré».</p>
<p>El es el hombre fiel, el hassid, el amigo de Dios. Es un hombre que ha sido objeto de la hessed divina: el amor misericordioso. Sus palabras son la intuición psicológica de uno que ama y por eso siente que la muerte no puede separarle de la persona amada. Estamos en la lógica del amor. El amor que desarma a la muerte. Una de las exigencias del amor es la no separación del ser amado. Un novelista pone en boca de Cristo estas palabras: «Sí; esto es el milagro. Quien ame a los demás como yo he amado, después de la muerte vivirá». Y el ángel del sepulcro dice: «Él no puede permanecer en la muerte; la muerte es el castigo del egoísmo, se apodera solo de quien elige existir para sí solo» (Santucci). Chouraqui, antiguo alcalde de Jerusalén, gran conocedor de la lengua judía traduce así este texto: «Tú no puedes permitir que tu amante vea la corrupción».</p>
<h3>4. ORAR EL SALMO CON JESUS</h3>
<p>El salmo nos evoca el recuerdo de Jesús, el plenamente fiel al Padre, el que no siguió a dioses extraños ni cedió cuando estaba por medio la gloria de Dios o la gloria y dignidad del ser humano. Por eso, el Padre no dejó a su fiel conocer la corrupción del sepulcro, sino que le enseñó el sendero de la vida y lo sació de gozo en su presencia. Jesús resucitado, vencedor de la muerte, es el único que puede decir de verdad este salmo. Al orarlo nosotros, nos unimos a Jesús.</p>
<p>Pero también este salmo nos propone un test para la verificación de nuestra alegría y de nuestra intimidad con Dios. Hagamos la prueba de repetir muchas veces esta frase: «Tú eres mi bien». Puede suceder que, en un cierto momento, el disco se raye y que oigamos un chirriar estridente. Ese será el signo inequívoco de que nuestro corazón alberga muchas baratijas. Que además de apostar por el Señor, hemos apostado también por la vanidad, el vacío, el éxito, el prestigio y por mil bagatelas más. La seguridad de Dios no elimina los propios riesgos de toda aventura humana y religiosa.</p>
<p>Hagamos también la prueba de repetir: «Me encanta mi heredad». Quizás descubramos la pena escondida de no poder disfrutar de lo que otros disfrutan, quizás tengamos que reconocer que seguimos buscando la felicidad fuera de Dios, quizás podamos conocer, cómo no, momentos de equivocaciones, de desilusión, de desánimo y de sorprendernos alguna vez mirando de reojo el trozo de tierra de los otros. En estos casos, nuestras palabras no serán de jactancia sino de plegaria, no serán de victoria sino de humilde petición de ayuda. «Hazme encontrar la verdadera felicidad en ti. Hazme sentirme satisfecho con mi heredad. Enséñame a descansar en tu amor. Hazlo así, Señor» (Carlos G. Vallés).</p>
<p>Este salmo nos puede llevar a mantener con El una conversación continua, día y noche, propia de enamorados. El rostro del Señor es el lugar en que todos los caminos terminan.</p>
<p>Puede acercarnos a la Eucaristía, que «en su más profunda significación, es la tierra que se ha hecho nuestra heredad y de la que podemos decir: «Cayó para mí la suerte en parajes amenos y es mi heredad muy agradable para mí» (Joseph Ratizinger).</p>
<p>Puede fortalecernos para renovar nuestro bautismo y, con él, nuestro deseo de servir a Dios y para no tener rubor en manifestar nuestra alegría por ser amigos de Dios. La alegría es el mejor testimonio de Dios.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/05/fi1salmo15-ficha3.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Salmo 15</a></p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-15-un-grito-de-alegria/">Salmo 15: Un grito de alegría</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Salmo 22: El Señor es mi pastor</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-22-el-senor-es-mi-pastor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Nov 2006 00:16:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[05. Con los Salmos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=381</guid>

					<description><![CDATA[<p>TÚ ESTÁS CONMIGO, TÚ ERES MI AMIGO Al final de una cena en un castillo inglés, un famoso actor de teatro entretenía a los huéspedes declamando textos de Shakespeare. Después se ofreció a que le pidieran alguna pieza extra. Un tímido sacerdote pidió al actor si conocía el salmo 22. El actor respondió: «Sí, lo [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-22-el-senor-es-mi-pastor/">Salmo 22: El Señor es mi pastor</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2>TÚ ESTÁS CONMIGO, TÚ ERES MI AMIGO</h2>
<p>Al final de una cena en un castillo inglés, un famoso actor de teatro entretenía a los huéspedes declamando textos de Shakespeare. Después se ofreció a que le pidieran alguna pieza extra. Un tímido sacerdote pidió al actor si conocía el salmo 22.</p>
<p>El actor respondió: «Sí, lo conozco, pero estoy dispuesto a recitarlo con una condición: que después lo recite usted». El sacerdote se sintió incómodo, pero accedió. El actor hizo una bellísima interpretación, con una dicción perfecta: «El Señor es mi Pastor, nada me falta&#8230;» Al final, los huéspedes aplaudieron vivamente.</p>
<p>Llegó el turno al sacerdote, que se levantó y recitó las mismas palabras del salmo. Esta vez, cuando terminó, no hubo aplausos, solo un profundo silencio y el inicio de lágrimas en algún rostro. El actor se mantuvo en silencio unos instantes, después se levantó y dijo: «Señoras y señores, espero que se hayan dado cuenta de lo que ha sucedido esta noche: <strong>yo conocía el salmo, pero este hombre conoce al Pastor».</strong></p>
<blockquote><p>1 El Señor es mi pastor,<br />
nada me falta:<br />
2 en verdes praderas me hace recostar;<br />
me conduce hacia fuentes tranquilas<br />
3 y repara mis fuerzas;<br />
me guía por el sendero justo,<br />
por el honor de su nombre.<br />
4 Aunque camine por cañadas oscuras,<br />
nada temo, porque tú vas conmigo:<br />
tu vara y tu cayado me sosiegan.</p>
<p>5 Preparas una mesa ante mí<br />
enfrente de mis enemigos;<br />
me unges la cabeza con perfume,<br />
y mi copa rebosa.<br />
6 Tu bondad y tu misericordia me acompañan<br />
todos los días de mi vida,<br />
y habitaré en la casa del Señor<br />
por años sin término.</p></blockquote>
<h3>1. UN SALMO ESTRELLA</h3>
<p>Vamos a entrar en uno de los salmos favoritos del salterio. Entramos a pie descalzo para percibir una experiencia de Dios muy honda y muy bella, que nos permita también a nosotros decirnos ante Dios. No somos los primeros, antes que nosotros ha habido innumerables hombres y mujeres que han quedado fascinados ante este salmo. ¿Por qué es tan visitado este salmo?</p>
<p>Sin duda, que tiene que ver con la idealización del tema pastoril en la literatura, con la frecuencia con que se aplica a Dios el título de pastor, con el hecho de que David, el preferido de los reyes, fuera pastor, y sobre todo, con el hecho de que Jesús se autodenominara «el buen pastor» (Cf. Jn 10).</p>
<p>Ahora bien, el interés del salmo no solo proviene del contexto. Esto sería insuficiente. El atractivo está en su sencillez y su riqueza. En un pequeño espacio conviven dos imágenes, la del pastor que cuida de sus ovejas y la del señor de la casa que acoge a un huésped perseguido, expresadas por un número inesperado de símbolos, muy sugerentes para todos: el camino, el agua, la oscuridad de la noche, el cayado, la hospitalidad, el banquete con comida y bebida, el hogar, los perfumes&#8230;</p>
<p>El caso es que el salmista, para contar su experiencia de Dios y para decírsela a Dios, se sirve de estas imágenes. Nosotros vivimos en una cultura cada vez más lejana de lo que nos describen estas escenas. Cada vez son más las personas que no han visto de cerca un rebaño con su pastor, y cada vez estamos más lejos de la hospitalidad de que habla el salmo. Por eso necesitamos situarnos en el Medio Oriente para saborear cada uno de los símbolos. Es importante, al acercarnos al salmo, no irnos rápidamente a una emoción profunda y simple de confianza, pasando de largo ante un caudal imaginativo tan sugerente.</p>
<h3>2. LA IMAGEN DEL PASTOR</h3>
<p>Esta imagen ha tenido más éxito que la segunda. De hecho ha dado nombre al salmo. La imagen del pastor forma parte de la experiencia humana. Los hombres han tenido que domesticar (meter en casa) a algunos animales, por ejemplo las ovejas, con las que han estrechado, si se puede hablar así, lazos de familiaridad (cómo se explica que el pastor conozca a cada oveja por su nombre y que la oveja conozca la voz y el olor del pastor) y por las que no han dudado en enfrentarse a las fieras o a los que les impedían beber agua o acudir a los pastos. Esta experiencia entre ovejas y pastor, tan rica en matices, es la que tiene el orante con Dios, al que llama pastor. Con ello indica un amor personal y único de Dios para con él (Dios lo llama por su nombre, lo cuida, lo protege). En definitiva, que entre Dios y el orante se teje una relación de afecto, de confianza, de seguridad únicos. «Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta», decía santa Teresa.</p>
<p>Imaginemos lo que significa para un rebaño hambriento encontrar hierba verde, fresca. El hallazgo se convierte en una fiesta. Después de un camino árido y polvoriento, la sola vista de una pradera invita al descanso. O imaginemos también lo que puede ser para la sed de las ovejas, en pleno desierto, el sonido del agua que brota del manantial. El gozo entra por los ojos y la piel, no solo por la garganta reseca. Las ovejas recobran el aliento y encuentran fuerzas para seguir caminando.</p>
<p>El descanso es para seguir caminando. Las ovejas no saben a dónde van, pero saben que el pastor las guía por los senderos buenos. Realmente el pastor hace honor a su nombre, todo lo contrario que el asalariado (cf Jn 10,12ss). Esto les hace caminar confiadamente. Y aunque pasen por cañadas oscuras, donde todos los miedos afloran, nada temen. En la angustia de la oscuridad sienten con más fuerza la presencia cercana del pastor. El paso de las tinieblas se convierte en un paso de dulzura.</p>
<p>En el corazón del salmo, en su momento más intenso, se oye el grito gozoso del salmista: «Porque Tú estás conmigo». Ya no puede seguir hablando en tercera persona, toda distancia se ha roto, brota la intimidad más fascinante. La imagen ha hecho su tarea, ahora brota la experiencia con un lenguaje más directo, de tú a tú: Tú estás conmigo. Tú lo eres todo para mí. Tú eres mi agua, mi hierba, mi camino. Siempre Tú. Tú estas conmigo.</p>
<p>La oscuridad ha interiorizado la relación personal entre el orante y Dios. Puede seguir ahora con la imagen. «Tu vara y tu cayado me sosiegan». En medio de la oscuridad, aunque no te veo, siento un golpe ligero de tu cayado cuando me desvío; y cuando me retraso y casi me pierdo oigo el golpe rítmico de tu vara sobre las piedras y eso me calma.</p>
<h3>3. LA IMAGEN DEL HUÉSPED</h3>
<p>Otra experiencia humana da pie al orante para expresar lo que es Dios para él. Se trata de un hombre perseguido, con los enemigos pisándole los talones. No tiene ningún futuro, salvo que alguien le ofrezca hospitalidad. Esta es sagrada. Los enemigos no pueden hacer nada. Lo que podía haber terminado en tragedia, como tantas veces les ocurre a los últimos, a los enfermos, se convierte en fiesta gracias a que alguien le abre su tienda y acoge al perseguido en ella.</p>
<p>¡Qué suerte ha tenido el fugitivo! Al ser acogido, pasa a ser como parte del que lo ha acogido. Acogiéndolo lo ha engendrado a la vida. ¿Qué es lo que hace con él? Desenrolla unas pieles a la entrada de su tienda y coloca sobre ellas la comida. Al hambriento le ofrece comida. Además, lo unge con perfume como señal de gran aprecio; el aceite, enriquecido con esencias perfumadas, refresca y cura las heridas. Y le ofrece una copa rebosante, generosa. Hay un derroche constante en el señor de la casa.</p>
<p>El colmo llega cuando se acerca la hora de la partida. El que antes era perseguido tiene que volver al camino, salir a la vida. No bastará una simple despedida. No. Los lazos se han hecho tan profundos, que el anfitrión le ofrece su amor y su bondad para que lo acompañen de regreso a su casa. Y no para un día ni dos, sino para toda la vida, hasta que llegue a la casa del Señor, su verdadera morada, donde «se enjugará toda lágrima y ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor» (Ap 21, 3ss).</p>
<h3>4. ORAR EL SALMO CON JESÚS</h3>
<p>¡Qué salmo tan precioso para ponerlo en boca de Jesús! ¡Qué cantidad de resonancias tiene cada símbolo dicho por Jesús al Padre! La vida de Jesús, como un camino para llevar adelante el proyecto del Reino, sintiendo a cada paso el cariño del Padre («Tú eres mi Hijo Amado»), experimentando la fortaleza del Espíritu para hacer frente a los enemigos. El gozo de Jesús al poner palabra a la bienaventuranza, que es como el abrazo de fiesta que Dios da a todos los pequeños de la tierra. ¡Cómo no recordar el gesto de la mujer que unge a Jesús con un perfume carísimo! Y la confianza y el abandono de Jesús atravesando las cañadas oscuras de la muerte, con la confianza de que el amor y la ternura del Padre, tendrán la última palabra.</p>
<p>Pero también, ¡qué salmo tan precioso para decírselo a Jesús como una plegaria que nace del corazón! Decirle que aceptamos tenerlo a nuestro lado, y que queremos beber en su fuente que mana y corre, y que nos encanta sentir su mano sobre nuestro hombro. Decirle, una y mil veces: Tú estás conmigo, Tú eres mi amigo, Tú eres mi pastor. Decirle que su voz nos acaricia en los adentros, que su eucaristía es para nosotros la cena que recrea y enamora, que sentimos siempre su presencia junto a nosotros. Decirle que sabemos que siempre estará con nosotros hasta que nos ponga en las manos del Padre, para empezar la fiesta inacabable de la vida.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/05/fi1salmo22-ficha4.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Salmo 22</a></p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-22-el-senor-es-mi-pastor/">Salmo 22: El Señor es mi pastor</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Salmo 28: La voz del Señor</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-28-la-voz-del-senor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Nov 2006 00:15:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[05. Con los Salmos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=382</guid>

					<description><![CDATA[<p>«¿Qué es eso que entreveo resplandecer, que me golpea el corazón sin herirlo? Me estremezco y me enardezco: me estremezco porque soy tan desemejante a él; me enardezco porque soy semejante a él» (San Agustín). La oración común florece allí donde se lucha por la libertad y dignidad del ser humano. La humanidad espera que [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-28-la-voz-del-senor/">Salmo 28: La voz del Señor</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>«¿Qué es eso que entreveo resplandecer, que me golpea el corazón sin herirlo? Me estremezco y me enardezco: me estremezco porque soy tan desemejante a él; me enardezco porque soy semejante a él» (San Agustín). La oración común florece allí donde se lucha por la libertad y dignidad del ser humano. La humanidad espera que «recorramos con Jesús los lugares donde la vida está más amenazada y que confiemos en la fuerza secreta de la compasión y de la obstinada esperanza» (María Dolores Aleixandre). </p>
<blockquote>
<p>1 Hijos de Dios, aclamad al Señor, </p>
<p>aclamad la gloria y el poder del Señor, </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2 aclamad la gloria del nombre del Señor, </p>
<p>postraos ante el Señor en el atrio sagrado. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>3 La voz del Señor sobre las aguas, </p>
<p>el Dios de la gloria ha tronado, </p>
<p>el Señor sobre las aguas torrenciales. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>4 La voz del Señor es potente, </p>
<p>la voz del Señor es magnífica, </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5 la voz del Señor descuaja los cedros, </p>
<p>el Señor descuaja los cedros del Líbano. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>6 Hace brincar al Líbano como a un novillo, </p>
<p>al Sarión como a una cría de búfalo </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>7 La voz del Señor lanza llamas de fuego, </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>8 la voz del Señor sacude el desierto, </p>
<p>el Señor sacude el desierto de Cadés. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>9 La voz del Señor retuerce los robles, </p>
<p>el Señor descorteza las selvas. </p>
<p>En su templo un grito unánime: ¡Gloria! </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>10 El Señor se sienta por encima del aguacero, </p>
<p>el Señor se sienta como rey eterno. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>11 El Señor da fuerza a su pueblo, </p>
<p>el Señor bendice a su pueblo con la paz. </p>
</blockquote>
<h3>1. UNA TORMENTA EN EL DESIERTO</h3>
<p>La experiencia del pueblo de Israel, caminando durante cuarenta años por el desierto, le ha permitido vivir en toda su fuerza el fragor de las tormentas. Este salmo, uno de los textos más antiguos del Salterio, describe con unos trazos poéticos admirables la velocidad de una tempestad que se origina en el mar, se desplaza hacia los montes del Líbano y del Sarión, y finaliza en el desierto de Cadés. Y lo que es más importante, esta experiencia le sirve al pueblo para decir y orar su fe, para testimoniar a su Dios, y hacerlo además con belleza. </p>
<p>¿Qué ha experimentando el pueblo en medio de la tormenta? En primer lugar, lo que todo ser humano: miedo, temor, angustia, espectáculo sobrecogedor. La descripción es poética: el olor, la oscuridad repentina, el brillo del relámpago que rasga en un instante los cielos, los truenos secos que estremecen los cimientos, los gruesos troncos descuajados por los rayos, los montes saltando como animales asustados&#8230; pero no deja de ser tremenda y destructiva. Quien haya vivido la belleza salvaje de una tempestad en la montaña, nunca podrá olvidarla. </p>
<p>¿Pero es capaz el hombre moderno, liberado por la técnica y la tecnología de revivir esta experiencia en medio de la naturaleza? La comunión con las grandes fuerzas de la naturaleza puede ayudarnos a conocernos y a descubrir a Dios. No podemos menospreciar a la naturaleza, porque cuando desata toda su fuerza, hasta las naciones más poderosas son ridiculizadas. ¿Por qué no pueden convivir en el hombre bien integrado la experiencia técnica de dominio y la contemplativa de pasmo y sobrecogimiento? Además, la tormenta es símbolo de todas las tormentas que acontecen en la vida.</p>
<h3>2. LA VOZ DEL SEÑOR SOBRE LAS AGUAS</h3>
<p>Este salmo es un hermosísimo canto a la voz de Dios que interviene en la lucha. En el original hebraico un vocablo, qol, que significa a la vez voz y trueno, es símbolo de la voz divina. Los siete golpes de trueno, que recorren el poema, siete es un número que indica la perfección, manifiestan que la voz de Dios es perfecta. </p>
<p>La palabra «Yahveh» aparece dieciocho veces en este salmo, casi en cada versículo. Literalmente, y aún físicamente, el Señor llena el salmo, como llena la tierra. Pues bien, este Señor quiere comunicarse, quiere decirse. La palabra le rebosa. El trueno es su voz, fuerte con los poderosos y tierno con los pequeños. Con su misterio inalcanzable irrumpe en la realidad creada hasta estremecerla y asustarla, pero en su significado más íntimo es palabra de paz y armonía. </p>
<p>La solemne teofanía de este salmo es una invitación a escuchar la voz de Dios. La expresión más bella de esta voz es la del Padre sobre las aguas del bautismo, llamando a Jesús «Hijo amado» (Mc 1,11). Jesús es la voz del amor que ha puesto su morada entre nosotros. Su voz es invitación al seguimiento (cf Mc 1,17), tiene poder sobre el mal que destruye al ser humano (cf Mc 1,27), manda al viento y al mar y le obedecen (cf Mc 4,41), es susurro orante en la intimidad con el Padre (cf Mc 1,35), deja mudos a los soberbios que utilizan el nombre de Dios y despojan de dignidad a los pobres (cf Mc 12,34), es sanación a todas horas y a manos llenas (cf Mc 1,34), es evangelio para todos los pobres, buena nueva de Dios por los caminos. Su voz es, a la vez, estruendo de cascadas que llenan la tierra y música callada en lo más íntimo del corazón del ser humano. </p>
<p>Contrasta este salmo de la voz de Dios con la sensación que se va imponiendo en nuestra sociedad del silencio de Dios. En la medida en que los hombres se van haciendo más protagonistas de su destino y se sienten más autónomos, la voz de Dios tiene menos ámbito de resonancia. ¿Pero cómo queda un mundo sin la voz de Dios? ¿Cómo quedan los más expuestos al abuso? ¿Cómo proclamar hoy que la voz del Señor es potente, magnífica, que lanza llamas de fuego? </p>
<p>Orar este salmo es una buena ocasión para ratificar nuestra fe en la Palabra de Dios y para caer en la cuenta de la emoción que lleva toda palabra, la que decimos y la que escuchamos. La palabra, melodiosa o monótona, transparente o confusa, es siempre maravilloso. ¡Con qué belleza se canta la emoción de la amada al oír la voz del amado: «Oíd a mi amado que llega&#8230; Mi amado me canta»! (Cantares 2,8).</p>
<h3>3. EL SEÑORÍO DE DIOS</h3>
<p>Este salmo nos invita también a hacer una doble experiencia. Por una parte a reconocer el señorío de Dios sobre todo y por otra a descubrir la intimidad amorosa que quiere entablar con cada ser humano. </p>
<p>Dios es poderoso. Posee un poder capaz de dominar las aguas destructoras, los árboles más engreídos, de sacudir los montes y de hacer revivir el desierto. Es un poder sobre todo lo creado. Ese poder, creador y recreador, es el propio del Resucitado: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18). Para quienes confesamos su nombre es un poder liberador. </p>
<p>El ser humano no puede comprender ni dominar el misterio de Dios, expresado con el símbolo de la tempestad. La humanidad cree vanamente que puede oponerse a su poder soberano, pero, una y otra vez, su poder queda hecho añicos ante la sabiduría y la justicia del Señor del Universo. María exalta en el Magnificat este aspecto de la acción de Dios: «Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos» (Lc 1, 51-52). «¡Oh Rey de la gloria y señor de todos los reyes, cómo no es vuestro reino armado de palillos, pues no tiene fin! Cómo no son menester terceros para con vos. Con mirar vuestra persona, se ve luego que vos solo merecéis que os llamen señor, según la majestad que mostráis. No es menester gente de acompañamiento ni de guarda para que conozcan que sois Rey» (Santa Teresa). </p>
<p>Pero a la vez, Dios es intimidad amorosa. No se reserva para sí el poder y la calma, manifestadas en la tormenta, sino que las comunica a su pueblo, dándole la fuerza y la paz. Incluso ante el caos del mal, ante las tempestades de la historia, ante todos los miedos que amenazan, el orante experimenta la paz y la fortaleza, descubre sorprendido el derroche de su gracia, se siente inundado con su bendición. Al final del salmo, de la tormenta ya no queda nada, solo queda una apacible visión de paz y de alegría; sobre toda maldad destructora se alza el arco iris de la bendición divina; a la oscura tempestad del Viernes Santo le sigue la luz gozosa de la Resurrección. </p>
<p>El pueblo tiene la certeza de la victoria final de Dios. La última palabra contra todas las potencias hostiles la tiene el Señor. Jesucristo es el Señor de la gloria. Con una imagen acertadísima: «El Señor se sienta por encima del aguacero como rey eterno», o sea, como el Señor y Soberano supremo de toda la creación. Frente a toda desestabilización de los aguaceros, el Señor se sienta por encima de ellos. Recitar este salmo hoy día es erguirse audazmente y pensar que el hombre de fe no tiene miedo de nada, pues sabe que todo está en manos de Dios. «El miedo llamó a mi puerta. Salió la fe a abrir y no había nadie» (Luther King). </p>
<p>Ya puede el pueblo, fascinado y humilde, estremecido y confiado, cantar serena y unánimemente la gloria de Dios en la liturgia del templo, tratar con un Dios que es señor y siervo, que humilla y enaltece, que es poderoso y da poder para luchar contra el mal que atenta contra la belleza y el esplendor de la creación, que es siempre amigo entrañable del ser humano. </p>
<p>Oración y vida se dan la mano, alabanza y lucha por la dignidad de Dios en el ser humano se abrazan. Este salmo es don de paz y liberación, y tarea por la paz y la liberación. En este salmo el poder y la gloria del Señor se traducen en ternura hacia el ser humano, llamado a formar con todos los seres humanos una comunidad de hermanos que alabe y bendiga a Dios. «Gloria in excelsis Deo et in terra pax».</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/05/fi1salmo28-ficha5.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Salmo 28</a></p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-28-la-voz-del-senor/">Salmo 28: La voz del Señor</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Salmo 35: Un himno al amor de Dios</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-35-un-himno-al-amor-de-dios/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Nov 2006 00:14:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[05. Con los Salmos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=383</guid>

					<description><![CDATA[<p>«Es preciso crear en nuestra vida un espacio para el Señor, con el fin de que pueda transformar nuestra vida en su Vida&#8230; Mi primera hora de la mañana le pertenece al Señor. Una profunda paz inundará mi corazón y mi alma se vaciará de todo aquello que pretendía perturbarla&#8230; será ella colmada de santa [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-35-un-himno-al-amor-de-dios/">Salmo 35: Un himno al amor de Dios</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>«Es preciso crear en nuestra vida un espacio para el Señor, con el fin de que pueda transformar nuestra vida en su Vida&#8230; Mi primera hora de la mañana le pertenece al Señor. Una profunda paz inundará mi corazón y mi alma se vaciará de todo aquello que pretendía perturbarla&#8230; será ella colmada de santa alegría, de valentía y de fortaleza» (Edith Stein).</p>
<blockquote><p>
2- El malvado escucha en su interior<br />
un oráculo del pecado:<br />
«No tengo miedo a Dios ni en su presencia».<br />
&nbsp;<br />
3- Porque se hace la ilusión de que su culpa<br />
no será descubierta ni aborrecida.<br />
&nbsp;<br />
4- Las palabras de su boca son maldad y traición,<br />
renuncia a ser sensato y a obrar bien;<br />
&nbsp;<br />
5- acostado medita el crimen,<br />
se obstina en el mal camino,<br />
no rechaza la maldad.<br />
&nbsp;<br />
6- Señor, tu misericordia llega al cielo,<br />
tu fidelidad hasta las nubes,<br />
&nbsp;<br />
7- tu justicia hasta las altas cordilleras,<br />
tus sentencias son como el océano inmenso.<br />
Tú socorres a hombres y animales,<br />
&nbsp;<br />
8- ¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!<br />
Los humanos se acogen a la sombra de tus alas,<br />
&nbsp;<br />
9- se nutren de lo sabroso de tu casa,<br />
les das a beber del torrente de tus delicias:<br />
&nbsp;<br />
10- porque en ti está la fuente viva<br />
y tu luz nos hace ver la luz.<br />
&nbsp;<br />
11- Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,<br />
tu justicia, con los rectos de corazón;<br />
&nbsp;<br />
12- que no me pisotee el pie del soberbio,<br />
que no me eche fuera la mano del malvado.<br />
&nbsp;<br />
13- Han fracasado los malhechores,<br />
derribados, no se pueden levantar.
</p></blockquote>
<h3>1. EL MISTERIO DE LA INTERIORIDAD</h3>
<p>«No estamos huecos» (Santa Teresa). Pero ¿quién habita el corazón del ser humano? ¿Qué misterio se esconde en sus adentros? Este bellísimo salmo intenta responder ofreciéndonos los retratos contrapuestos de dos mundos interiores, habitados uno por el abismo de la malicia y otro por el abismo de la bondad de Dios. Estas fronteras entre buenos y malos, tan bien clarificadas en el salmo, son más difusas en la vida real. El ser humano, al mirarse por dentro, descubre conviviendo juntos el trigo y la cizaña, oye voces contrarias en su mundo interior. Por eso, en este salmo hay que entrar con preguntas, con una honda curiosidad por la vida, con ganas de opción, con deseos de despertar el corazón a la bondad. Empieza el salmo relatando la trama secreta del malvado y lo hace con una expresión muy dura: «el malvado escucha en su interior un oráculo del pecado»; la palabra de Dios ha sido suplantada por la palabra de la maldad. El mal no es algo externo, sino que se ha hecho connatural a su ser más íntimo, asomándose desde ahí en la lengua y en las obras (cf Mc 7,22).. La interioridad del ser humano, el espacio más bello y secreto que tiene, ha quedado convertida en cueva oscura donde se gestan, día y noche, la crueldad y el engaño. En este planteamiento de la vida, Dios es un estorbo. De ahí que le dé la espalda y no le deje espacio ni palabra en su vida; y de ahí también que molesten los amigos de Dios y que intente marginarlos y ningunearlos. El desprecio de la moralidad, el rechazo de la religión, la renuncia a la sensatez son su hábito cotidiano. Una conducta semejante solo puede terminar en la muerte. ¿Qué hacer ante esto? ¿Huir? ¿Ser como ellos? ¿Enfrentar al odio con más odio y a la violencia con más violencia? El salmista, partiendo de esta experiencia humana, tan dura, encuentra en la experiencia de Dios una respuesta. </p>
<h3>2. EL AMOR LOCO DE DIOS</h3>
<p>Frente al malvado, que solo sabe decir «yo», coloca el salmista otro tipo de hombre, por el que apuesta claramente, que sabe decir «tú», «tú a Dios y tú a todo ser humano». Este nuevo tipo de persona está habitado por el misterio de Dios, por su Palabra, por su Espíritu, que lejos de anularlo lo plenifica y lo embellece. Tenemos que agradecer al salmista que nos deje oír su fe, que nos desvele una meditación tan extraordinaria sobre Dios. Su fe sale convertida en un hermoso himno al amor de Dios, y por extensión, a todo ser humano que se deje tocar el corazón por el cariño y la dulzura de Dios y se convierta en testigo de la bondad de Dios en el mundo (cf Tit 3,4). Canta la grandeza de Dios con símbolos cósmicos (cielo, nubes, altas cordilleras, océanos) que abarcan «lo ancho y lo largo, lo alto y lo profundo» (Ef 3,18) y lo hace con cuatro términos muy ricos en significados salvíficos. Hésed, que significa los dones que aporta Dios a su alianza con la humanidad: gracia, compasión, ternura, misericordia. Emunáh, con la misma raíz que amén, y que significa seguridad, firmeza, fidelidad inquebrantable. Sedaqáh expresa justicia, pero en sentido de salvación y liberación del mal. Mishpat, que significa las sentencias con que Dios mira la tierra, inclinándose hacia los pobres y oprimidos, y doblegando a los arrogantes y prepotentes. Canta los favores de Dios con símbolos rituales de la liturgia en el templo. Dios es inagotable en sus dones, se da a conocer enriqueciendo. «Se alegra de ser Dios para poder darse como Dios» (San Juan de la Cruz). En lo más hondo del ser humano deja sentir su presencia y todo lo deja vestido de gracia y hermosura. Merece la pena volverlas a leer en unos versos tocados de honda belleza: «Los humanos se acogen a la sombra de tus alas, se nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de tus delicias: porque en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz». Dios, en el espacio orante de la comunidad que se reúne para la alabanza y la escucha de la Palabra, es sombra que alivia, cobija, descansa; es banquete de manjares sabrosos; es fuente de agua viva ofrecida a todos gratuitamente; es luz capaz de asomarse como luz en «el rostro descubierto del orante, y así reflejar, como en un espejo, la gloria del Señor&#8217; (2Cor 3,18). Estos símbolos encuentran su correspondencia en los sacramentos: Cristo es cristalina fuente de vida en el bautismo, cena que recrea y enamora en la eucaristía, llama de amor viva en la confirmación, sombra acogedora y protectora en la comunidad eclesial. ¿Qué hacer ante este panorama? ¿Marginaremos a este Dios tan enamorado de nosotros? ¿Abriremos la vida a un amor tan gratuito y tan personal: «Me amó y se entregó por mí» (Gal 2,20)? ¿Dejaremos que su ternura ablande nuestro corazón? ¿Colocaremos su fidelidad como cimiento de nuestra vida? ¡Cómo no entrar en contemplación y quedar fascinados ante este Dios que nos embellece con su beso! ¡Cómo no tratar de amistad con este Amigo tan verdadero! No es de extrañar que los dones de Dios enamoren a la persona y que ésta se convierta en la «cara humana de Dios» (San Gregorio de Nisa) y responda también amando, porque amor saca amor. «Tú que manas dentro de mí como una fuente que no nace de mí, pero que me moja y me riega. Tú que brillas dentro de mí como una luz que yo no enciendo, pero que alumbra mi salar de estar. Tú que amas dentro de mí como una llama que no es mi hoguera pero que pone en fuego todo mi ser» (Loidi). «Déjame beber de esa fuente, déjame meter las manos en sus aguas para sentir sus frescura, su pureza y su fuerza. Que las aguas vivas de ese divino manantial fluyen a través de mi alma y de mi cuerpo, y su corriente inunde el pozo de mi corazón» (Carlos G. Vallés).</p>
<h3>3. CONTEMPLATIVOS EN MEDIO DE LA VIDA</h3>
<p>El orante, después de la experiencia tan intensa que ha tenido de Dios en la interior bodega, sale a la vida de otra manera: con su interioridad alcanzada por la presencia de Dios. Sabe que no es dueño de la fuente, pero puede cantarla y saciar su sed con su frescor. Sabe que no es dueño de la luz, pero puede ver todas las cosas con esa luz que arde incluso en medio de la noche; orar es aprender a ver la vida como Dios la ve. Sabe que no es dueño de los bienes, pero puede enriquecer con ellos a muchos. Sabe que es arcilla, pero arcilla viva por el roce de los dedos de Dios. Del encuentro con Dios le ha quedado humildad para saberse necesitado de la ayuda de Dios y seguir contando con su misericordia y su justicia («con amor eterno te amé, por eso prolongué mi lealtad» (Jr 31,3); los dones no son garantía de fidelidad, requieren vivir alerta. Le ha quedado también fortaleza y confianza hasta la audacia en la bondad de Dios. Para los momentos difíciles conoce el caminito que lleva al manantial, porque guarda grabado en el corazón el sonido del agua Ha perdido el miedo a los malvados. Esperanzado por el amor inmenso de Dios que siente a su lado, sabe que éstos no podrán pisotear su dignidad, ni echarlo fuera de su experiencia de Dios; iluminado por la luz de Dios, se le revela el futuro de repente y está seguro de que el mal, a la larga, no podrá mantenerse de pie y quedará derribado, sin poderse levantar. Y en los momentos difíciles, El orante, a quien Dios le ha regalado su misterio, sale a la vida como un humilde testigo de la bondad de Dios, como un pregonero que anuncia la vida, como un germen de gracia en un mundo desgraciado. Ese orante es, sobre todo, Jesús que ama con derroche para que «el amor con que Tú me has amado esté en ellos y yo en ellos» (Jn 17,26).</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-35-un-himno-al-amor-de-dios/">Salmo 35: Un himno al amor de Dios</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Salmo 45: Dios con nosotros</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-45-dios-con-nosotros/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Nov 2006 00:13:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[05. Con los Salmos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=384</guid>

					<description><![CDATA[<p>«Padre nuestro, que por la fuerza del Espíritu hiciste germinar en el seno de María tu sublime Presencia, y en la carne de Jesús eres el Dios-con-nosotros; teniéndote en medio de nosotros no vacilamos, porque Tú nos conduces a la nueva Ciudad, donde serás para siempre nuestro Dios. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 2 Dios [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-45-dios-con-nosotros/">Salmo 45: Dios con nosotros</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>«Padre nuestro, que por la fuerza del Espíritu hiciste germinar en el seno de María tu sublime Presencia, y en la carne de Jesús eres el Dios-con-nosotros; teniéndote en medio de nosotros no vacilamos, porque Tú nos conduces a la nueva Ciudad, donde serás para siempre nuestro Dios. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.</p>
<blockquote>
<p>2 Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,</p>
<p>poderoso defensor en el peligro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>3 Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,</p>
<p>y los montes se desplomen en el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>4 Que hiervan y bramen sus olas, </p>
<p>que sacudan a los montes con su furia: </p>
<p>El Señor de los Ejércitos está con nosotros, </p>
<p>nuestro alcázar es el Dios de Jacob. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5 El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, </p>
<p>el Altísimo consagra su morada. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>6 Teniendo a Dios en medio, no vacila, </p>
<p>Dios la socorre al despuntar la aurora. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>7 Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan: </p>
<p>pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>8 El Señor de los Ejércitos está con nosotros, </p>
<p>nuestro alcázar es el Dios de Jacob. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>9 Venid a ver las obras del Señor, </p>
<p>las maravillas que hace en la tierra: </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>10 pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,</p>
<p>rompe los arcos, quiebra las lanzas, </p>
<p>prende fuego a los escudos. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>11 «Rendíos, reconoced que yo soy Dios: </p>
<p>más alto que los pueblos, más alto que la tierra». </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>12 El Señor de los Ejércitos está con nosotros, </p>
<p>nuestro alcázar es el Dios de Jacob. </p>
</blockquote>
<h3> 1. LA PRESENCIA DE DIOS EN MEDIO DE LA COMUNIDAD: UN CANTO A LA FE</h3>
<p>En este salmo habla una comunidad de creyentes. Y en su voz nos deja oír su fe inquebrantable en Dios. Alguien lo definió como el «Cantar de los Cantares de la fe» (Kittel). Con imágenes expresivas y estilo vibrante, con palabras más sonoras que visuales, va cantando su confianza en Dios. Los peligros la rodean y amenazan por todas partes, pero eso no resta un ápice al tono confiado y emocionado de su canto. El motivo de su confianza no es la ciudad, por muy amurallada que ésta se encuentre; el secreto de su confianza es la presencia de Dios en medio. </p>
<p>El pueblo sabe del temor que produce el temblor de la tierra, conoce la inseguridad al ver cómo los montes, símbolo de seguridad y firmeza, se desploman en el mar, ha visto angustiado cómo las olas hierven y braman altivas horadando la roca más firme. Pero ve, mucho más allá de un horizonte de guerras y de desastres, que Dios está por encima, dominador de todos los ejércitos. La idea fuerza del salmo es el estribillo que lo recorre: «El Señor está con nosotros». </p>
<p>Este señorío de Dios sobre todo el cosmos y sobre la historia, que puede amansar la furia de los mares y asentar la tierra agrietada, se convierte en casa de refugio y fortaleza, en defensor de todos los peligros que acechan a su pueblo. El Dios, inaccesible ante el asalto de los enemigos del ser humano, se muestra accesible y cercano a las gentes de la ciudad. Esta seguridad en la presencia salvadora de Dios lleva al pueblo a reafirmarse en la confianza, llegando incluso a desafiar a las adversidades: «Aunque vemos revolverse todo: una turbación insoportable, sucesos que nunca habían sucedido, la entera creación reventando, los montes agitados, todo descuajado de sus fundamentos, los elementos trastocados…, no temeremos» (San Juan Crisóstomo). </p>
<p>Las resonancias evangélicas de este salmo son muy abundantes. Al Dios poderoso lo podemos llamar Abbá en un clima de ternura e intimidad inigualables. En la carne de María florece la presencia del Enmanuel, el Dios con nosotros. Jesús resucitado, fuerza amorosa y reconciliadora que pone fin a todas las asechanzas y violencias, está en la comunidad «todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). El Espíritu da la fortaleza para enfrentarse a las dificultades. La ciudad de Dios es la Iglesia, que sabe que su Señor está siempre con ella, no vacila y espera contra toda esperanza porque la primera y la última palabra la tiene el Dios de la vida. </p>
<p> Nosotros, cristianos de hoy, a quienes tantas cosas nos producen temor y en quienes prende la desilusión al ver que los más fuertes caen y abandonan, al orar este salmo entramos en la escuela del abandono confiado. La confianza es lo que más desea el corazón del hombre, inmerso entre tantos interrogantes y entre tantas dudas. También es lo que más agrada a Dios. «Lo que agrada a Dios en mi pequeña alma es la confianza que tengo en su misericordia» (Santa Teresita). </p>
<h3>2. LA TERNURA DE DIOS EN MEDIO DE LA COMUNIDAD: UN CANTO AL AMOR</h3>
<p>A nosotros nos resulta difícil entender lo que Jerusalén significaba para el pueblo de Israel. Su mismo nombre Yerushalaim (de la raíz Shalom, «ciudad de la paz») está cargado de simbolismo místico con resonancias universales. Lo que hace única a esta ciudad es que Dios ha puesto en ella su trono y su morada. No es de extrañar la fascinación que ha ejercido siempre sobre tantos peregrinos, que han subido a Jerusalén como quien sube al cielo. «La ciudad de Dios se yergue con tranquilo señorío en el centro del poema» (Alonso Schökel). </p>
<p>Construida sobre áridos montes, de la ladera del monte Sión brota la fuente de Siloé. Con una imagen bellísima se expresa en el salmo la experiencia de la vida, de la alegría, de la gracia, de Dios: «El correr de sus acequias alegra la ciudad de Dios». El agua ya no es destructora sino fecunda; el sonido del agua ya no causa temor sino que alivia y consuela a los vecinos de la ciudad. </p>
<p>Los enemigos están a la puerta de la ciudad, pero Dios la libera milagrosamente al despuntar la aurora. A la noche tenebrosa de la opresión y el peligro sucede el respiro alegre del clarear de la mañana. Con cuatro rasgos vivos y concisos se describen el peligro, la intervención de Yahvé y la derrota enemiga. Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan, Él lanza su trueno (su voz) y se tambalea la tierra. La rapidez y la fuerza con la que Dios libera cambian el caos por la paz, el llanto por la alegría. «Alégrate, hija de Sión; regocíjate, Israel; alégrate y exulta de todo corazón, hija de Jerusalén… El Señor, tu Dios, está en medio de ti, como poderoso salvador. Él exulta de gozo por ti; te renovará por su amor» (Sof 3,14.17-18). </p>
<p> Las resonancias místicas de estos versículos son muy abundantes. San Ambrosio ve en la aurora la resurrección de Jesús que vence toda noche: «Muere al atardecer del mundo, cuando ya desaparece la luz, porque este mundo yacía totalmente en tinieblas y estaría inmerso en el horror de tinieblas aún más negras si no hubiera venido del cielo Cristo, luz de eternidad, a restablecer la edad de la inocencia al género humano». Por otra parte, el tema del agua está muy presente en los evangelios. Justamente, en la fiesta de los Tabernáculos, cuando toda Jerusalén cantaba este salmo, «el último día, el más solemne de las fiestas, Jesús en pie gritaba: ‘el que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. De sus entrañas manarán torrentes de agua viva» (Jn 7,37). «Este río es el Señor, el Espíritu Santo: río de paz, torrente de gloria, onda de gozo, flujo de felicidad, abundancia que desborda la casa de Dios. Porque es el amor del Esposo y la Esposa en la ciudad gloriosa. ¿Qué otra cosas es la dicha de esa vida y esa ciudad, si no es ese amor?» (Ruperto de Deutz). </p>
<h3>3. LA PAZ DE DIOS EN LA COMUNIDAD: UN CANTO A LA ESPERANZA</h3>
<p>Entramos en la tercera parte del salmo, que es como una de las tablas laterales de este tríptico de gran belleza. Comienza con una invitación a la contemplación: «Venid a ver las obras del Señor». Curiosamente Jesús envió al ciego a lavarse a la piscina de Siloé para poder ver las maravillas de Dios (cf Jn 9,7). </p>
<p>¿Cuáles son estas obras grandiosas? Que Dios pone fin a la guerra, que no solo vence a los enemigos, sino que vence la guerra. Con el recuerdo de los bellísimos textos de Isaías: «de las espadas forjarán arados, y de las lanzas podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, ni se adiestrarán para la guerra» (Is 2,4), aquí se habla de un Dios que rompe los arcos, quiebra las lanzas, prende fuego a los escudos; todos los instrumentos de muerte los reduce a ceniza. Dios se empeña en la lucha contra todo aquello que pueda privar al pueblo del don inestimable de la paz. </p>
<p>Las profundas corrientes pacifistas que recorren hoy los pueblos de la tierra pueden descubrir que esta aspiración viene de lejos. Hacer la experiencia de Dios es encontrarse con este hondo deseo de paz. Pero antes de romper los arcos de los otros, tendrá Dios que romper nuestro propio arco, nuestra agresividad, nuestro orgullo dominante. </p>
<p>Contemplar las proezas de Dios es mirar la muerte y resurrección de Jesús, que han dado muerte al odio y nos han hecho hermanos por el amor. El amor fraterno ha sido la gran batalla pacífica del Señor de los ejércitos. El gran proyecto de Dios es «acabar con toda lágrima, con todo lamento, contada muerte, con todo duelo» (Ap 21,4) y que surja la iglesia, ataviada como una novia, para el encuentro de bodas con su Amado (cf Ap 19,7). </p>
<p> El salmo termina con una invitación a reconocer a Dios como Dios de nuestra vida. Abrirle un espacio a Dios, más allá de las prisas y los afanes de la vida, más allá de la violencia contra los otros, lleva a experimentar con gozo la liberación. Aprender a recibir de Dios, callar para escuchar su voz llena de poder, puede llevar a la adoración y a dar la mano a todos los hombres y mujeres del mundo en un camino sin sobresaltos.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/05/fi1salmo45-ficha7.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Salmo 45</a></p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-45-dios-con-nosotros/">Salmo 45: Dios con nosotros</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Salmo 46: ¡Pueblos de la tierra, bendecid a Dios!</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-46-pueblos-de-la-tierra-bendecid-a-dios/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Nov 2006 00:12:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[05. Con los Salmos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=385</guid>

					<description><![CDATA[<p>VER LA ALEGRÍA ES VER LA FE. Hasta la venida del Mesías, esperanza de las naciones, los pueblos gentiles no adoraron a Dios y no conocieron quién era. Y hasta que el Mesías los rescató, Dios no reinó en las naciones por medio de su obediencia y de su culto. En cambio, ahora Dios, con [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-46-pueblos-de-la-tierra-bendecid-a-dios/">Salmo 46: ¡Pueblos de la tierra, bendecid a Dios!</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2>VER LA ALEGRÍA ES VER LA FE.</h2>
<p>Hasta la venida del Mesías, esperanza de las naciones, los pueblos gentiles no adoraron a Dios y no conocieron quién era. Y hasta que el Mesías los rescató, Dios no reinó en las naciones por medio de su obediencia y de su culto.</p>
<p>En cambio, ahora Dios, con su Palabra y su Espíritu, reina sobre ellas, porque las ha salvado del engaño y se ha ganado su amistad» (Palestino anónimo, Homilía árabe cristiana del siglo VIII).</p>
<p>«Dios, que cuida de todos con paterna solicitud, ha querido que toda la humanidad formara una sola familia y los hombres se trataran unos a otros con espíritu de hermanos» (Gaudium et Spes, 24).</p>
<blockquote>
<p>Pueblos todos, batid palmas.</p>
<p>Aclamad a Dios con gritos de júbilo:</p>
<p>porque el Señor es sublime y terrible,</p>
<p>emperador de toda la tierra.</p>
<p>El nos somete los pueblos</p>
<p>y nos sojuzga las naciones;</p>
<p>él nos escogió por heredad suya:</p>
<p>gloria de Jacob, su amado.</p>
<p>Dios asciende entre aclamaciones,</p>
<p>el Señor, al son de trompetas:</p>
<p>tocad para Dios, tocad,</p>
<p>tocad para nuestro rey, tocad;</p>
<p>porque Dios es el rey del mundo:</p>
<p>tocad con maestría.</p>
<p>Dios reina sobre las naciones,</p>
<p>Dios se sienta en su trono sagrado:</p>
<p>los príncipes de los gentiles se reúnen</p>
<p>con el pueblo del Dios de Abrahán,</p>
<p>porque de Dios son los grandes de la tierra,</p>
<p>y él es excelso.</p>
</blockquote>
<h3>1. EL SEÑORÍO DE DIOS SOBRE LA HUMANIDAD</h3>
<p>Estamos ante un salmo que actualiza la realeza de Dios en medio de su pueblo. Mediante una celebración litúrgica, seguramente una procesión que subía desde la fuente de Siloé hasta la colina de Sión dominada por el templo, el pueblo festeja a su Dios, siguiendo el protocolo de entronización de los reyes. Esta subida se hace entre las aclamaciones de la muchedumbre y el estruendoso sonido de las trompetas. En todo el salmo se respira un tono optimista. No hay lugar para el derrotismo ni para la desesperanza. </p>
<p>El salmo abre sus puertas con una solemne invitación a todos los pueblos a que reconozcan a Dios de un modo entusiasta, a que aplaudan jubilosamente al Señor que está por encima de todo y de todos. ¿En esto posible? ¿No será una utopía más, por más entusiasmo que ponga el que preside la liturgia? ¿Cómo van a aplaudir los pueblos sometidos y obligados por la fuerza a aceptar a Dios? Gritar de alegría no es propio de pueblos vencidos. Aplaudir no es un gesto de sumisión. ¿Acaso se puede imponer por la fuerza la verdad y la belleza de Dios? </p>
<p>Una falsa relación con Dios ha llevado, y lleva hoy, al fundamentalismo, con nefastas consecuencias para la humanidad. El hecho de que se dé esto no justifica que la religión sea algo detestable, sino algo que necesita ser constantemente purificado. Dios es maravilloso, fascinante, siempre nuevo, pero, a la vez, extrañamente discreto e invisible. El pueblo de Israel se ha atrevido a adelantar y a cantar el señorío universal de Dios. El gran motivo (aparecen tres en el salmo) por el que los pueblos aclamarán y aplaudirán a Dios es la resurrección de Jesús, en la que toda muerte y todo lo que atenta contra la dignidad y la gloria de las personas son vencidos. La experiencia de Dios, pese a las apariencias del vocabulario («¡es el que somete a las naciones!»), no es una dictadura, es una inmensa celebración festiva. «El poder, la riqueza y la sabiduría» (Ap 5,12) de la realeza de Jesucristo son distintos de todo lo de acá: &#8216;los reyes de la tierra dominan como señores, que no sea lo mismo entre vosotros&#8217; (Marcos 10,42). </p>
<p>Dentro del señorío universal de Dios sobre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de Israel siente que es la herencia más valiosa y apreciada por el Señor. El amor, visto desde nuestra ladera, es así, pero, visto desde la ladera del reino que anuncia Jesús, aportará grandes novedades: «El más pequeño en el Reino de Dios es más grande que Juan» (Lc 7,28). En todo caso, la elección, que solo se explica desde el amor, es para una misión, la de llevar al conocimiento de Dios a todos los pueblos. Cuando la elección se convierte en propiedad privada, la gracia se convierte en desgracia, «frustran el designio de Dios para con ellos» (Lc 7,30). </p>
<p> En la segunda estrofa encontramos un verso excepcional, que no deja huellas ni en el culto ni fuera de él: «Dios asciende entre aclamaciones». De Dios lo normal es decir que baja y visita, pero no que asciende. Y ahí está la estupenda paradoja: que el Dios Altísimo ascienda. Pero no sube solo. En su ascensión atrae al pueblo que sube al monte, sale de la esclavitud, experimenta la liberación. Este es el proyecto de Jesús: llevar a toda la humanidad hacia la experiencia del amor liberador del Padre (cf 1Cor 15,24-28), orientar toda oscuridad hacia la luz. Por eso, este salmo, sin perder su carácter de símbolo, adquiere un realismo nuevo aplicado a Cristo. Jesús, que primero ha bajado hasta hacerse uno de tantos, sube, en la Ascensión, para sentarse a la derecha del Padre (cf Flp 2,5-11).</p>
<h3>2. LA MÍSTICA DEL GOZO</h3>
<p>Al salmo lo recorre por dentro un manantial emotivo de alabanza: se muestra el gozo, se expresa la emoción, se canta la alegría de que Dios sea Dios y que quiera compartir su alegría con todos los pueblos de la tierra. La forma de transmitir una experiencia gratuita de gozo en Dios solo puede darse en la alegría. Ver la alegría es ver la fe. En la experiencia de gozo nadie es extraño, todos se dan la mano en la hondura de la gracia. El gozo en Dios es desbordante; llega como una inmensa ola de alabanza y canto jubiloso a todos los pueblos. </p>
<p>El entusiasmo religioso se impone a la enseñanza, que en el salmo es mínima, supera a las razones (a los «porque…»). El animador de la liturgia invita a aplaudir, a aclamar con gritos de júbilo, a tocar las trompetas, a cantar… hasta que tiemblen los goznes de las puertas del templo. En el corazón del salmo aparece cinco veces seguidas, en imperativo, «tocad». La última de ellas dice «tocad con maestría» («psallite sapienter»), expresión muy comentada en la tradición cristiana, que significa la comprensión espiritual de lo que se canta y el deleite sentido al gustar los amores de Dios hacia nosotros. «Salmodiemos de modo que nuestra mente sea concorde con nuestras voces» (San Benito). La liturgia invita constantemente a este gozo, pero a veces nos encuentra fríos y mudos para la alabanza. </p>
<p>El gozo en su Dios hace audaces y testigos a las gentes de Israel, a pesar de no tener poder político ni militar frente a sus poderosos vecinos (Egipto y Babilonia) y, de estar, la mayor parte de su historia, ocupados y sometidos por ellos. El anuncio de Dios no es una invitación regañona dirigida a los demás para que se conviertan, sino una invitación alegre a participar en la alegría de los hijos del rey&#8230; «¡Venid a las bodas!» (Mc 2,19; Lc 14,17). La alegría plenifica la vida. </p>
<p>La ascensión de Jesús, el primogénito de toda la creación, es la alegría del mundo. La subida de Jesús, llevando a toda la humanidad con él, es la alegría del Padre y del Espíritu. El triunfo de Dios es el triunfo de cada ser humano, nacido de mujer (Gal 4,4), llamado a la inusitada libertad de tener todo bajo los pies (1Cor 15,27). Cuando el hombre y la mujer de nuestros días se desesperan y pierden la autoestima, ¿no necesitarían meditar este misterio de ascensión? En la obra maestra realizada en Jesús encuentra justificación profunda la dignidad de todo ser humano. En el más pobre de los pobres hay un rey que se ignora, un ser llamado a la libertad y a la experiencia de comunión con Dios. Quien conoce el sentido de la historia y sabe que Dios ha escogido la vida del hombre como morada, debería encontrar en esta fe una razón suficiente para caminar en la esperanza. La vida es bella. Por raro que pueda parecer, somos la alegría de Dios.</p>
<h3>3. EL PROYECTO DE LA UNIDAD</h3>
<p>Si la humanidad no tuviera fronteras sería como un jardín con flores, como una puesta de sol multicolor, como un banquete con sitio y comida para todos. Esta apertura universalista se canta al final del salmo. Este el proyecto bonito de Dios, que es Padre amoroso de toda la humanidad. Para eso se implica y para eso coloca su santidad en medio del pueblo, haciéndose cercano. El Padre, enviando a su Hijo, ha sembrado en todo ser humano la semilla de la unidad. Gentes de oriente y occidente se reunirán un día con este Rey de paz y amor, de comunión y fraternidad (cf Mt 8,11). </p>
<p>Como esperaba el profeta Isaías, los pueblos hostiles entre sí serán invitados a arrojar a tierra las armas y a convivir bajo el único señorío divino, bajo un gobierno regido por la justicia y la paz (cf Is 2,2-5). Los ojos de todos contemplarán la nueva Jerusalén, a la que el Señor asciende para revelarse en la gloria de su divinidad. Será «una muchedumbre inmensa, que nadie podrá contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua (&#8230;). Todos gritan a gran voz: ‘La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero’» (Ap 7,9-10). </p>
<p>Para reforzar esta vocación a la unidad, el salmo trae el recuerdo de Abrahán. padre de un pueblo escogido, antecesor de muchos pueblos, mediador de bendición, el que vio de noche estrellas incontables (cf Gn 17,5s). </p>
<p>La lectura orante de este salmo nos invita a ser testigos de la presencia transformadora del Reino; nos urge a no quedarnos con la luz sino a comunicarla a todos para que de toda la tierra brote un gigantesco aplauso al Señor, que siempre será un aplauso a todo ser humano; nos lleva a reconocer, en adoración, al Señor Resucitado, que está dando vida a todos y sosteniendo la esperanza de la Iglesia. </p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/05/fi1salmo46-ficha8.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Salmo 46</a></p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-46-pueblos-de-la-tierra-bendecid-a-dios/">Salmo 46: ¡Pueblos de la tierra, bendecid a Dios!</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Salmo 56: La alegría de la luz</title>
		<link>https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-56-la-alegria-de-la-luz/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Nov 2006 00:11:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[05. Con los Salmos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desarrollo.cipecar.org/?page_id=386</guid>

					<description><![CDATA[<p>«¡Qué mañana de luz recién amanecida! ¡Resucitó Jesús y nos llamó a la vida!» 2 Misericordia, Dios mío, misericordia, que mi alma se refugia en ti; me refugio a la sombra de tus alas mientras pasa la calamidad. &#160; 3 Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí. &#160; 4 Desde el [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-56-la-alegria-de-la-luz/">Salmo 56: La alegría de la luz</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2>«¡Qué mañana de luz recién amanecida! ¡Resucitó Jesús y nos llamó a la vida!»</h2>
<blockquote>
<p>2 Misericordia, Dios mío, misericordia,</p>
<p>que mi alma se refugia en ti;</p>
<p>me refugio a la sombra de tus alas</p>
<p>mientras pasa la calamidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>3 Invoco al Dios Altísimo,</p>
<p>al Dios que hace tanto por mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>4 Desde el cielo me enviará la salvación,</p>
<p>confundirá a los que ansían matarme,</p>
<p>enviará su gracia y su lealtad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5 Estoy echado entre leones</p>
<p>devoradores de hombres;</p>
<p>sus dientes son lanzas y flechas,</p>
<p>su lengua es una espada afilada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>6 Elévate sobre el cielo, Dios mío,</p>
<p>y llene la tierra tu gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>7 Han tendido una red a mis pasos,</p>
<p>para que sucumbiera;</p>
<p>me han cavado delante una fosa,</p>
<p>pero han caído en ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>8 Mi corazón está firme, Dios mío,</p>
<p>mi corazón está firme.</p>
<p>Voy a cantar y a tocar:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>9 despierta, gloria mía;</p>
<p>despertad, cítara y arpa,</p>
<p>despertaré a la aurora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>10 Te daré gracias ante los pueblos, Señor,</p>
<p>tocaré para ti ante las naciones:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>11 por tu bondad que es más grande que los cielos,</p>
<p>por tu fidelidad que alcanza a las nubes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>12 Elévate sobre el cielo, Dios mío,</p>
<p>y llene la tierra tu gloria.</p>
</blockquote>
<h3>1. UN CLAMOR EN LA NOCHE OSCURA</h3>
<p>Estamos ante un salmo que expresa la oración de un perseguido, de alguien que está acostado en el sufrimiento. Está echado entre leones que echan fuego por las fauces y van abrasando y consumiendo seres humanos. No tiene escapatoria: lanzas, flechas y espadas lo acorralan. Le ronda una banda de cazadores que han construido trampas, disimuladas con ramaje, para que el animal caiga. Una especie de escuadrón de la muerte quiere quitarle la vida. </p>
<p>Las situaciones simbolizadas aquí pueden ser muchas, pueden referirse a personas concretas, pero también a pueblos. De todos modos, las situaciones de opresión y de esclavitud, de estar como sin salida, no andan lejos de los tres grandes negocios del momento: la guerra, la droga, el sexo como mercancía. Parece que no hay salida, pero el orante se refugia en el templo, bajo las alas divinas; busca su puesto en el corazón misericordioso de Dios. En las coyunturas de peligro, el templo abre sus puertas y ofrece amparo mientras pasa la calamidad. Refugiarse en el templo es confiar en Dios, buscar su presencia protectora. En medio de la noche se oye un intenso clamor. Con la súplica quiere apresurar la aurora y, con ella, la luz. La confianza en la gracia y la lealtad, que aparecen en el salmo como una personificación de Dios, impide el desaliento y la rendición ante la presencia del mal. </p>
<p>El orante sabe que Dios, “el que hace tanto por mí”, no deja las cosas a medio hacer, lleva sus planes y cumple sus promesas de vida a pesar de todo; su bondad permanece para siempre. Dios nunca se vuelve atrás. Con Dios en medio no hay noche sin luz, no hay miedo sin victoria, no hay pecado sin gracia, no hay muerte sin vida. Por eso, aun en medio de la noche, se escuchan, primero pálidamente, estruendosamente después, las notas del himno a la alegría. Del peligro, tan íntimamente sentido en la noche que se prolonga, brota el estribillo, que ocupa un puesto importantísimo en el salmo. Se repite dos veces, como una voz que va creciendo a medida que avanza la experiencia de Dios. Con la imagen del sol como trasfondo, el orante pide que Dios amanezca, que suba y se alce con su luz potente. </p>
<p>La mañana es tiempo de gracia, la luz es vista como salvación y vida. “Al atardecer, ahí está el espanto; antes de que amanezca ya no existen” (Is 17,14). Las manipulaciones de los que ponían cerco a la vida se vuelven contra ellos, caen en las trampas que había ideado para los demás. Comienza la actuación liberadora de Dios.</p>
<h3>2. LA LUZ AMIGA</h3>
<p>Con la vida, inundada de luz, puede amanecer también la alegría (cf Sal 97,11). “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz intensa, habitaban un país de sombras, y una luz brilló para ellos” (Is 9,1). El corazón del orante, lo más íntimo de él, no ha sido mordido por los leones, ni atravesado por la lanza, tampoco ha caído en la trampa; se ha mantenido firme aun en medio de la postración, ha confiado en Dios. El corazón del orante siempre está en vela: “Estaba durmiendo, mi corazón en vela” (Cant 5,2). </p>
<p>Las dificultades no han podido apagar la brasa de la confianza. Ahora es tiempo de despertar, deprisa, para expresar el paso del miedo a la alegría, de la pesadilla a la serenidad, del clamor a la acción de gracias. Lo hace con unos versos que brillan por su intensidad y belleza. El orante, al estilo de los sacerdotes egipcios o fenicios de “despertar la aurora”, tiene que despertarse a sí mismo, despertar toda la dignidad que se había quedado escondida por el miedo ante las amenazas de los enemigos; su vida tiene sentido porque es valiosa a los ojos de Dios. </p>
<p>Después, tiene que despertar los instrumentos musicales, la cítara, colgados en el tiempo del luto y de la prueba. Finalmente, a la misma aurora, como adelantándola. “Yo despertaré a la aurora, no ella a mí” (Quimchi). El salmo termina con un cántico de acción de gracias dirigido al Señor a la vista de todos los pueblos. El canto del salmista se encuentra, en la asamblea, con los cantos de todos los que han experimentado la acción de Dios. Las maravillas de Dios no se pueden callar, la luz no se puede ocultar debajo de la mesa, sino que tiene que alumbrar a todos (cf Mt 5,16). Los motivos son la bondad y la fidelidad de Dios, que son más grandes que los cielos, que alcanzan a las nubes. Los planes liberadores de Dios con el salmista se realizarán también en todos los pueblos de la tierra, no solo en los límites del pueblo escogido. La alegría se verá reflejada en una lucha contra el mal, en un esfuerzo liberador de todos los que tienen la vida amenazada; esto es lo que da gloria a Dios.</p>
<h3>3. NUESTRO SALMO</h3>
<p>La tradición cristiana ha orado con este salmo su despertar a la luz y a la alegría pascual, que se irradia en los cristianos al abrírseles un horizonte de gloria. En Jesús vemos la bondad del Padre, en sus gestos y palabras se esconde el amor entrañable del Padre. Tanto la Navidad como la Resurrección podemos leerlas a la luz de este salmo. “Toda la estancia de Cristo en la tierra fue una aurora, un crepúsculo, hasta que el sol se acostó, para levantarse de nuevo y despejar la aurora con el resplandor de una luz nueva. </p>
<p>De la resurrección recibió el sol un esplendor nuevo, una luz más serena. Entonces el sol se alzó sobre el cielo, difundió sus rayos sobre la tierra” (San Bernardo). Jesús ha personificado este salmo. Su amor a nosotros es tan grande que se ha abajado, como uno de tantos, para levantarnos de toda postración humillante, indigna de los hijos de Dios. De estar echado en el sepulcro, después que lo mataran en una cruz en medio de una noche de tristeza hasta llorar lágrimas de sangre, ha pasado a ser levantado por el Padre. </p>
<p>Con su presencia resucitada la mañana del mundo se ha llenado de luz. En Jesús encontramos refugio cuando el proyecto de vida según el evangelio resulta incómodo para algunos. “Habiendo sido probado en todo sufrimiento, puede ayudar a los que se ven probados” (Hb 2,17). Jesús acrecienta nuestra esperanza y nos invita a adelantar con un estilo de vida, contemplativo y solidario, la hora del reino. Como hizo María en las bodas de Caná. Jesús, “el sol que nace de lo alto” según expresión de Zacarías (Lc 1,78), nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de la luz. </p>
<p>Un himno de la liturgia lo expresa muy acertadamente:</p>
<blockquote><p>«Al filo de los gallos viene la aurora; los temores se alejan como las sombras. Dios, Padre nuestro, en tu nombre dormimos y amanecemos. Como luz nos visitas, Rey de los hombres, como amor que vigila siempre de noche; cuando el que duerme bajo el signo del sueño prueba la muerte. Del sueño del pecado nos resucitas y es señal de tu gracia la luz amiga. ¡Dios que nos velas!, Tú nos sacas por gracia de las tinieblas» (José Luis Blanco Vega).</p></blockquote>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/05/fi1salmo56-ficha9.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Salmo 56</a></p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/escuela-de-oracion/fichas-de-oracion/05-con-los-salmos/salmo-56-la-alegria-de-la-luz/">Salmo 56: La alegría de la luz</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
